Una de las imágenes del libros 'Os batismos de media-noite'.

Una de las imágenes del libros 'Os batismos de media-noite'. Joan Alvado

Cultura

Brujas, exorcismos y portales: el viaje fotográfico de Joan Alvado a la entraña mística de Portugal

El artista alicantino se sumerge en la Serra de Peneda-Gerês para documentar las leyendas y rituales ancestrales que la modernidad no logra borrar.

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Alicante
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Tras el parón forzoso de la pandemia, el fotógrafo Joan Alvado sintió una necesidad imperiosa de volver al terreno. "Tenía muchísima hambre de esto porque me pilló en dos años de coronavirus en los que no había podido estar tan activo como quería", explica el autor sobre el origen de su nuevo proyecto.

La oportunidad surgió a finales de 2021, cuando el estudio de arquitectura y land art Faro 023.1 lo invitó a una residencia en Arcos de Valdevez, en el norte de Portugal. La propuesta fue casi novelesca: "Me dijeron: 'Tenemos una montaña que pensamos que es adecuada para ti'", recuerda Alvado.

El escenario elegido fue el Parque Natural de Peneda-Gerês, una zona marcada por el aislamiento y la tradición. Alvado, que ya había explorado temas similares en Serbia, intuía que allí encontraría una cultura mágica vibrante.

A pesar de que las búsquedas iniciales en internet y las consultas a antropólogos no arrojaron resultados, su instinto no le falló. "Mi nariz me decía que sí. Cuando llegué allí en persona, no tardé ni 24 horas en constatar que todo lo que yo quería estaba allí", afirma con rotundidad a EL ESPAÑOL.

En ese breve espacio de tiempo, el fotógrafo descubrió un mundo de "curanderas, conjuros y brujas". Incluso constató que todavía existía gente que se lanzaba "conjuros los unos a los otros de manera muy explícita".

Para Alvado, estas creencias no son signos de atraso, sino una forma de cultura que a menudo se intenta ocultar bajo la alfombra. "Eso es lo que con el tiempo identifico como cultura", señala, desmarcándose de la visión institucional que prefiere omitir estos aspectos en las guías turísticas.

El reto principal fue cómo capturar visualmente lo invisible. El proyecto incluye referencias a la "procesión de los difuntos", similar a la Santa Compaña, exorcismos y portales a otras dimensiones.

"No puedo fotografiar al demonio de manera literal ni la procesión de los difuntos de manera literal", explica Alvado sobre su técnica. Su receta consiste en alejarse del literalismo fotográfico para buscar una "interpretación muy libre" y "sugestiva".

El resultado son imágenes que funcionan como fotogramas de una película de terror, donde el bosque, las rocas y los animales son los protagonistas. Alvado busca un lenguaje donde "el bosque, las rocas, los animales... todo forma parte de un conjunto".

Durante sus seis semanas de estancia, el fotógrafo desarrolló un cuaderno etnográfico donde los locales anotaban vivencias en primera persona. "Me apuntaban frases que solo sabe una persona o maneras de protección contra el mal", relata sobre este estudio de campo.

Uno de los hallazgos más potentes da nombre al proyecto: los Bautismos de Medianoche. Se trata de un ritual de fertilidad realizado en puentes sobre ríos que dividen municipios, donde se bendice el vientre de la mujer embarazada en la llamada hora bruja.

Alvado llegó a localizar a la última persona nacida tras uno de estos rituales, realizado hace unos 40 años. "Esta mujer también lo entendía y me decía: 'Esto es casi de museo'", comenta el fotógrafo sobre la importancia de preservar estos conocimientos.

Sumergirse en los temas

Esta metodología de "vivencia en primera persona" es una constante en su carrera, tal como ya demostró en sus trabajos anteriores como el premiado con la comunidad musulmana en Cuba. "La fotografía va de vivencias en primera persona; la mía es una percepción muy estudiada", reflexiona.

Al final, su obra huye del fotoperiodismo convencional para buscar "significados más poéticos" y generar reflexiones que van más allá de la noticia. En este rincón de Portugal, Alvado ha conseguido que la cámara escuche el latido de una montaña que aún se resiste a ser solo paisaje.