La tribuna

Revolución made in Rajoy

Javier Muñoz

Ilustración

1. Sacarle punta a cualquier decisión, nombramiento o declaración de Rajoy es como escribir la crítica de una película polaca de los años 70. Una de esas que empiezan con un plano fijo de cuatro horas de duración de un tractor oxidado azotado por la lluvia y que acaban con la imagen de un caracol escondiendo los cuernos a cámara lenta. Un auténtico suplicio malayo.

2. He visto paredes secarse con más épica que un Consejo de Ministros de Rajoy.

3. Los gobiernos de Mariano Rajoy son como los guiones de Lost: nunca se resuelve nada, nunca se aclara ningún misterio, nunca se cierra ningún enigma. Y cuando llega el esperado capítulo final, corte de mangas, los protagonistas al limbo, fundido a negro y que si quieres arroz, Catalina.

4. Viendo el nivel intelectual de nuestros senadores -hay uno que va diciendo por ahí que la diferencia entre el precio de venta y el de compra no es beneficio sino un melón de Villaconejos-, los españoles nos conformábamos con que los futuros ministros supieran sumar, restar y firmar apretando fuerte con el pulgar.

Ni Margallo... ni Levy

5. Margallo y Fernández Díaz no repiten. ¿Los motivos? En el caso de Margallo, su edad (72 años). Algunos en el PP habrán respirado aliviados. Esa manía de Margallo de ir por libre en temas sensibles (Cataluña sin ir más lejos) le convertía en lo más parecido a un trol que ha tenido jamás el PP entre sus filas.

6. Bueno, también está Andrea Levy. Ojalá le hubiera caído un ministerio a la Levy. A España no la iba a reconocer ni la madre que la parió. No, en serio, no se lo pueden ni imaginar. Y hasta aquí puedo leer.

7. La labor de Fernández Díaz al frente del Ministerio del Interior ha sido una hecatombe sin paliativos. Un puro delirio psicotrópico que habría hecho las delicias de Dalí, Buñuel y Jodorowsky juntos.

8. Fernández Díaz debería haber sido cesado fulminantemente hace ya años. Es decir si Rajoy no tuviera a gala hacer siempre lo contrario de lo que dicta el más elemental sentido común.

9. La continuidad de Cristóbal Montoro al frente del negociado de Hacienda perpetúa la ya larga y muy poco civilizada tradición española de ministros sin escrúpulo alguno a la hora de utilizar información sensible de los ciudadanos en función de sus necesidades políticas del momento. Una mala noticia, en definitiva.

Soraya y Cospedal

10. Rajoy, siempre fiel a Rajoy, sigue sin decantar la balanza a favor de la desastrosa Soraya Sáenz de Santamaría o de la inane Dolores de Cospedal. A la primera le niega la portavocía pero deja en sus manos a los espías del CNI. A Cospedal le concede Defensa, un ministerio perfectamente compatible con la Secretaría General del partido. Se lo van a tener que jugar a los chinos.

11. Cospedal es muy capaz de cascarle mantilla y peineta a los cuerpos de operaciones especiales de las Fuerzas Armadas.

12. Luis de Guindos suma al Ministerio de Economía, Industria y Competitividad pero se queda sin vicepresidencia económica. Montoro sufre algún recorte menor. Otra disputa no resuelta por Rajoy. Guindos y Montoro van a tener que jugárselo a piedra, papel o tijera.

13. La tal Dolors Montserrat, ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, es la misma Dolors Montserrat que hace apenas dos años le reprochó a Cayetana Álvarez de Toledo hablar de Cataluña “sin ser catalana”. Porque los catalanes somos pura e incomprensible física cuántica para ese pequeño cerebro de mono renqueante que almacenáis los mesetarios en la cocorota, por lo visto.

14. Que Dolors Montserrat sea ministra y Cayetana Álvarez de Toledo siga siendo a día de hoy una persona non grata en el PP es una señal muy clara de cuál va a ser la política de Rajoy con respecto al desafío independentista: mucha caricia en el lomo para los soberanistas y abandono absoluto (del tipo ahí-os-las-den-todas) de los catalanes no independentistas.

Independentismo

15. Por supuesto, el independentismo catalán le agradecerá convenientemente a Rajoy su voluntad de apaciguamiento mandándolo a freír espárragos a él, a la Constitución y a las resoluciones judiciales que no les convengan todas las veces que les plazca y unas cuantas más de propina.

16. Juntar en un solo ministerio educación, cultura y deporte, y sumarle al responsable del mismo la portavocía del Gobierno, demuestra lo poco que le importan a Rajoy la educación y la cultura.

17. Un aplauso para quien sea que haya inventado el nombre Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. Dabuti, tronco. Los milenarios esos lo van a flipar mogollón.

18. Uno de Podemos que apareció frente a la prensa descamisado porque lo del anuncio de los nuevos ministros le pilló por lo visto colgando cuadros andaba indignado porque Rajoy no ha nombrado a los ministros que habría nombrado su partido (Manu Chao, Sor Lucía Caram, Willy Toledo, Andrés Bódalo, Kim Jong-un…). ¡Menuda sorpresa se llevarán cuando descubran que el que ha ganado las elecciones es el PP y no ellos!

19. En honor a la verdad, tampoco hay ni un solo ministro de los que le habrían gustado a Ciudadanos, más allá de la continuidad de Luis de Guindos.

Rivera, pagafantas

20. Le va a costar a Albert Rivera sacarse de encima la pegajosa sensación de que entre la “responsabilidad patriótica” y el “pagafantismo” hay un paso muy corto cuando se lidia con Mariano Rajoy.

21. Ocho hombres y cinco mujeres.

22. Miren, no es cuestión de cuotas. Es que no hay ninguna diferencia de talento y de capacidad intelectual y de capacidad de trabajo que justifique ese desequilibrio en 2016.

23. Y si al menos una de esas ministras fuera alguna de las que hace unos días fueron llamadas “putas” por las hordas progresistas podemitas frente al Congreso de los Diputados, miel sobre hojuelas. Menudo mensaje sería ese.

24. El resto de los ministerios, psé. Mucha cuota territorial, mucho perfil plano (algunos lo llamarán “conciliador”) y escasísima brillantez intelectual. Los ronquidos se van a oír hasta en Moscú.

25. En resumen. Todo sigue igual para que todo siga igual. Mariano Rajoy es la némesis, la pesadilla y la antipartícula, todo al mismo tiempo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.