Andrea Molina en su estudio de costura en Ejea de los Caballeros

Andrea Molina en su estudio de costura en Ejea de los Caballeros E.E.

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Andrea, 26 años, abre su propio negocio en su pueblo natal: "Da un poco de miedo, pero ahora era el momento de hacerlo"

Esta joven natural de Ejea de los Caballeros va a abrir su academia de costura y taller de confección en las calles que le vieron crecer.

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Zaragoza
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"Ahora es el momento". Con esa frase tan convincente y motivacional Andrea Molina se ha lanzado a ser su propia jefa y crear su propio proyecto creativo.

Esta joven natural de Ejea de los Caballeros ha decidido volver al pueblo, a esas calles que le vieron crecer y que hace ocho años le vieron partir para comenzar su vida adulta en Zaragoza.

"Echaba de menos el pueblo, la tranquilidad, el poder salir a dar un paseo y no encontrarme con nadie, o estar siempre hablando con la gente del pueblo", cuenta.

Sin embargo, vuelve, pero no con los brazos vacíos, ya que lo hace con una máquina de coser bajo el brazo y muchas telas y patrones en el otro para enseñar su amor por la costura bajo su proyecto más personal: su escuela de costura y confección a medida.

"Siempre he sido muy independiente y en algún momento quería hacer lo mismo que estaba haciendo en Zaragoza, pero llevarlo a mi terreno", explica Andrea. Así, tras cuatro años en el taller que le ha visto crecer como profesional, esta joven cogió la oportunidad que se le presentó delante y no dudó.

La ocasión nació de una vecina de Ejea que quería retirarse de dar clases de coser y le ofreció el local para comenzar su proyecto. "Fue justo en el momento en el que decidí volver, parecía que todo se había alineado", bromea.

De eso hace unos cuantos meses. Desde entonces, acabó su último curso en la Escuela de Costura y Patronaje Victoria López y ahora está metida en todo el proceso de montar la academia y su propio lugar al que la gente, apunta, "tiene ganas".

"La gente está muy animada y cada vez a muchos más jóvenes les está empezando a interesar mucho", dice.

A pesar de que "da miedo", esta joven está feliz de esta nueva aventura: "Voy a dar todo de mí, lo que no quería es quedarme con la duda de qué hubiese pasado".

Una puerta abierta para todos

Así, su escuela se va a orientar en dos vertientes. Por un lado, cuenta con clases de costura creativa para hacer bolsos, neceseres o monederos.

A estas se suma la de patronaje y confección para aquellos que se atrevan a montar sus propias prendas. Además, no dejará de lado a los más pequeños con alguna clase para ellos.

Andrea, así, busca que sea un lugar abierto para todas las edades: "No cierro puertas a nadie, desde todos los niveles y para todo el mundo".

Más allá de la parte educativa, también quiere expandir su creatividad en la costura con pedidos de confección a medida.

"La idea es que vengan, me cuenten lo que quieren y de ahí entre las dos creemos un patrón con el que se sientan bien y se vean cómodas", indica.

Así, busca darles un sitio a aquellas que no encuentran en la tienda lo que desean o quieren algo más especial.

Pandemia y una máquina de coser

A pesar de que habla del tema con una pasión de quien ama lo que hace, Andrea reconoce que no ha sido una afición a la cual haya estado ligada a través de una abuela o su madre.

Sino que el covid y el tiempo libre le abrieron los ojos: "Me metí a una carrera, Relaciones Laborales y Recursos Humanos pensando que era mi vocación y en la pandemia me di cuenta de que no me gustaba nada y lo único que tenía era la máquina de coser de mi madre y ropa en el armario", recuerda.

A través de tutoriales de YouTube comenzó a confeccionarse la ropa, con lo que se dio cuenta de que su lugar era la costura y la moda. Una vez fuera de la pandemia, dejó la carrera y se apuntó al Grado Superior de Patronaje y Confección en Zaragoza.

"Para mí no solo es mi trabajo, sino también mi hobbie. Yo llego a casa de trabajar y lo que hago es coser", cuenta divertida.