Sin soltar amarras

Cinco bestias en un portal en San Fermín

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Cinco hombres, cinco bestias, violaron a una joven en mitad de los sanfermines. Como la vileza de algunos seres mal llamados humanos tiene siempre otra vuelta de tuerca, grabaron la agresión. No les bastaba con someter a una mujer al oprobio máximo. Querían dejar constancia de que lo habían hecho. Las grabaciones de un asalto son el nuevo trofeo de caza.

Dentro de un tiempo creeremos saber lo que pasó en ese portal, donde cinco salvajes abusaron sexualmente de una persona indefensa. En realidad, sólo la agredida conocerá el grado de horror, de miedo, de crueldad y de humillación que vivió durante un tiempo eterno que marcará su vida. Porque el futuro de esta chica ya no podrá desligarse de la película de terror que protagonizó a manos de esos canallas. Soy incapaz de imaginar qué puede tener en la cabeza quien es capaz de vejar de esa forma a una mujer indefensa. Me pregunto si esos tipos tienen hermanas, tienen madres, tienen novias, esposas, amigas. Si mientras pisoteaban la dignidad de una muchacha aterrada dedicaron un segundo a ver desde fuera lo que estaban haciendo, y me digo que seguramente no tuvieron ni siquiera ese mínimo ramalazo humano.

Pregunté a un penalista qué iba a pasar con ellos, y meneó la cabeza con disgusto, como si le diese vergüenza decir la verdad. Depende, contestó. Si habían consumido drogas, si estaban bajo los efectos del alcohol, una buena defensa podría encontrar atenuantes al crimen. Y también habrá que saber qué ocurrió exactamente, dijo. Porque en el festival de pánico que se desató esa noche parece tener importancia el alcance preciso del ataque. Porque legalmente no es lo mismo una violación completa que una simple agresión (simple ¡ja!), y no es lo mismo penetrar por la fuerza a una chica que sujetarla mientras lo hace otro. En el infierno de esa joven no hay matices, pero los habrá en el juicio. Pase lo que pase, los cinco desgraciados tendrán oportunidad de defenderse, de ser tratados con respeto, de ejercitar sus derechos. Pase lo que pase, verán respetadas las garantías procesales. Pase lo que pase, cumplirán su castigo en condiciones humanas. Pase lo que pase, se asegurará su integridad física y moral.

Supongo que debería alegrarme de vivir en un mundo tan civilizado. Pero duele pensar que llegará un día en que las cinco bestias habrán cumplido su pena, mientras su víctima arrastrará de por vida la condena que ellos dictaron sin piedad ni compasión. Sin la clemencia a la que apelarán ahora.