Feria de Otoño

Román, el último superviviente

El joven valenciano sale ileso con descaro de un lote con peligro. Cortó una oreja y saludó una ovación. Eugenio de Mora paseó otro apéndice y Juan del Álamo, espeso, libró de milagro la cornada. Mala corrida de Fuente Ymbro.

Román, después de cortar la oreja.

Román, después de cortar la oreja. Efe

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Desde el '7' desplegaron una pancarta la mar de egocéntrica para despedir a Taurodelta a las seis menos veinticinco. El adiós, pintado en azul sobre sábana blanca, lo remataba "Simón prepárate, seremos exigentes". ¿Alguien cree que hacía falta recordarlo? Esta animosa gente necesita reafirmarse hasta cuando no chillan, de cualquier modo. Se vienen tiempos divertidos. Simón Casas ya hizo un corte de manga en Nimes al tendido. Imagínense esto aquí. Le pegan fuego a la plaza con el conserje dentro.

A Román le tocó sobrevivir en la jungla de Fuente Ymbro. Las lianas, el fango en el suelo y algunos aullidos llevaban incorporados los dos toros de su lote. La corrida fue malona. Los que se movieron, lo hicieron mal. El resto, bah. 'Laminado', el tercero, era enorme. Castaño, el listón rubio marcaba en dos el lomo partiéndolo como una carretera nacional. Román lo saludó genuflexo. La verónica resultó agarrada, engarrotada, el toro no se desplazaba mucho. Él tampoco lo llevó. Como ejemplo la larga al hombro que no despegó. Lo dejó bien dos veces en el caballo al que entró con dos marchas 'Laminado', regate incluido.

El castañón iba de aquí para allá sin mostrar el ansia con el que tomó la muleta después. Tan descompuesto. Babeaba en su persecución sin descanso. Román despedía el vendaval como podía. El toro derrapaba en los finales. Algunas veces sobrepasado y otras con más mando fue agotando Román los rounds. Se quedaba en los tobillos el bicho. Hubo una tregua con la mano izquierda tras un desarme. Le perdió dos pasos y tiró de él. El toro rebañaba espinillas, fetichista de zapatillas. Volvió la lucha de embroques, vendido a pies juntos, Román se salvó. Mucha incertidumbre. Metió la mano, y por tanto el acero, y surgió la petición. Yo no vi mayoría. El presidente sí. Con algunos pitos paseó el generoso apéndice. Disposición de vuelta al ruedo.

No tuvo respiro el chaval. Qué descaro el sexto. Dos petacos -qué cateta me ha parecido siempre esta expresión- astifinísimos. Brillaban en el mate del hueso las puntas. El ofensivo tótem de Gallardo se echó a los lomos a Iturralde y montura. Rajadito, nunca se empleó. Aguantó a los banderilleros la distancia. El Sirio clavó girando en la cara parapetada, dando un cuarteo de más.

Decidido, Román se colocó para los estatuarios. Vaya trago. Esos pitones al viento. Del primero salió huido 'Emperador'. Su reino eran los chiqueros. Allí, en las rayas, sujetó el joven la acometida. Se movía el bicho en su mansedumbre. Román lo toreó con descaro por la derecha, sin la red del oficio, asumiendo su velocidad. El galimatías vino al coger el otro lado. Se había orientado 'Emperador', que olía al hombre. No dudó Román. Lo que vino fue un susto continuo. Voló por los aires el valenciano. Se levantó encantado. En un pase del desprecio, con la faena ya agotada, volvió a elevarse. La voltereta de nuevo limpia. Incruento el derrote al gemelo. Le protestaron las manoletinas, que fueron como meter la mano en un bote lleno de cristales para coger una jeringuilla. Pinchó a la primera.

Hay toreros especialistas en Madrid. Que caen bien. No al público, si no en la plaza, sobre el ruedo. Eugenio de Mora lo es. Los tendidos le responden como a un péndulo. La lidia del primero transcurrió aburrida, aletargada. No pasaba nada. Perdió las manos el toro. Los dos puyazos se hundieron en el sitio. Pronto las burbujas de sangre salieron del túnel cavernoso. En esa anestesia, Mora se echó de rodillas. El inicio ya clásico en él. Varios pases lanzando la embestida, tres muletazos en redondo y el de pecho en pie, esperando al toro para redondearlo despacio. No hubo tal conjunción en el remate, levantada la muleta en el cabezazo.

Una tanda por la derecha despertó la piedra ausente. La muleta puesta anticipaba el ole, rompía con el derechazo largo. Más bien intenso. La ligazón desde el hocico. Eugenio de Mora tiene más tiros pegados que la ventana de un bosnio. Supo enrear al toro, que embestía pesado, en una bola hacia delante. Que no pare, que diría el taurino medio. El toro se mantuvo en esas medias tintas, sin clase pero transmitía. Eficaz para el último tercio. Al natural creció la faena. Se lo pasó muy cerca, cargando la suerte, los vuelos por debajo de la pala del pitón. Pasaba por dentro el bicho y Ricardo Gallardo se salía del burladero. Volvió un par de veces a esa mano Eugenio sin el mismo resultado, acostado definitivamente el toro en la taleguilla. Resolvió con trincherillas muy toreadas y pinchó.

Apenas pudo hilvanar alguna serie con el masurrón que completó el lote. No decía nada el toro. Se iba, no humillaba. La faena no llegó a encenderse nunca.

El segundo estuvo a esto de volver a los corrales. Se desataron los pañuelos verdes donde antes había estado la pancarta. ¿Dónde los compran? ¿Serán a medida? Al final se sujetó el fuenteymbro. A punto estuvo de hacerlo también del Álamo. Cambiado el tercio, toreó fácil a la verónica. La media se cerró en la cadera, rebuscada. Luego empezaron las protestas. Se apaciguaron los ánimos cuando cogió la muleta. Desde el inicio, fue tropezada. Un espejismo los primeros derechazos, limpios. Incluso jaleados. Punteaba el toro, soltando directos por los dos pitones. Demasiados enganchones hasta que llegó el desarme. Se enfrió la actuación de una vez. No había quién levantara aquello ya. Muchos muletazos se sucedieron vacíos.

Resuelto, la verónica con la que saludó al quinto se atascaba en el brazo de salida. Aun así lo pasó. Dos remates de cartón piedra. Luego se libró. Nuevo milagro en Las Ventas. El toro blandeaba cuando se le exigía. Si no, se queda debajo con un trote cochinero. Desagradable. Los remos delanteros tenían termitas. La faena fue un borrón. Juan del Álamo puso voluntad, qué menos. Imposible, es verdad. También espesas las ideas. En un momento el pitón encontró un hueco donde sostenerse. El matador entró en la órbita y casi no se se escapa. Hizo presa del muñeco este fuenteymbro tan asqueroso. Lo zarandeó sujeto del pecho, lo embadurnó de sangre y lo dejó caer pensando que había matado. Se levantó el salmantino. Volvió a ponerse, que tiene mérito, pero no ocurrió nada.

FUENTE YMBRO/ Eugenio de Mora, Juan del Álamo y Román

Monumental de las Ventas. Viernes, 30 de septiembre de 2016. Segunda de abono. Más de media plaza. Toros de Fuente Ymbro, transmitió el 1º sin clase, se desplazó a cabezazos el 2º, un 3º encastado y a la defensiva, manso el 4º, 5º blando y sin recorrido, 6º se movió con sentido.

Eugenio de Mora, de blanco y oro. Pinchazo y espadazo desprendido. Aviso (saludos). Pinchazo suelto y estocada delantera (silencio).

Juan del Álamo, de tabaco y oro. Estocada trasera. Aviso (silencio). Pinchazo hondo atravesado. Un descabello (silencio).

Roman, de verde botella y oro. Estocada caída (oreja con división de opiniones). En el sexto, pinchazo sin soltar y estocada entera. Un descabello. Aviso (saludos).