Un gato en una imagen de archivo.

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¿Cómo saber si mi gato es feliz? Una experta en salud felina da las claves para detectar las señales "silenciosas"

El auge de los gatos 'indoor', los pisos pequeños, los cambios frecuentes en casa o la falta de oportunidades para explorar y “cazar” favorecen ese estrés.

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Alicante
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Nuestras mascotas son auténticos miembros de la familia, por lo que conviene preocuparnos constantemente por su bienestar.

Sin embargo, si bien en el caso de los perros es más fácil detectar algún comportamiento extraño, en el caso de los gatos, las señales no son tan claras, pero no por ello son difíciles de detectar.

Y es que la ansiedad en los gatos es mucho más común de lo que pensamos, pero suele pasar desapercibida tras conductas que muchas veces se confunden con “manías” o con simple carácter felino.

La ansiedad felina va en aumento en las consultas veterinarias, no tanto porque haya “más gatos enfermos”, sino porque cada vez se reconoce mejor la importancia del bienestar emocional como parte de la salud.

El auge de los gatos indoor, los pisos pequeños, los cambios frecuentes en casa o la falta de oportunidades para explorar y “cazar” favorecen ese estrés de baja intensidad que se instala en el día a día.

Según explica a EL ESPANOL Marta Escorsa Baqués, Product Manager de Virbac, muchos tutores conviven con un gato estresado sin saberlo, interpretando su conducta como algo “normal” o propio de su personalidad.

En el gato, a diferencia del perro, la alteración emocional raramente se traduce en grandes destrozos o en ladridos: casi todo ocurre en silencio.

Esto hace que los primeros signos se pasen por alto o se atribuyan a que el gato es “independiente”, “raro” o “poco cariñoso”. Entender la ansiedad como un problema de bienestar y no de “obediencia” es el primer paso para poder ayudarles.

Cómo se manifiesta la ansiedad

La ansiedad se expresa sobre todo a través de cambios en la conducta habitual, por pequeños que parezcan.

Un gato que se esconde más de lo normal, que evita el contacto repentinamente o que modifica su manera de comer está enviando un mensaje claro de que algo ha dejado de ser seguro para él.

También son frecuentes las alteraciones en el acicalamiento: algunos dejan de asearse y otros lo hacen de forma compulsiva, hasta el punto de provocar calvas o irritación en la piel.

Otro signo muy característico es el marcaje con orina fuera del arenero, que suele ir acompañado de irritabilidad o episodios de agresividad repentina incluso hacia personas conocidas.

Lejos de ser un acto de “venganza”, este tipo de conductas son indicadores emocionales de que el gato ha perdido sensación de control sobre su entorno. No son desobediencia, son síntomas.

Hogar 'cat friendly'

Hablar de un hogar cat friendly no significa comprar más juguetes, sino de adaptar el espacio a la forma de ser del gato.

Un gato equilibrado es aquel que percibe su casa como un territorio seguro, predecible y bajo control.

Para ello, Escorsa destaca tres pilares: la verticalidad, los refugios y la correcta distribución de recursos.

Los espacios elevados (estanterías, árboles de gatos, repisas) permiten observar sin sentirse vulnerable; las zonas de refugio como cajas, cuevas, habitaciones tranquilas, le ofrecen un lugar donde retirarse sin ser molestado.

En hogares con varios animales, es clave multiplicar puntos de agua, comida y areneros para reducir la competencia y el conflicto silencioso.

El enriquecimiento diario mediante juego es otra pieza fundamental, pues no es solo entretenimiento, es una forma de liberar tensión acumulada y de canalizar su instinto de caza.

Un gato que explora, que descansa profundamente, que mantiene un aseo normal y que muestra cierto interés por interactuar, aunque sea a su manera, es un gato que probablemente se siente bien.

Cambios, mudanzas y visitas

Muchas de las situaciones que para las personas son rutinarias, para un gato suponen un auténtico seísmo emocional.

Una mudanza, unas obras en el edificio, la llegada de visitas o simplemente cambiar de sitio los muebles puede alterar profundamente su sensación de seguridad territorial.

En el caso de una mudanza a un piso compartido, Marta Escorsa recomienda acotar primero una “habitación segura” para el gato, con sus objetos familiares, y permitir que vaya explorando el resto del hogar poco a poco, sin presiones.

Mantener horarios estables de comida y juego le aporta previsibilidad en medio del caos. En momentos así, herramientas respetuosas como las feromonas pueden ser un apoyo extra.

Para estos casos existen productos en formato difusores que recrean las feromonas faciales que el gato emite de forma natural cuando se siente tranquilo, ayudando a que perciba el entorno como más seguro en cambios de hogar, visitas o ruidos puntuales.

En casas donde conviven perros y gatos, la compañía puede complementar este efecto con soluciones específicas para ellos, que utilizan feromonas caninas apaciguadoras para reducir conductas ligadas al estrés en el perro y favorecer un ambiente más armónico en conjunto.

El "lenguaje del amor"

Uno de los casos que más dudas genera entre los tutores es el del gato que “no es cariñoso”, muerde cuando tiene hambre pero, al ver a su humano triste, se acurruca a su lado.

Para Escorsa, la clave está en asumir que cada gato tiene su propia personalidad y su manera particular de vincularse. Algunos buscan contacto constante; otros expresan cariño simplemente estando cerca, siguiéndonos por la casa o eligiendo dormir a nuestros pies.

Morder cuando tiene hambre puede ser una forma de comunicación mal gestionada o fruto de un pico de excitación, pero no define al gato como “malo” o agresivo.

El gesto de acercarse en momentos de tristeza revela, además, hasta qué punto los gatos son sensibles a nuestro estado emocional. Su lenguaje afectivo es sutil, pero no por ello menos intenso.

Antes de adoptar

Adoptar un gato es una decisión preciosa, pero requiere expectativas realistas.

No todos los gatos serán inmediatamente cariñosos, ni todos se adaptan al mismo ritmo. Escorsa insiste en la importancia de preparar el hogar antes de su llegada, habilitando refugios tranquilos, recursos bien distribuidos y espacios donde pueda observar sin sentirse expuesto.

La consulta temprana con un veterinario ayuda a abordar tanto las necesidades físicas como las emocionales desde el principio.

La adopción responsable incluye entender que la adaptación puede llevar semanas y que el respeto a sus tiempos es esencial para construir un vínculo sólido y seguro.

Cuándo pedir ayuda

El manejo del estrés felino debe ser siempre integral, pues no se trata de apagar un comportamiento concreto, sino de entender qué hay detrás.

El juego, las rutinas, el ambiente enriquecido y los espacios seguros son la base, pero en momentos clave pueden sumarse apoyos no farmacológicos.

Las feromonas sintéticas imitan las señales químicas de calma que el propio gato produce al frotarse contra superficies, contribuyendo a reducir la ansiedad y los signos de estrés en un amplio abanico de situaciones cotidianas.

En todos los casos, si los cambios de comportamiento se prolongan en el tiempo o se acompañan de marcaje, agresividad o pérdida de apetito, la recomendación es de consultar con un profesional.