Jorge Azcón y Alejandro Nolasco, el pasado 8-F. E. E.
Aragón se topa con Castilla y León: PP y Vox no cerrarán un acuerdo de Gobierno hasta saber el resultado del 15-M
Los populares avisan de que lo que ocurra el 3 de marzo con la Presidencia de las Cortes no tiene por qué ser extrapolable a lo que venga después.
Más información: Azcón apuesta por una negociación "sin ruido y a fuego lento" con Vox: "Quiero un acuerdo global y estable".
El nuevo Gobierno se cocina "a fuego lento" en Aragón. Tanto que PP y Vox no cerrarán un acuerdo hasta pasadas las elecciones de Castilla y León.
Tras los primeros contactos, las partes asumen que no habrá pacto de Gobierno hasta más allá del 15 de marzo.
Esta próxima semana, Azcón y Abascal intensificarán los contactos obligados por los plazos. Pero para llegar al Pignatelli aún faltan varias paradas.
El día 3 tocará poner nombre y apellidos al próximo presidente del Parlamento autonómico, aunque desde el PP avisan: ni tiene que darse por hecho lo que ocurrirá ese día ni la decisión que se tome podrá extrapolarse a la investidura o a la anhelada estabilidad que busca el presidente en funciones para que el Ejecutivo no dure meses o unos pocos años sino toda una legislatura.
Sobre la mesa hay varias opciones. Que el PP ceda la presidencia de las Cortes como gesto de buena voluntad parece lo más probable.
De ser así, Santiago Morón tendría muchas papeletas de coger el testigo de Marta Fernández, pero tampoco puede descartarse que los populares impongan su mayoría y elijan a un candidato propio; un nombre 'de transición' que poder cambiar si finalmente hay acuerdo.
El Estatuto lo permite y, con esta fórmula, los conservadores se garantizarían no regalar nada a Vox en caso de que rompan las negociaciones y haya que ir a elecciones.
"Otra disposición"
El principio de marzo será frenético para populares y voxistas, ya que el día 3, además de despejar la equis en las Cortes de Aragón se sabrá qué ha pasado con el primer intento de investidura de María Guardiola.
Pese a que al menos públicamente no han trascendido avances, la sensación sigue siendo que en Aragón "hay otra disposición" respecto a lo que se está viendo en Extremadura, donde Vox podría jugar con una repetición electoral para sacar del tablero a la líder popular.
La prueba es que Azcón ha tardado prácticamente dos semanas en romper su silencio y cuando lo ha hecho se ha negado a entrar en valoraciones sobre lo publicado en prensa o las últimas declaraciones de Vox.
Con los voxistas ocurre algo parecido. Alejandro Nolasco no ha tenido ninguna intervención pública desde el 8-F, y eso que la agenda daba para ello, con una polémica nacional sobre el uso del burka que Vox no habría dejado escapar en otras ocasiones y una crecida ordinaria del Ebro que ha vuelto a amenazar a los agricultores de la ribera.
Los plazos
La líder extremeña tendrá un segundo intento el 5 de marzo y, si fracasa, podrá convocar nuevas sesiones cada 48 horas hasta principios de mayo, cuando acabará el plazo y tocará volver a las urnas.
En Aragón, más allá de lo que pase con la Presidencia de las Cortes y los senadores autonómicos, la clave estará en la composición del nuevo Gobierno.
El presidente en funciones apostaba en las últimas horas por la normalidad y la discreción; por llevar una negociación "adulta e inteligente" pensando siempre en el beneficio de los aragoneses.
"Si las posiciones que se ponen desde el principio son inamovibles, si nadie está dispuesto a dialogar para poder alcanzar acuerdos, nos estaremos equivocando", decía.
Pero lo que marque la posición de Vox no será lo que ocurra estas primeras semanas, sino el resultado de Castilla y León. Los populares temen que si Abascal consigue uno similar al de Aragón se crezca y eleve el precio de su apoyo.
Según ha trascendido hasta el momento, el partido tiene intención de pedir la Consejería de Agricultura que ya lideró Ángel Samper, Medio Ambiente, Interior e incluso Bienestar Social.
La justificación es que serían las áreas que mejor les permitirían desarrollar su programa electoral y "cambiar las políticas del bipartidismo", aunque está por ver hasta qué punto cede el PP, que hará valer su victoria y sus 26 diputados.
Los populares verían razonable que Vox tuviera una vicepresidencia y dos consejerías -un tercio del Gobierno-, pero no más. Llegar a las cuatro sería excesivo. Sobre todo si también se hacen con la Presidencia de las Cortes.
Eso no se sabrá hasta más adelante. El propio Santiago Abascal negaba este viernes que por ahora se estuviera hablando de cargos o sillones y advertía: "Lo primero que vamos a hacer es hablar sobre todas las cuestiones que nos preocupan, sobre cuáles van a ser los rumbos y los cambios que va a tomar ese Gobierno. Del resto de las cosas ya hablaremos después si es que estamos de acuerdo en el rumbo que hay que tomar y si no, ni hablaremos de ello".
Primer termómetro: el Ayuntamiento
El primer termómetro en la particular partida de ajedrez entre PP y Vox se verá este jueves en el Ayuntamiento de Zaragoza. La alcaldesa, Natalia Chueca, se juega aprobar sus presupuestos o tener que presentarse a una insólita cuestión de confianza.
La regidora se ha mostrado abierta esta semana a negociar hasta el final, pero hay una línea roja que no pasará: las multas en la Zona de Bajas Emisiones (ZBE).
Si se incumple la ley, Zaragoza podría perder hasta 22 millones de euros en ayudas al transporte y verse abocada a tomar una dura decisión: o subir el precio del billete o subir impuestos para dejarlo como está.
Sin embargo, desde Vox no parecen dispuestos a ceder. El nuevo liderazgo de Eva Torres, mucho más duro que la línea moderada de Julio Calvo, podría retrasar un mes la aprobación del presupuesto.
Lo que más choca es que los cuatro concejales de Vox se abstuvieron en la votación de la ZBE y que hasta semanas antes de las elecciones nada dijeron al respecto.
Tanto es así que el propio Julio Calvo había asegurado en una entrevista a EL ESPAÑOL DE ARAGÓN que había una predisposición favorable a aprobar las cuentas o, al menos, a abstenerse.
Los conservadores no ocultan su preocupación por la situación en la que quedaría Chueca si perdiera la moción. Aunque las cuentas saldrían adelante sin un alcalde o alcaldesa alternativa, temen que una derrota dé argumentario político a la oposición y que PSOE, Vox y Zaragoza en Común (ZEC) la usen como arma para exigir su dimisión y desgastar al PP hasta las municipales de 2027.