Noelia y Rubén, ante sus respectivos estudios en Alicante.

Noelia y Rubén, ante sus respectivos estudios en Alicante. M. H.

Cultura

La presión inmobiliaria en Alicante obliga a compartir estudios a Rubén y Noelia: "Es muy complicado montar algo"

Los precios de los alquileres y la falta de espacio llevan a los artistas a trabajar en espacios más reducidos donde organizar sus obras.

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Alicante
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En el corazón de la zona que marca el cinturón de Pérez Galdós, en la calle Alférez Rojas de Alicante, la creación artística se refugia en naves de techos altos y trabajo manual. Aquí, artistas como Rubén Gómez y Noelia Keller han convertido el estudio compartido en una necesidad estratégica ante la presión inmobiliaria que ha vaciado de talleres el centro de la ciudad y zonas como Playa de San Juan o San Blas Alto.

"Yo busco activamente gente que participe en el local porque ahora me he quedado a cargo", explica Rubén Gómez, quien lleva ya tres años gestionando su espacio. Para él, la transparencia en los precios es fundamental: "Me interesa que siempre haya gente conociendo el espacio por si alguien se va para que haya un reemplazo".

El artista reconoce que el proyecto colaborativo es, en esencia, "el espacio en sí", ya que la precariedad actual dificulta colaboraciones más complejas.

Por su parte, Noelia Keller se incorporó a esta dinámica hace apenas medio año. "Compartirlo entre unos ocho que somos es superbueno para nutrirse el uno del otro", comenta la artista.

Sin embargo, Noelia señala la dificultad de alcanzar una estabilidad: "Tenemos que trabajar en algo que nos dé para comer y vivir y para pagarnos este espacio". Su historia es también común a la de las otras mujeres con que comparte el local, ya que compaginan el arte con jornadas laborales que impiden una dedicación total.

La realidad de estos creadores contrasta con la de otros artistas que, según relata Noelia, "lo han heredado de sus padres y entonces no pagan precio de alquiler ni nada". Para quienes deben alquilar, la situación es cuesta arriba.

"Es muy complicado plantearse montar algo así. Yo creo que tiene que venir de gente con un poco más de dinero", reflexiona Rubén sobre la posibilidad de generar estructuras estables para artistas emergentes.

La reciente edición de Alacant Open Studios en noviembre sirvió para dar visibilidad a estos locales, que a menudo son confundidos con galerías.

"Este año tuve claro que lo que quería era que la gente viese un local de un artista abierto", afirma Rubén, destacando la importancia de mostrar el sitio real de trabajo. Noelia coincide en que no quisieron "tunear" el espacio: "Lo hicimos lo más realista posible para que se viera el espacio tal cual".

A pesar de los éxitos puntuales en ventas durante el Open Studios, el camino sigue siendo tortuoso. Noelia relata su frustración con los mercadillos convencionales: "Intenté ir a mercadillos y es que también es imposible; primero tienes que darte de alta de autónomo y luego pagar un pastizal por cada metro de puesto".

La supervivencia del arte en Alicante parece depender hoy de la resistencia en estos estudios compartidos, donde el ruido de las herramientas y el olor a pintura persisten a pesar de la incertidumbre económica. "Si ganas dinero quizás es vendiendo obra, pero eso es por suerte", concluye Noelia sobre la dificultad de rentabilizar una profesión que, en la práctica, exige pagar por trabajar.