La columna

La hora que nos deben

  1. Cambio de hora

Lo conocíamos como Toribio “el ingeniero” sin que nadie pudiera certificar la existencia del título, pero con la credibilidad de habérselo ganado a pulso arreglando todas las tuberías del barrio. A las siete de la mañana comenzaba su turno por cuenta ajena en una empresa de la construcción. Después de deslomarse por un sueldo ínfimo, Toribio “el ingeniero” comía un único plato de cuchara, se fumaba un pitillo y se juntaba con su hermano “el Chico” para atender todas las chapuzas que pudieran.

El hombre regresaba entrada la noche. En la cocina encontraba una cena bien rica lograda con poco dinero. Su esposa, doña Milagros lo acompañaba hasta que terminaba de cenar y juntos se metían en la cama hasta que antes de que amaneciera sonara de nuevo el despertador que marcaba las pautas de aquel ingeniero que lo mismo era fontanero. Esa era su vida y ninguno se quejaba.

Este sábado me crucé con su viuda, doña Milagros. Está viejita y arrugada. “No se olvide usted de cambiar la hora” le dije al despedirme. Supuse que la anciana no tenía ni idea de la normativa europea: “Cambiamos la hora en toda Europa”, aclaré. Doña Milagros soltó un bufido: “A mí me deben una hora de cama desde que Franco nos obligó a levantarnos a la hora de Alemania aunque aquí fuera aún de noche. Con sueño siempre se mete la pata”. Me quedé tan sorprendida que ni me planteé rebatir su argumento. Franco con aquella medida obvió que el meridiano de Greenwich, además de ser del bando aliado, atraviesa la península de cabo a rabo y por mucho que el despertador marcara una hora decente, “el Ingeniero” y su mujer despertaban sin que hubiera amanecido y alargaban la jornada hasta el infinito de forma que siempre tenían la sensación de arrastrar sueño y torpezas.

Llegamos a la noche del lunes y de repente me descubro viendo a #RajoyenTVE. El presidente que da ruedas de prensa en plasma se marca una entrevista grabada para dirigirse al país en la que se queja de la corrupción sin admitir que su partido apesta a ella, miente sobre el déficit, y defiende una creación de empleo basada en contratos de corta duración. No contento con ello se inventa ayudas a los refugiados y hasta obvia el rescate que pidió para la banca. No ha debido dormir bien nuestro presidente y ya dejó claro doña Milagros lo que nos pasa cuando tenemos sueño. El presidente no ha dejado de meter la pata.

A ver a quién reclama él la hora que le deben. A Franco fijo que no se atreve.