Vitaly Suárez, junto a su mujer y su hija, esperando en el aeropuerto de Georgia.

Vitaly Suárez, junto a su mujer y su hija, esperando en el aeropuerto de Georgia.

Alicante

La última odisea de Vitaly, el héroe hispano-ucraniano que regresa a Alicante tras 300 días en la guerra

Delegado de una empresa en Jersón, de donde es su madre, se ha pasado estos meses repartiendo ayuda humanitaria hasta la liberación de la ciudad. 

29 diciembre, 2022 06:20
Alicante

El pasado 24 de febrero la vida puso a Vitaly Suárez, de 34 años, en una encrucijada: a un lado del camino, la ciudad ucraniana de Jersón, donde ejercía de representante de Cortuhondo S.L., la empresa familiar que fundó su padre, Julio Suárez. Al otro, la seguridad de España, país donde vive su familia en la localidad alicantina de Santa Pola. Vitaly no dudó: durante los siguientes 300 días, se dedicó a llevar todo tipo de productos y ayuda humanitaria a este rincón de un país en guerra. Pero esa odisea está a punto de acabarse. 

Vitaly ha hecho noche en el aeropuerto de Georgia y, si no hay impedimentos de última hora, este mismo jueves cogerá un vuelo a Barcelona. Desde allí se embarcará hacia Alicante, donde su familia le espera al filo de la medianoche. 

"No ha sido fácil", explica al otro lado del teléfono su padre. El propio Vitaly le cuenta a través de unos audios de WhatsApp el periplo que ha vivido en los últimos días junto a su mujer y su hija para poder salir del país y coger un vuelo hacia España. "Hemos tenido que pasar 42 horas sin dormir, en coches y autobuses, cruzando las fronteras", dice. 

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La primera fue en Crimea, donde le tuvieron retenido "tres horas haciéndome varias preguntas. Si tenía comunicación con las tropas ucranianas, revisando el teléfono, si tengo amigos en la Policía..." Luego vino "un viaje muy largo, lleno de controles por las carreteras. Cada 20 o 30 kilómetros paraban el coche, revisaban las maletas y los documentos". 

La situación se repitió en la última frontera antes de entrar en Georgia, donde estuvo cuatro horas retenido. Allí le hicieron desnudarse "buscando tatuajes" (a pesar de que no tiene ninguno) y le preguntaron por los contactos que tenía en el teléfono. Su hija, además, tenía fiebre, pero pero los responsables del control ignoraron sus quejas. Finalmente, pudo pasar y descubrir otro mundo. "Después de nueve meses de tener una vida increíble, aquí nos sentimos mucho más tranquilos. Es otro mundo", explica. 

Crónicas desde una ciudad devastada

Vitaly trabajaba Jersón, ciudad de la que es su madre y donde él mismo nació, cuando estalló la guerra. Allí se dedicó a repartir ayuda humanitaria entre niños y ancianos. Esta ha sido la única capital que logró ocupar Rusia, y que fue liberada el pasado mes de noviembre. Sin embargo, la situación cuando se fueron las tropas del Kremlin era devastadora. 

"La ciudad estaba desierta, las tiendas cerradas, no había alimentos, nadie salía a la calle por miedo a lo que pueda pasar. Los militares y las autoridades rusas habían abandonado la ciudad y su bandera había sido retirada de los edificios públicos", contaba.

"Los rusos se llevaron todo: medicinas de las farmacias y hospitales, equipos y maquinaria de los hospitales, saquearon las iglesias y los museos" y robaron "todo lo de valor", incluyendo las obras. También los vehículos que confiscaban a los ciudadanos y los equipos que habían saqueado "en tiendas y locales".

Ucranianos cogiendo agua en Jersón tras su liberación.

Ucranianos cogiendo agua en Jersón tras su liberación.

"Los hospitales ante la falta de equipos y medicamentos, estaban cerrados con pacientes dentro. Personas enfermas a las que no se les daba ninguna atención porque no había personal para atenderlos, tampoco medicinas para aplicar los tratamientos", añadía. "Personas con enfermedades graves que dejaban abandonadas a su suerte sin ningún tipo de atención médica".

La situación no era mejor a nivel de los suministros más básicos. "Había cortes constantes de electricidad y agua y las comunicaciones eran intermitentes". Al padre de la prima de Iryna, su esposa, le dio un ictus, y "a falta de atención medica en el hospital esta en casa, sin medicamentos", con la única atención de "su hija, que es enfermera y estaba desesperada buscando medicamentos por toda la ciudad".

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"Los misiles", recuerda, "pasaban por encima de los edificios de la ciudad. Los ciudadanos que por la mañana salían de sus casas a buscar desesperadamente comida, se tiraban al suelo, pensando que caerían sobre sus cabezas". Finalmente, explotaron en el puente que comunica Jersón en la carretera a Crimea.

La ciudad estaba en total abandono. "Las personas que quedan que son ciudadanos y familias con vivienda en Jersón, están aterrados, viven en la total desolación y con miedo a lo que esta por venir. Muchos no creen que puedan sobrevivir o bien al hambre o bien a los combates y bombardeos cuando las tropas ucranianas tomen la ciudad y las tropas rusas comiencen a bombardear todo causando destrucción".

Grupo de gente en Jersón tras la liberación, con la ciudad en ruinas.

Grupo de gente en Jersón tras la liberación, con la ciudad en ruinas.

Durante semanas Vitaly estuvo en esta situación atrapado sin salida, en una "zona tranquila" pero "imposible de abandonar, con las carreteras controladas por los militares rusos, sin corriente ni calefacción" en una época con un descenso brusco de temperaturas.

Ahora, un mes después, por fin podrá regresar con su familia a España y volver a abrazar a sus padres. Y contar la historia de los 300 días que ha pasado en el infierno en el que se transformó lo que en su día fue también su casa, a 4.000 kilómetros de Santa Pola.