Estado actual de la fachada del centro penitenciario Alicante Cumplimiento.

Estado actual de la fachada del centro penitenciario Alicante Cumplimiento.

Alicante ciudad

La "guerra" de los funcionarios de la prisión Fontcalent por el abandono de Interior: "Salen corriendo por las puertas rotas"

La falta de inversión del ministerio obliga a sus trabajadores a hacer malabares para reorganizar a los presos, hacer frente a las ratas o al moho y a realizar ajustes sobre la marcha a medida que los sistemas de seguridad van averiándose.

Más información: Los delincuentes reincidentes causan más del 30 % de los delitos en Carrús: la nueva ley los enviará 3 años a prisión

Alicante
Publicada

El abandono del Centro Penitenciario de Alicante Cumplimiento, más conocido como la prisión de Fontcalent, ha causado un deterioro alarmante de las infraestructuras, con sistemas de seguridad averiados, plagas constantes y módulos de aislamiento clausurados por falta de mantenimiento.

Además del hacinamiento de los 1.000 presos que allí cumplen condena, el doble de su capacidad original, y de la falta de personal que obliga a que cada funcionario tenga que controlar a 100 presos por turno, la cárcel se ha convertido en una trampa tanto para la población reclusa como para sus trabajadores.

La falta de dotación presupuestaria por parte del Ministerio del Interior ha derivado en una situación límite que obliga a sus funcionarios a hacer malabares para reorganizar a los presos, hacer frente a las ratas, convivir con moho y a realizar ajustes sobre la marcha a medida que los sistemas de seguridad van averiándose y quedando inutilizados por tiempo indefinido.

El delegado sindical de ACAIP-UGT en Alicante, Emilio José Flores, lleva años denunciando que "el centro está en condiciones absolutamente deplorables y literalmente destruido".

"La falta de dotación presupuestaria del Ministerio nos obliga a sacarlo todo adelante con un palo y una goma. Una cosa se rompe y se queda rota para siempre porque no hay dinero. El Ministerio lo encubre a pesar de estar denunciado ante Inspección de Trabajo y Riesgos Laborales", lamenta.

Construida en 1984, la cárcel ha sido durante más de 40 años el pequeño pueblo donde viven cientos de presos más de los que sus antiguas infraestructuras pueden soportar, lo que ha acelerado aún más el proceso de deterioro.

El abandono sostenido en el tiempo ha provocado "deficiencias graves, con oficinas donde plagas de cucarachas, ratas y mosquitos se van turnando en el calendario y donde el moho convive con los funcionarios".

"Es peligroso para la salud de los trabajadores, estamos respirando moho en las cabinas donde pasamos servicios de 14 horas hablando con internos o haciendo labores burocráticas", sostiene Flores.

Para el delegado, las condiciones de trabajo "son indignas" y, no solo eso, sino que provocan enormes fallos en la seguridad de la prisión.

El desgaste ha causado que haya puertas que se mantienen rotas durante años. "En el módulo de mujeres la puerta principal lleva rota más de un año; se atasca, queda abierta y las funcionarias tienen que salir corriendo detrás de las internas", denuncia.

"Es un grave problema de seguridad porque una interna podría marcharse, esconderse en los jardines y acabar en el departamento de hombres, del cual deben estar absolutamente separadas. Esto ha pasado, y si no ocurre a menudo es por la pericia de las trabajadoras", asegura el funcionario.

Peor situación se da en el módulo 7, el de aislamiento destinado a los internos de máxima conflictividad o que pueden cometer actos peligrosos, que lleva cerrado más de dos años.

"Está cerrado porque la consola central mecánica que controla la apertura de puertas y la centralita de incendios están rotas. Si hay un incendio no se entera nadie y, además, la puerta se abre de repente tras cerrarla, lo cual impide separar a los internos peligrosos para que no se ataquen", destaca con resignación Flores.

Al no tener módulo de aislamiento, los internos más peligrosos conviven en el módulo 9, el mismo departamento donde se encuentran los internos nuevos.

Si bien aclara que no se mezclan directamente, afirma que "es un encaje complicado de realizar; tienes que dejar encerrados a unos para poder mover a los peligrosos, lo que multiplica exponencialmente la posibilidad de cometer un error".

Todos estos desperfectos hacen de la cárcel de Fontcalent un peligroso cóctel en el que las posibilidades de que ocurra un accidente fatal se multiplican frente a otras prisiones más modernas, como la de Villena, y hacen que el día a día de sus trabajadores sea "meterse en una guerra civil", concluye Flores.