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La revolución

Al día siguiente del despido de Jill Abramson como directora del New York Times en mayo de 2014, Ken Auletta, del New Yorker, publicó un artículo detallando la discriminación salarial de la que la protagonista se había sentido víctima. Se titulaba "Por qué ha sido despedida Jill Abramson". Poco antes de ser relevada del puesto, la directora se había quejado al editor de que cobraba menos que su predecesor, Bill Keller, y de que ya le había pasado lo mismo cuando era jefa de la delegación de Washington en comparación con otro colega hombre. La pieza de Auletta fue una bomba en el New York Times, aún en estado de shock por el inesperado despido de la primera mujer al frente del diario fundado en 1851. Abramson ni siquiera había tenido la oportunidad de despedirse de la redacción y el editor había dado pocas explicaciones.

La reacción del Times fue publicar una pieza entrevistando a Auletta, a expertos y a varios reporteros del periódico para preguntar sobre el supuesto machismo en el diario. Algunos de los periodistas del Times criticaban a su periódico con su nombre y apellido. Otros defendían que no había discriminación, también con nombre y apellido. David Carr, la referencia en información de medios del Times, publicaba unos días después su versión de la historia, entrevistando a más fuentes y dándole una colleja a los propietarios del periódico por lo mal que habían gestionado el despido. 

“Cuando el editor del Times, Arthur Sulzberger, se puso de pie en una reunión improvisada en la redacción donde normalmente celebramos los Pulitzer, nos miramos los unos a los otros. ¿Cómo se ha convertido de repente nuestro lugar de trabajo en un episodio sangriento de Juego de Tronos? Una cosa es cotillear o quejarte de tu jefe, pero otra es ver cómo le cortan la cabeza a plena luz del día. La falta de decoro fue asombrosa”. A pesar de todo, Carr creía, por su investigación, que las alegaciones de discriminación salarial que destacaba el New Yorker eran exageradas y una “historia lateral”.

El New York Times respondió a la información del New Yorker con más información. Era un momento crítico para el Times: su peor crisis de imagen externa e interna en una década. Pero el resultado fue un ejercicio de reporterismo impecable, el que demuestra la fortaleza de un periódico que no depende ni del editor ni del director de turno.

La reacción de El País ante un artículo que incluía una frase crítica de un columnista es excepcional incluso en España. Aún me cuesta creer que sea cierto que el diario generalista de mayor tirada y difusión online en español haya cancelado su relación con el Times y obligado a la asociación de editores a cuestionar la capacidad de un diario cuya lectura diaria recomiendo a todos los que están en ese grupo (es un placer, de verdad). Yo aún decía el jueves que podía ser “casualidad” la publicación de un texto en El País sobre los problemas del Times para financiar su expansión internacional.

Lo que podría haber hecho El País es responder con información, tal vez con un artículo equilibrado, incluyendo sus meteduras de pata igual que sus aciertos. Con alguna frase crítica de trabajadores y ex trabajadores, pero presumiendo de lo mucho que aún tiene para presumir: de la publicación de los papeles de Bárcenas, de la expansión en América o de grandes reporteros como Ana Carbajosa o Carlos Cué.

Pero eso todavía no lo ha hecho ningún diario en España. No ha habido ningún medio capaz de informar con rigor sobre sí mismo. En éste hemos hecho algún intento desde nuestro comienzo, pero hasta ahora ha sido fácil porque lo que había que contar era bastante bueno.

Ojalá EL ESPAÑOL sea capaz de publicar un día artículos como los del Times tras el despido de su directora. Eso sí que sería revolucionario. El primero que lo haga demostrará lo que es de verdad un buen periódico.