El secretario general de la Asociación Valenciana contra el Acoso Escolar (Avalcae), Francisco Sorolla.

El secretario general de la Asociación Valenciana contra el Acoso Escolar (Avalcae), Francisco Sorolla. Iván Villarejo

Alicante

Francisco Sorolla, de negociar con terroristas para la ONU a luchar contra el bullying: "La mili ayudaba mucho"

El exmarine y exmediador trata de combatir el acoso en la Comunitat Valenciana a través la Asociación Valenciana contra el Acoso Escolar (Avalcae).

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Muchos patios de colegios e institutos se parecen más a campos de batalla en miniatura que a espacios de recreo. Los insultos, las agresiones y ahora el llamado ciberbullying hieren a más de 400 víctimas de acoso escolar al año en la Comunitat Valenciana.

Francisco Sorolla conoce bien ambos escenarios y sabe que tienen más similitudes que diferencias.

En ese frente difuso conocido como bullying lucha, a través de la Asociación Valenciana contra el Acoso Escolar (Avalcae), este exmarine de los Estados Unidos y exmediador de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), tras media vida viendo el peor lado del ser humano.

Durante sus años como mediador y militar, enfrentándose y negociando con terroristas, insurgentes y delincuentes de toda clase, descubrió que "la clave es la empatía; debes enseñarles, desde su punto de vista, que están equivocados".

Sorolla, enfundado en un traje del que cuelgan múltiples medallas al mérito que reconocen su labor en lugares tan hostiles como Namibia, Líbano, San Salvador, Nicaragua o Sudáfrica, ha cambiado la guerra por la lucha contra el acoso.

Según Avalcae, en España se suicidan unos 300 niños y adolescentes al año por este motivo. Ellos mismos han tenido ocho casos en los que una víctima ha intentado quitarse la vida tras acudir a la asociación.

Para Sorolla, el arma más poderosa contra los agresores es la empatía.

Para Sorolla, el arma más poderosa contra los agresores es "la empatía". Iván Villarejo

El secretario general de la entidad, formada por unos 80 voluntarios entre diversos profesionales y antiguas víctimas, asegura que en los 25 años desde su creación han registrado más de 4.500 casos, de los cuales han resuelto el 92 %.

Curiosamente, "un 10 % de los casos corresponden a víctimas que, tras sufrir acoso, son ellas las que luego se convierten en agresoras", indica.

Pese a estos esfuerzos, a los que asegura dedicar 14 horas al día, "el acoso sigue subiendo; la última versión es el ciberbullying, que lleva entre cinco y diez años en aumento", lamenta Sorolla.

Culpa de ello a que el acoso escolar "no da dinero", ya que denuncia que no se destinan recursos suficientes para erradicarlo. "Si hubiera desde Europa o el Estado el mismo presupuesto que para otras cosas, como la violencia de género, lo erradicaríamos", sugiere convencido.

Su arma para frenar el avance del acoso es la mediación, "un arte" del que él mismo ha hecho gala a lo largo de toda su vida, con la máxima de cualquier mediador de "ponerse en el lugar del otro".

Estos conocimientos los difunde a lo largo y ancho de la provincia de Alicante, donde se encuentra la sede de Avalcae, en centros, colegios e institutos.

Medallas e insignias por su labor como militar y mediador.

Medallas e insignias por su labor como militar y mediador. Iván Villarejo

"Ahí hemos dado charlas", señala a un claustro mientras cuenta sus aventuras pasadas y presentes paseando por las calles de Alicante.

Mediador inesperado

Aquí llegó con cinco años desde su ciudad natal, Barcelona. No estaría mucho tiempo, pues a los 17 años viajaría a Roma, donde vivían unos tíos, para estudiar en la universidad.

Un camino que pronto cambiaría de sentido y le llevaría por medio mundo.

"En España era la Transición en aquellos años y en la universidad todos los días había atentados, peleas, manifestaciones agresivas. Era un hormiguero y yo quería estudiar", recuerda.

Francisco Sorolla en un recorte de prensa de 1987 durante una misión cerca de Nicaragua.

Francisco Sorolla en un recorte de prensa de 1987 durante una misión cerca de Nicaragua. Cedida

Pero pronto cambió las clases por las armas tras conocer a un general estadounidense y llegar a ser "como un hijo para él".

"Me hice marine y fui ascendiendo hasta que un día, por diversas circunstancias, vinieron congresistas y senadores de Estados Unidos y de las Naciones Unidas y me propusieron hacer de mediador. Y me llevaron a Namibia en los años 80", explica su primera misión el ahora secretario general de Avalcae.

Claves contra el acoso

De sus enfrentamientos y negociaciones con grupos guerrilleros, terroristas y "los primeros grupos yihadistas" aprendió que "con los medios pacíficos se logra siempre mucho más que con los medios bélicos".

Sorolla relata que plantarse frente a un acosador es mucho más fácil que tratar con verdaderos criminales y recurre a la táctica de "acercarme como un amigo; me llevo al agresor, compro unas chucherías e intento que no me vea como un tipo que le va a corregir".

"Entonces le digo: vamos a ver, a ti, ¿qué te parecería si yo ahora te cojo y te doy unos bofetones o cada día voy y te pego una patada o te empujo? ¿A que no te gustaría?", comenta.

Sorolla durante la entrevista de EL ESPAÑOL de Alicante.

Sorolla durante la entrevista de EL ESPAÑOL de Alicante. Iván Villarejo

A lo largo de sus 15 años como voluntario contra el acoso ha podido diferenciar entre dos tipos mayoritarios de acoso entre chicas y chicos.

"Casi siempre, las chicas le hacen pagar a otra porque es más estudiosa o creen que es más guapa que ellas, mientras que entre los chicos suele ser más por chulería, por querer imponerse, por ser el jefe de la manada", explica Sorolla.

Así, subraya la importancia de que la sociedad se involucre en la lucha contra esta lacra. "Cuando un general, un educador, un padre o un hermano se pone delante y demuestra empatía y nobleza, el más débil ve que él también puede", añade.

Por el contrario, si un general, un profesor o un director dice "id delante y empezad, que yo me quedo en el despacho y ya coordinaré", es cuando se crea el efecto contrario.

La clave de una sociedad sin bullying sería aplicar el lema de "no querer para los demás lo que no quieres para ti".

Y cree que el servicio militar crea una "disciplina" necesaria hoy en día. "Antes la mili ayudaba mucho a los jóvenes porque ahí podían estudiar y encontrar trabajo. Y hoy en día se tienen muchos derechos y pocos deberes; hay que tener un equilibrio", concluye.