Vuelven las pinturas del Alicante idealizado que decoraba el pabellón donde vestir más decente.

Vuelven las pinturas del Alicante idealizado que decoraba el pabellón donde vestir más decente.

Exposiciones EXPOSICIÓN

El Alicante que tenía que vestir más decente recupera su color con los cuadros de Manuel Baeza

La Generalitat exhibe las tres tablas restauradas que se pintaron para decorar el pabellón del Postiguet con una visión idealizada de pueblo pescador.

19 octubre, 2021 01:33
Alicante

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La España de 1954 aún era la del blanco y negro de un país que no pertenecía a Naciones Unidas, vivía en la autarquía y había tenido que pedir no hace tanto ayuda a Perón en Argentina para tener trigo que comer. También era la de un país que veía en el turismo grandes posibilidades. Y ahí las costas alicantinas también buscaban su lugar en el sol, el mismo año en que nacía el festival de San Sebastián.

En un Alicante en expansión se quería construir el pabellón de baño en la playa del Postiguet, un hito en la ciudad que señalaba su paso a una ciudad que también quería vivir del turismo. ¿Qué eran estos espacios? Unos vestuarios con duchas y taquillas en los que poder cambiarse "para que la gente no fuera en bañador o ropa demasiado ligera por la calle y que se vistiera 'decentemente'".

El pabellón en la playa del Postiguet de Alicante.

El pabellón en la playa del Postiguet de Alicante. Archivo Municipal de Alicante

En la sociedad de la época aún estaba presente la calificación de "gravemente peligrosa" dada a una película reciente para los cines españoles como Lo que el viento se llevó. El bikini aún era una revolución por la que Pedro Zaragoza en Benidorm tenía que pedir permiso a Franco para que las mujeres lo pudieran usar.

Los pabellones junto a la playa se convertían en la solución para evitar estos problemas y creaban un nuevo espacio de ocio, gracias al bar-restaurante. Para decorarlo se pidió a Manuel Baeza, considerado uno de los mejores artistas del momento, que creara varias obras con que decorarlo.

El Alicante perdido 

Este es el contexto en el que la ciudad, donde empezaba ese año su mandato como alcalde Agatángelo Soler, que retrata Greta García, restauradora del IVCR+i. Y lo hace precisamente en el informe que acompaña la restauración de las tres piezas que se conservan de Baeza, que se exhiben ahora en el Palau de la Generalitat.

Las tres piezas de Baeza, como explica en otro informe la conservadora del MACA Rosa Castells, de una serie de cinco por las que el artista cobraría 25.000 pesetas. Cifra "muy considerable para la época", tercia García, que considera equivalente a unos actuales cincuenta mil euros.

La obra de Manuel Baeza, propiedad del Ayuntamiento de Alicante, se exhibe ahora en el Palau de la Generalitat.

La obra de Manuel Baeza, propiedad del Ayuntamiento de Alicante, se exhibe ahora en el Palau de la Generalitat.

Pintadas al acrílico sobre tablas de gran formato, Baeza representaba con su estilo expresionista de la época una ciudad idealizada de pescadores en el puerto. Como explican desde la Generalitat, su función era "ensalzar los trabajos del pueblo, estar en contacto con la tierra y el mar, mostrando así un signo de estabilidad y esperanza en el futuro". El artista se encontraba en uno de sus mejores momentos creativos. Ese mismo año fue seleccionado para participar en la Bienal de Venecia, ya uno de las mayores citas del mercado artístico.

Castells destaca el uso de la pintura en estos aglomerados: "Son extraños los colores empleados: granates, verdes azules, violetas extendidos en grandes superficies cuadriculadas". En esa etapa, prosigue la conservadora, "la pintura de Manuel Baeza se desarrolla en formas sobriamente construidas; un clasicismo mediterráneo, de calidades escultóricas y acusados valores plásticos, emparentando con determinados periodos picassianos y tal vez con la firmeza constructiva de algunos pintores vascos".

Montaje en el que se puede apreciar a la derecha el deterioro previo a la restauración de la obra de Manuel Baeza.

Montaje en el que se puede apreciar a la derecha el deterioro previo a la restauración de la obra de Manuel Baeza.

El Alicante conservado

Pasamos a 1956. La transformación social parece acelerarse. España ya es reconocida internacionalmente, ha firmado un acuerdo con los poderosos Estados Unidos y el turismo recibe las bendiciones de la dictudura. Ese junio, "el arquitecto municipal, Miguel López certifica la finalización de las obras de decoración", recuerda Castells.

La administración Soler está satisfecha con el encargo hecho y demanda a Leoncio Vázquez, como adjudicatario del restaurante del pabellón, "la custodia con garantías de su buena conservación". Una petición a la que el propio empresario responde con la propuesta de protegerlas con un cristal para evitar el deterioro de la humedad y los humos de un muy concurrido local de playa.

El que sería uno de los mayores encargos culturales que realizó en la época el Ayuntamiento sufrió ese intensivo día a día. Mucho. Desde el 56 que se entregaron hasta finales de los años 60, cuando se demolió ese pabellón, estuvieron expuestas a esas condiciones. El informe municipal señala que las tablas estaban "cubiertas por una capa de grasa quemada" e incluso se habían "adosado diversos elementos" como un pasador de cables e interruptores eléctricos.

Luego el interés por estas obras de Baeza se perdió.

García explica que "se desconoce si se trasladaron al nuevo kiosco-bar, aunque puede ser que no, porque ya no era un amplio restaurante. En cualquier caso, años después los paneles se desmontaron y estuvieron varias décadas olvidados hasta que se encontraron hace aproximadamente unos diez años en la sala de máquinas de un edificio que se estaba rehabilitando de la calle Portugal de Alicante. Fue entonces cuando la Concejalía de Cultura y Patrimonio las guardó en sus almacenes".

El Alicante recobrado

El proceso de recobrar estas piezas claves de uno de los pintores más reconocidos en su época en Alicante se inició la legislatura pasada. La limpieza de todas esas capas de suciedad, la reintegración de la pintura perdida o la reconstrucción del peculiar conglomerado que se usó, como detalla García, supuso un trabajo minucioso para devolver el esplendor y el color de unas pinturas hechas para animar los años 50.