Nuria Pendas en su casa en Alicante.

Nuria Pendas en su casa en Alicante. Laurine Maurice

Vivir

Nuria Pendas detuvo su vida para proteger el recuerdo de su madre con Alzheimer: "Ella era una persona, no un diagnóstico"

Tras seis años de cuidados, la actriz publica 'Crónicas del cuidador', un libro en el que humaniza la enfermedad a la vez que refleja su dureza.

Más información: Alicante abandera el futuro de las terapias no farmacológicas contra el alzhéimer: "Unas horas con un perro les cambia la vida"

Leer en Castellano
Alicante
Publicada

Escuchar a Nuria Pendas es adentrarse en un viaje donde la dureza del olvido se cruza constantemente con la ternura, la dignidad y una capacidad lumínica para sonreírle a la vida.

Nuria acaba de publicar su libro, Crónicas del cuidador, tras haber dedicado seis años de su vida a cuidar a su madre enferma de Alzheimer en su propia casa. Detrás de estas páginas encontramos una lección sobre el amor filial, la soledad invisible del cuidador y el desafío de reencontrarse a una misma cuando el mundo parece haberse detenido.

La mujer detrás del recuerdo

Antes de que la enfermedad borrara las palabras, existió una mujer libre, moderna y profundamente generosa. La madre de Nuria nació sin las falanges de los dedos, pero eso jamás le impidió pintar cuadros ni dedicarse con maestría a retocar negativos fotográficos a mano con un pincelito en la época analógica. Era la cómplice de su hija, una mujer tan noble que Nuria la recuerda con infinita ternura: "Era un pedazo de pan, era demasiado buena y con un corazón más puro imposible".

@nuricocome Otro domingo más, explicando a mi madre donde está y quien es ella #demencia #alzheimer #cuidadora #yaya #alzheimersawareness ♬ Moon River - Jacob Collier

Cuando el Alzheimer empezó a dar la cara, con medicinas acumuladas y llamadas telefónicas que se repetían cada cinco minutos, Nuria no dudó en trasladarla de Madrid a su hogar en Alicante para acompañarla. Tenía una promesa sagrada grabada a fuego en la memoria: "Ella siempre me pidió que no quería ir a una residencia (...) y eso lo cumplí".

La soledad del cuidador

Cuidar veinticuatro horas al día transforma la realidad por completo. Mientras su madre iba perdiendo los recuerdos de la vida adulta, llegando a no reconocer el rostro de su propia hija y confundiendo a su nieta con la Nuria joven, el entorno social se iba diluyendo inexorablemente.

Las amigas de su madre dejaron de llamar y la familia extendida se distanció. Ante ese abandono, Nuria lanza una reflexión que encoge el alma: "Esa persona no te reconoce, pero tú sí que la reconoces; llámala aunque ella no te responda, llámala".

Pero la soledad no solo envolvió a la enferma, sino también a la cuidadora. En sus propias palabras: "Jamás ninguna amiga me llamó en seis años para decirme: 'Oye, Nuria, ¿quieres que suba y me quede con tu madre para que bajes a dar dos vueltas?'".

Nuria Pendas junto a su libro.

Nuria Pendas junto a su libro. Laurine Maurice

A esa carga emocional se le sumó el muro del mundo laboral. Nuria fue despedida en dos ocasiones al solicitar el teletrabajo para poder cuidar a su madre. En ambas oportunidades acudió a los tribunales y los jueces le dieron la razón.

Todo ello mientras atravesaba la menopausia, criaba a dos hijos adolescentes y lidiaba con la invisibilidad social que sufren las mujeres al cumplir los cincuenta: "Junta cuidar adolescentes, cuidar a tu madre, estar en la menopausia y que te hayan despedido... ¿quién te cuida a ti? Nadie".

Tras años postergándose por los demás, la conclusión de Nuria es tan tajante como comprensible: "Cuidé de mi exmarido, cuidé de mis hijos, cuidé de mi madre... mi cupo de cuidar gente se ha terminado", asegura entre risas.

El humor como trinchera

Sin embargo, en la casa de Nuria el dolor nunca tuvo la última palabra. Madre e hija construyeron un refugio donde la risa fue la trinchera principal.

Las anécdotas cotidianas se transformaron en pequeñas victorias. Su madre, fiel a su espíritu coqueto y disfrutón, se negaba rotundamente a beber agua asegurando tajante que "el agua es para los peces", prefiriendo acompañar sus días con su cervecita, su vermut o su flan.

Inmortalizaron incluso los momentos íntimos más difíciles con carcajadas; cuando el tránsito intestinal se complicaba en el baño, Nuria se sentaba a su lado como si estuvieran en un parto: "Ella me decía 'vienen las bolitas' y yo le decía: '¡Tú puedes, empuja, empuja!'... Son cosas de las que nadie habla, pero nosotras nos lo tomábamos a risa".

Nuria Pendas en su casa en Alicante.

Nuria Pendas en su casa en Alicante. Laurine Maurice

Incluso en los días oscuros, arreglarla era devolverle su dignidad. Un día, al verse reflejada en el ascensor, la madre preguntó extrañada: "¿Y esa quién es?". Aquello impulsó a Nuria a maquillarla, peinarla y disfrazarla para grabar vídeos juntas en TikTok. Al verse guapa en la pantalla, su madre sonreía y decía: "Ay, qué guapa soy".

Así, las risas y el humor se convirtieron en una reivindicación de la vida hasta el último aliento.

"Mejor hecho que perfecto"

Crónicas del cuidador no nació desde la teoría, sino desde la necesidad visceral de volcar en papel los diarios que Nuria escribe desde los diez años y que compartía en su blog.

Nuria no quería que la figura de su madre quedara reducida a un diagnóstico: "Quise empezar el libro contando su historia para que supieran que mi madre era una persona, no una enferma". Sin pretensiones de erudición, escribió desde la honestidad más pura: "No soy escritora profesional, pero siempre digo: mejor hecho que perfecto".

Además, ha querido transformar ese aprendizaje en solidaridad destinando el 10% de los beneficios a la Fundación Pasqual Maragall para la investigación contra el Alzheimer.

El renacer a los 58

Hoy, a sus casi 58 años, Nuria atraviesa su propio renacer. Después de mirarse al espejo tras la pérdida de su madre y preguntarse entre lágrimas "¿quién soy yo?", ha vuelto a reencontrarse con su vocación artística.

Hoy actúa en cortos de cineastas jóvenes y estudiantes, y aún así se ríe de las limitaciones de la industria mientras cuenta cómo recientemente la llamó para la serie La que se avecina para interpretar a un personaje en coma: "Se ve que tengo que especificar que me gustaría tener al menos una frase en el guion", bromea.

Pero, sobre todo, ha aprendido la lección más valiosa como cuidar de sí misma y soltar la necesidad de complacer a todos. "Ahora por fin sé decir que no", confiesa con una tranquilidad reconquistada.

Su definición actual de lo que es la felicidad se resume en una estampa sencilla y luminosa: "Irme a un pueblecito lejano, pedir mi cervecita con mi tapita en el bar más cutre y vivir una vida normal, sin estrés".

Escuchar a Nuria recuerda que cuidar a un ser querido es un acto de amor supremo, pero que nunca debemos permitir que el cuidado borre nuestra propia identidad. Su historia invita a honrar la memoria de quienes amamos, a reírnos en mitad de la tormenta y a no perder jamás la valentía de volver a empezar.