La regresión de la playa de Guardamar.

La regresión de la playa de Guardamar. H.F.

Vega Baja

La huerta de la Vega Baja alicantina se suma a la rebelión contra el fallido espigón del Segura en Guardamar

ASAJA Alicante reclama la modificación urgente de la infraestructura hidráulica junto a las presas de cabecera como única vía para garantizar un desagüe eficaz hacia el mar.

Más información: La 'agonía' del litoral de Guardamar: ¿Por qué se construyó el espigón orientado al revés?

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Siete años después de que la mortífera DANA de septiembre de 2019 anegara campos, municipios y vidas en la Vega Baja, la sombra de una nueva catástrofe hídrica vuelve a planear sobre el sur de la provincia de Alicante. En esta ocasión, la voz de alarma no procede únicamente de los vecinos. Los regantes se han sumado a las históricas reivindicaciones de los vecinos de la playa Babilonia de Guardamar del Segura, cuyas viviendas centenarias siguen con la espada de Damocles del derribo ejecutivo sobre sus cabezas. Por primera vez los agricultores denuncian los lamentables efectos del espigón de la desembocadura del río en Guardamar, construido en los 90 con una orientación contraria a la lógica del Mediterráneo occidental.

ASAJA Alicante ha decidido formalizar su exigencia ante el Gobierno de España para que de manera inaplazable se acometa la reforma estructural del espigón norte de la desembocadura, un dique de más de 700 metros cuya orientación contraria a la dinámica marina ha transformado la salida natural del río en una trampa de sedimentos y un obstáculo crítico en situaciones de riada. Se suman a los vecinos que denuncian que impide el traslado de sedimentos a las playas, degradándose hasta su desaparición.

La postura del empresariado agrario no representa un mero capricho, sino la constatación de un fallo de diseño que acumula más de tres décadas de polémica, literatura científica e informes desatendidos.

Entre 1990 y 1994, la Confederación Hidrográfica del Segura ejecutó la canalización de la desembocadura con la construcción de un espigón orientado en sentido Este y Noreste. La infraestructura fue concebida contraviniendo la lógica litoral de la costa levantina y la propia fuerza de la corriente del estuario. Al oponerse a la deriva del oleaje dominante, la obra alteró trágicamente el equilibrio dinámico del ecosistema: interrumpió el flujo de arena hacia el sur de la costa, provocando una regresión atroz que ha engullido más de dieciséis mil metros cuadrados de litoral en Guardamar y, de forma simultánea, bloqueó la capacidad natural del cauce para expulsar sus caudales.

El resultado ha sido un lento ahogamiento de la desembocadura. El río Segura, caracterizado por un marcado régimen torrencial, se ve obligado a canalizar sus avenidas a través de un cuello de botella que se estrecha año tras año debido a la acumulación incesante de gravas y arenas. Un problema que sufren a diario también los amarristas del puerto deportivo, sin calado para poder usar sus embarcaciones.

Las lecturas batimétricas en el interior de la desembocadura muestran cómo el calado ha descendido drásticamente hasta cotas insuficientes, dejando inoperativo el puerto deportivo existente e imponiendo la necesidad de continuos dragados que no resuelven la causa del problema.

Durante los eventos de precipitaciones extremas, como los vividos en 2019, la propia Administración tuvo que recurrir a medidas de urgencia como la rotura del dique central para intentar que el volumen desbordado encontrara una vía de escape al mar.

Desde el punto de vista del campo alicantino, las medidas de laminación en las cabeceras -como las largamente prometidas presas de regulación en la rambla de Abanilla o la cuenca de Tabala- resultarán del todo inútiles si la arteria principal de la comarca carece de una boca limpia por la que desaguar. Los agricultores denuncian que las cuantiosas inversiones realizadas en la modernización de azarbe, acequias y en el dragado del cauce viejo sufren un menoscabo permanente por culpa de esta barrera artificial.

La falta de fluidez en la desembocadura genera un retroceso de las aguas que eleva el riesgo de inundación sobre los cultivos tradicionales de la huerta, amenazando la rentabilidad y la seguridad jurídica de miles de explotaciones.

Evolución en el tiempo del espigón de Guardamar.

Evolución en el tiempo del espigón de Guardamar. AAVV Playas Guardamar

El dilema de Guardamar ha sido objeto de una profusa documentación a lo largo de los años. Distintos análisis e investigaciones han ido sacando a la luz que la obra careció en su origen del preceptivo estudio de impacto ambiental que exigía la legislación aplicable en la época de su proyección.

A esta carencia inicial se han sumado en los últimos años posicionamientos contundentes. La propia Generalitat Valenciana ha llegado a reclamar la reestructuración del espigón para frenar la destrucción de la masa forestal de la pinada histórica -sembrada a principios del siglo XX por el ingeniero Francisco Mira para fijar las dunas- y salvar el litoral de la comarca.

Frente a ello, el Ministerio de Transición Ecológica (y el Ayuntamiento dirigido por el socialista José Luis Sáez por seguidismo con el partido del Gobierno) ha mantenido una postura de parálisis, justificando en ocasiones la persistencia del diseño o eludiendo asumir el coste técnico de deshacer una infraestructura que la evidencia científica califica de error de cálculo. No en vano, el espigón fue construido en la etapa en que coincidieron gobiernos municipales y central del PSOE, entre 1983 y 1995.

Mientras tanto, la pérdida de aportes sedimentarios hacia el mar priva a la costa de la materia prima imprescindible para la regeneración natural de las dunas, derivando en paradojas donde se gasta dinero público en extraer arenas del fondo del río que son las mismas que faltan en la primera línea de playa.

Con la incorporación de los agricultores a este bloque de reclamación, la cuestión de la desembocadura trasciende la vertiente meramente medioambiental o de protección del patrimonio histórico y costero para convertirse en una prioridad de seguridad territorial. ASAJA Alicante exige al Estado el establecimiento inmediato de un calendario presupuestario e institucional concertado con la administración autonómica y las comunidades de regantes.