ELECCIONES LUSAS

Cae el Gobierno conservador de Passos Coelho en Portugal

Las fuerzas de la izquierda se unen para rechazar el programa de gobierno del primer ministro y provocan la dimisión del Ejecutivo.

Pedro Passos Coelho

Pedro Passos Coelho REUTERS

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La Asamblea de la República Portuguesa ha aprobado este martes una resolución en contra del programa de gobierno presentado por el segundo Ejecutivo del conservador Pedro Passos Coelho y provocado así su cese inmediato.

Los 123 diputados de los partidos de la izquierda han votado a favor de la moción de rechazo del programa del XX Gobierno Constitucional de la República, que ha resultado ser el más breve de la democracia lusa: ha durado sólo 10 días. El proceso de votación se alargó mucho más de lo previsto debido a una serie de errores informáticos que obligaron al recuento físico de los votos. Los diputados tuvieron que levantarse uno a uno, fila por fila, para facilitar el recuento y dejar patente su votación.

Pese a haber conseguido el mayor número de votos en los últimos comicios legislativos, celebrados el pasado 4 de octubre, la coalición conservadora formada por el Partido Social Demócrata (PDS) de Passos Coelho y el Centro Democrático Social – Partido Popular (CDS-PP) de Paulo Portas se quedó a nueve diputados de la mayoría absoluta de 116 escaños. En el que ha sido un movimiento inaudito en la historia democrática lusa, los partidos de la izquierda –el Partido Socialista (PS), el marxista Bloco de Esquerda (BE) y el Partido Comunista (PC)– se unieron para tumbar la coalición del Gobierno, con el objetivo final de promover un Ejecutivo alternativo liderado por el líder de los socialistas portugueses, António Costa.

Esta mañana los líderes de los partidos de la izquierda firmaron un pacto compuesto de dos partes: una programática, con las principales medidas comunes que se comprometen a desarrollar, y otra que asegura la gobernabilidad. Entre las propuestas programáticas, los tres partidos han acordado retirar las medidas de austeridad promovidas por el Ejecutivo de Sócrates y han pactado subir los salarios y las pensiones, paralizar la privatización de los transportes públicos y restablecer los días festivos suprimidos por Passos Coelho. Ni el BE, ni los comunistas entrarán en el potencial Gobierno Costa, pero el acuerdo firmado plasma sus respectivas intenciones de apoyarlo en la Asamblea.

El futuro político del país ahora queda en manos del Presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, que tiene tres opciones: encargarle el Gobierno a Costa, mantener el Ejecutivo de Passos Coelho en funciones hasta poder celebrar comicios nuevamente el verano que viene o nombrar un gobierno tecnocrático de iniciativa presidencial.

Tensión en la Asamblea

Aunque oficialmente habían sido convocados para debatir el programa de gobierno del primer ministro, el cierre del pacto en la noche del lunes entre los socialistas, el BE y los comunistas provocó que la sesión de este martes se convirtiera en una tensa batalla de acusaciones cruzadas entre la coalición conservadora y las fuerzas de la izquierda.

Aunque oficialmente estaban convocados para debatir el programa de gobierno del primer ministro, el cierre del pacto entre los socialistas, el BE y los comunistas la noche del lunes hizo que los diputados convirtieran la sesión del martes en una larga batalla de acusaciones cruzadas entre la coalición conservadora y las fuerzas de la izquierda.

Durante su intervención, el líder de los comunistas lusos, Jerónimo de Sousa, apuntó hacia Passos Coelho mientras hablaba de “un primer ministro que sólo inspira la indignación del pueblo, que ha hecho tanto esfuerzo para ver como lo suyo es confiscado y entregado a la banca, a los grandes grupos económicos, y no para el bienestar del país”. Por su parte, Mariana Mortágua, diputada del Bloco de Esquerda, declaró amargamente que la coalición conservadora había ejercido el poder “con arrogancia” y promovido sólo “el engaño y la manipulación”.

Cuando le tocó el turno de Costa, el aspirante a primer ministro intentó marcar un tono cordial, limitándose a destacar que, matemáticamente, los 122 diputados de los partidos de la izquierda sumaban una mayoría absoluta, y que “la antigua mayoría ha dejado de ser mayoritaria”.

Por su parte, los diputados de la derecha denunciaron las intenciones de la izquierda como una violación de “las reglas del juego”, según las cuales siempre ha gobernado el partido más votado. “Puede que sea legal, pero no es bonito”, dijo el diputado del CDS-PP Telmo Correia. “Y también sois hipócritas, habéis pactado el rechazo del programa del Gobierno antes incluso que se llegara a conocer su contenido”.

En nombre del Ejecutivo, Maria Luís Albuquerque, la ministra de Finanzas saliente, recordó los escándalos del Gobierno del socialista José Sócrates y lanzó duras críticas a las fuerzas de la izquierda. “A mí me gusta la literatura hispanoamericana y aprecio mucho el realismo mágico”, declaró Albuquerque, “pero los escenarios macroeconómicos no tienen nada de lúdico y la realidad deja claro que vuestros planes no son factibles. Espero sinceramente que vuestras medidas no provoquen el caos”.

Por su parte, el vice primer ministro saliente, Paulo Portas, aprovechó su intervención para reivindicar la victoria de la coalición conservadora en las urnas y para retar a la izquierda para que se presentara en una coalición “oficial” en futuros comicios. “Nosotros conseguimos el 38% de los votos, y los socialistas apenas consiguieron el 32%. Ganamos y no fue por sólo un poquito; perdisteis, y tampoco fue por sólo un poquito”.

Portas también descartó futuras alianzas con los socialistas, en caso de que no funcione la colación entre las fuerzas de la izquierda. “La derecha ya tuvo que actuar como los bomberos y venir a vuestro rescate dos veces. Sois pirómanos del régimen y nosotros no seremos cómplices de vuestra política”.

El último en hablar fue Passos Coelho, quien auguró la inestabilidad de un Ejecutivo que depende de tres partidos unidos exclusivamente por “la misión de derrocar al Gobierno que ganó las elecciones”, y prometió seguir cumpliendo con sus compromisos con Portugal desde la oposición.

También hizo eco de las palabras de Portas, quien juró llevar a cabo una labor de oposición absoluta a la izquierda, sentenciando que “quien hoy vota para derrocar al Gobierno legítimo no tiene legitimidad para pedir ayuda más tarde exigiendo un sentido de responsabilidad y patriotismo”.

Manifestantes a ambos lados de la Asamblea

Fuera del Palacio de São Bento, sede de la Asamblea, un amplio cordón policial separó dos manifestaciones enfrentadas: quienes se oponían a la moción de rechazo al programa de Passos Coelho y quienes afirmaban la constitucionalidad de la apuesta de Costa. Posicionados a ambos lados del edificio de la Asamblea –apropiadamente, los pro-Costa a la izquierda, los pro-Passos Coelho a la derecha–, ambos grupos se mostraron pacíficos a lo largo de la tarde y corearon lemas a favor o en contra del Gobierno saliente. El único incidente registrado fue la agresión a la diputada socialista Isabel Moreira, quien alegó haber sido sacudida por manifestantes pro-Passos Coelho al salir de la Asamblea.

Entre los manifestantes de la izquierda la alegría era palpable y muchos hablaron de las posibilidades del futuro bajo un Ejecutivo socialista. “Por fin tendremos la oportunidad de salir de la austeridad y empezar a crear las condiciones para que vuelvan nuestros jóvenes emigrados”, explicaba Maria Tomasa, jubilada, que viajó desde Setúbal para mostrar su apoyo a António Costa. “No podíamos seguir con más recortes”.

“Tampoco entiendo por qué se están manifestando los otros”, añadió para después parar al oír a los manifestantes del otro lado corear el himno nacional. “Es una cuestión de aritmética simple. La izquierda tiene los diputados suficientes para formar una mayoría estable. No hay más que decir”.

Al otro lado de la Asamblea, quienes se manifestaban a favor del Ejecutivo de Passos Coelho irrumpieron en pitadas al confirmarse la aprobación de la moción de rechazo al programa del primer ministro y su consiguiente dimisión.

“Para mí, lo de hoy es un Golpe de Estado”, declaró Duarte Seabra, empresario lisboeta de 27 años. “Constitucionalmente será legal, pero me parece peligrosísimo que en pleno siglo XXI estemos dispuestos entregar el Ejecutivo a un partido que esté aliado con los comunistas y los marxistas antieuropeos. Tengo mi propia empresa y me preocupa que ahora se pongan a jugar con mi dinero, a lanzar programas sociales carísimos sin tener en cuenta de dónde sacarán los fondos para pagarlos”.

Nelson Augusto, arquitecto de Torres Vedras de 25 años, también se mostró frustrado. “Los votantes no dieron una mayoría a los socialistas; les dejaron sin ella para que pactaran con los conservadores, para que se creara un gobierno de centro. Nadie quería un ejecutivo de la izquierda que pueda poner en duda las relaciones con Europa y el presupuesto del Estado”.

“Costa es un derrotado, perdió las elecciones. Ha hecho esto para salvar su pellejo, pero sólo logrará hundirnos, y encima no logrará su objetivo de gobernar. Sus socios provocarán su caída. Nunca cumplirá el mandato de cuatro años”.