Garzón y Espinar arrojan sospechas sobre Indra.

Garzón y Espinar arrojan sospechas sobre Indra.

Indra

Cinco agujeros de la teoría viral sobre Indra y el fraude en las elecciones

En la Jungla. La compañía pudo favorecer electoralmente al PP pero no manipulando el escrutinio, algo sencillamente imposible. 

Paolo Fava

Si no fuera una brisa fresca lo que entra por la ventana en lugar de la flamaza de verano, uno creería haber vuelto a junio de 2016 al abrir Twitter. Ha vuelto la teoría de que los resultados del 26-J fueron manipulados en interés del Partido Popular, y quién sabe de cuántas citas con las urnas más. El motivo, el registro de la empresa Indra dentro de la Operación Lezo por haber pagado presuntamente comisiones al PP de Madrid a cambio de contratos públicos. ¿Contratos de qué tipo? "¡Para contar los votos!" - señalan los dedos acusatorios.

Efectivamente Indra proporcionó el servicio que nos permitió conocer los resultados de las elecciones generales aquella misma noche y no semanas después como ocurriría si no estuvieran informatizadas. Pero el término "contar los votos" es engañoso cuando ni uno solo de sus empleados ha tocado una urna salvo si ha sido llamado como componente de una mesa. Esto no ha sido óbice para que Alberto Garzón y Ramón Espinar hayan vertido insinauciones. El senador de Podemos, seriéfilo confeso, hace incluso referencia a Black Mirror, la ficción en la que la tecnología avasalla y manipula al ciudadano.

En las últimas David Fernández, editor de La Buloteca, ha desarrollado un esfuerzo ímprobo para explicar por qué la teoría del fraude electoral a manos de Indra no se sostiene. Desde EL ESPAÑOL queremos colaborar con la pedagogía en 5 puntos:

1) El recuento electoral nunca ha dependido de Indra

Tras el 26-J se publicaron una serie de testimonios en primera persona que gozaron de cierta viralidad. "Si hubiera querido, yo mismo hubiera alterado los resultados, pues en muchos ratos del día hemos estado solos en la mesa dos personas", aseguraba en un post de Facebook el actor Christian Avilés. En realidad, el proceso es mucho más garantista. Cuando cierra el colegio electoral, el presidente de cada mesa electoral extrae los sobres de la urna uno por uno y anuncia el nombre del candidato o del partido votado, enseñando la papeleta al resto de miembros de la mesa: vocales, interventores y apoderados.

Es el momento para registrar los votos en blanco y los votos nulos, y cotejar con el censo. Una vez terminado el recuento de la urna, se anuncian los totales y se clausura. Todas las urnas del colegio pasan por el mismo proceso. Completada la suma se elabora el acta de escrutinio correspondiente. Ese es el dato que se envía a Interior y por vía telemática a Indra para que vaya introduciéndolo en la base de datos que nos permite seguir el escrutinio en directo. Las papeletas son destruidas tras la firma del acta.

El trabajo en el colegio electoral no termina hasta que todos los implicados firman el acta de sesión, que junto a los documentos del censo y la lista de votantes son remitidos en un sobre cerrado y firmado para el Juzgado. Como garantía se generan dos copias en sendos sobres cerrados de ese acta, una que también se entrega a las autoridades y otra a Correos. Este doble mecanismo de control es lo que permite contrastar la veracidad de lo anunciado en la noche electoral con lo certificado en cada mesa.

2) El Escrutinio General es público y tutelado

Aunque la tecnología nos permite conocer al ganador horas después del cierre de los colegios electorales en lo que se conoce como 'escrutinio provisional', el Escrutinio General se realiza tres días después y sobre las actas que fueron recogidas. Se trata de un proceso público organizado por la Junta Electoral en el que cualquiera, y no solo los partidos políticos, pueden denunciar las discrepancias que encuentren.

Precisamente a la condición dilatada del Escrutinio General respondió el bulo original sobre un 'tongo' electoral el pasado 26-J. Al comparar los resultados provisionales publicados en la web de Interior con las elecciones anteriores, internautas descubrieron que el censo parecía haber menguado en unos 1.200.000 votantes, curiosamente los que la unión de Podemos e IU había perdido de unos comicios a otros.

La explicación estaba en la contabilización del CERA: el Censo Electoral de los Residentes Ausentes, los españoles con derecho a voto desde el extranjero cuyos resultados tardaron varias semanas en ser validados por la Comisión Electoral sin grandes alteraciones del Escrutinio Definitivo.

3) Indra no podría haber pagado los favores con fraude

La tecnológica ya estaba bajo sospecha incluso antes de la Operación Lezo. El 20-D había perdido su sempiterno contrato para publicar los resultados electorales en favor de Scytl y Tecnocom. Curiosamente, la tecnología de ese consorcio falló aquella noche electoral e indujo retrasos, pero nadie gritó 'tongo'. Indra lo recuperó para el 26-J con una radical oferta a la baja, pero también saltándose el concurso público, algo que el Gobierno justificó por la "urgencia" de la convocatoria anticipada.

Ciertos titulares ha inducido a confusión, pero la vinculación de la empresa a las tramas de corrupción en el Partido Popular son por haber pagado comisiones para obtener los lucrativos contratos de gestión administrativa. Los investigadores de las tramas 'Púnica' y 'Lezo' indican que desde el PP de Madrid se les concedió contratos hinchados que recompensaban devolviendo una parte en forma de financiación irregular al partido: se puede acusar a Indra de intervenir ilícitamente en las elecciones de esta manera, pero no alterando el escrutinio.  

4) El fraude electoral existe pero no es informático

Como hemos visto, aunque Indra hubiera falseado los resultados del recuento provisional, hubiese quedado en evidencia a los pocos días cuando las actas se abriesen para el Escrutinio General. ¿Se puede decir que el fraude electoral no existe en España? Eso sería demasiado optimista. El fraude existe pero no es una gran conspiración sino tretas a pie de urna: el "acarreo, por ejemplo, en el que se lleva a ancianos o discapacitados con las facultades mentales impedidas a votar cuando es una tercera persona quien ha decidido su voto.

 ¿Es posible que en alguna localidad remota, como sugería el post de Christian Avilés, todos los participantes - presidentes de mesa, vocales, interventores - se conchaben para manipular el acta y sustituir la saca de voto por correo por otra? No es imposible. Pero para que esto hubiera tenido un efecto real en los resultados electorales a nivel nacional de Unidos Podemos se tendría que haber producido una conspiración que implicase a cientos de miles de personas, incluyendo a sus propios interventores.

5) La teoría fue desacreditada por Unidos Podemos

La denuncia de tongo gozó de cierta popularidad hace diez meses. Para parte del electorado era una teoría de la conspiración demasiado reconfortante como renunciar a ella. Se crearon plataformas que incluso tuvieron eco en prensa, se abrieron confusas peticiones que mencionaban noticias de desmentido como evidencias del fraude, se manipularon portadas para fingir un escándalo internacional y se convocó una gran manifestación por WhatsApp en Madrid que nunca ocurrió.

El motivo es que los propios líderes de Podemos pusieron freno a la escalada. "No ha habido fraude electoral" - pronunció Pablo Iglesias, unas declaraciones recogidas por Mónica Oltra. Con una excepción: Alberto Garzón ya había deslizado que las elecciones no se desarrollarían con limpieza, pero era al ministro Jorge Fernández Díaz, en el ojo del huracán por el caso de las escuchas en su despacho, a quien apuntaba. Ahora el coordinador de IU no ha tenido problema en rescatar la cantinela del fraude con apenas un cambio de verso, sumando a Ramón Espinar y a su tendencia a saltarse el discurso oficial de Podemos - o el suyo propio, para el caso.