La avenida César Augusto, en obras. Zaragoza
Los vecinos de la avenida César Augusto celebran el fin de las obras en febrero: "Han sido interminables, ya era hora"
Los trabajos encaran la recta final, centrados en la acera frente a la iglesia de Santiago el Mayor, y, según las previsiones, finalizarán en unas semanas.
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Se suele decir que "uno sabe cuándo empiezan las obras, pero no cuándo terminan", una afirmación popular que vuelve a cumplirse en una de las arterias más céntricas de Zaragoza. La avenida César Augusto afronta ya más de un año de trabajos, después de que las máquinas entrasen en la zona hace catorce meses.
Fue el 6 de noviembre cuando comenzaron las obras para sustituir la losa superior del aparcamiento de la plaza Salamero. Aunque la previsión inicial apuntaba a una duración de diez meses, los operarios continúan todavía rematando los últimos trabajos.
La actuación está siendo ejecutada por la empresa Índigo, concesionaria del aparcamiento, que además ha asumido la reforma de la avenida en el tramo comprendido entre la calle Ramón y Cajal y la iglesia de Santiago el Mayor. Una intervención complementaria que ha permitido ampliar el espacio peatonal, renovar la red de tuberías y modernizar el alumbrado público, aprovechando el movimiento de tierras.
Finales de febrero
En la actualidad, los trabajos se concentran en la acera situada junto a la iglesia y, según ha podido confirmar este diario, la previsión es que las obras concluyan a finales del mes de febrero.
Entre los vecinos y usuarios de la zona, las opiniones son diversas. Los hay que celebran el fin de unas obras "interminables", es el caso de Verónica González, vecina de la zona que dice estar cansada del "ruido y el polvo" que se genera con los trabajos. "¡Ya era hora!", ha exclamado al conocer que, según las previsiones, los trabajos finalizarán en unas semanas.
También los padres de los alumnos del colegio Escolapios dicen recibir con ganas el fin de las obras en la zona. "Para los que vienen andando no ha sido molestia casi, pero para los que recogemos a los niños en coche... cuando estaba la calle cortada al tráfico fue una odisea", asegura Ana Casado, quien señala que cuando empieza una obra en Zaragoza "siempre se suele alargar un año o más y, entre los buses, los aparcamientos y los desvíos se hace pesado".
A su lado Carlos Calleja, también uno de los padres que acude a recoger a sus hijos al colegio, señala que lo normal es que "este tipo de obras se alargue". "No puedes hacer nada, es algo que el Ayuntamiento debe hacer y que luego, cuando todo está terminado, se agradece", opina.
José Vicente Pallares es el administrador del Café Montreal, ubicado al final de la avenida. Explica a este diario que lo más duro para su negocio, y para el resto de su zona, fueron las primeras semanas. "Cuando cortaron al tráfico y no pasaba ni un bus por la calle se notó muchísimo, descendieron los clientes una barbaridad", confirma.
Eso sí, pese a que considera que la lanzadera que se habilitó para conectar la zona con el resto de la ciudad "no acabó de funcionar", opina que el desarrollo de las obras en fases "sí ha sido beneficioso, porque se abrió pronto al tráfico y la sensación de que ha habido obras ha sido menor".
Así, asegura que en su caso tiene la sensación que desde hace meses "han terminado los trabajos". "Como ahora están centrados en la otra mitad de la avenida (de la plaza Salamero a la puerta del Carmen y en un lateral de la calle) los que estamos en el otro extremo hace meses que ya no sufrimos las consecuencias", insiste, y añade que, pese al mal, "son trabajos que son necesarios en la ciudad".