Israel- Palestina

Las seis lecciones de paz de Isaac Rabin para el presente

Se cumplen 20 años desde el asesinato del primer ministro israelí que firmó el acuerdo de paz más importante del conflicto.

Rabin (i) con Clinton (d), Mubarak y el rey Hussein antes de firmar en 1995.

Rabin (i) con Clinton (d), Mubarak y el rey Hussein antes de firmar en 1995.

Es el general que abandonó las armas y desde la política consiguió firmar el mayor acuerdo de paz jamás conseguido entre palestinos e israelíes. Tras ocupar la cartera de varios ministerios (incluido el de Defensa), Isaac Rabin fue uno de los impulsores de los Acuerdos de Oslo de 1993 junto al líder palestino Yasir Arafat y su ministro de Exteriores, Shimon Peres.

Pero no todos se alegraron por aquella firma. Este 4 de noviembre se cumplen dos décadas desde que un integrista judío lo asesinara. Ahora, la tercera intifada, la de los cuchillos, ha dejado 73 palestinos y 10 israelíes muertos en un mes de enfrentamientos violentos. Si no hubiera sido asesinado, la historia habría sido bien distinta y no estaríamos presenciando esta situación, asegura Meir Margalit, historiador e investigador del think tank israelí Instituto Van Leer. Estas son las herramientas que le sirvieron a Rabin para conseguir un proceso de paz exitoso:

Decisiones pragmáticas

“Más que perdón -que es un concepto muy católico-, lo que Rabin hizo fue un serio análisis de cuáles eran las mejores alternativas y llegó a la conclusión de que para estabilizar y fortalecer un Estado de Israel judío, democrático y moderno había que hacer la paz con los palestinos ya que no existía ninguna posibilidad de victoria militar de una parte y de la otra”, resume Mario Sznajder, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Durante su carrera militar había abierto camino a Jerusalén para el Estado de Israel en sus inicios, había participado en múltiples batallas y había negociado los armisticios con Egipto. Al ocupar el cargo de primer ministro en 1992 guió su política con un pragmatismo alejado de ningún deseo de venganza. En su discurso de aceptación del doctor honoris causa de la Universidad Hebrea de Jerusalén recordó a los caídos, pero señaló que toda victoria en una guerra tiene sentido si lleva hacia la paz, recuerda Sznajder.

No todo depende de las fuerzas armadas

“Lo que Netanyahu es incapaz de aprender de Rabin es a ser pragmático y a entender que la seguridad de Israel depende no del poder militar, sino de la paz con sus vecinos”, comenta Margalit. “Precisamente una persona que fue durante toda su vida un general, es el que entiende que la fuerza tiene sus limitaciones. Él vio gente morir, el precio que se paga por mantener los territorios y el precio que vamos a seguir pagando si no hay paz”.

“Tenía una capacidad de decisión estratégica [que] Netanyahu hasta el momento no ha demostrado”, comenta Sznajder. “No pensaba como un político. Rabin tenía una cualidad generacional, la de los fundadores. Una generación para la cual el bien público, el patriotismo y la existencia del Estado estaba mucho más allá de cualquier interés personal, económico, privado o lo que fuera”. Sznajder lo define como un gran estadista, que anteponía el bien común de Israel al suyo propio.

Respeto al derecho internacional

El representante de la delegación oficial palestina en España, Musa Amer Odeh, considera a Rabin un “gran líder, comprometido con la paz”, que buscaba respetar el derecho internacional. Esa justicia es la que reivindica Odeh para que la paz sea posible: sin ocupación (la ONU establece que los territorios ocupados por Israel desde 1967 son asentamientos ilegales).

En los Acuerdos de Oslo se estableció precisamente la devolución de los territorios ocupados, la creación de un gobierno interino palestino y la solución de los dos estados.

Pero el subdirector del Centro Palestino de Derechos Humanos, Hamdi Shakkura, critica que en la práctica no fue así, no solo tras la muerte de Rabin, sino también durante el resto de su mandato. Asegura que durante el mandato de Rabin en el poco tiempo que tuvo tras la firma de ese inicio del proceso de paz, continuó con la política de ocupación y represión contra el pueblo palestino, que califica de crímenes de guerra. “¿Quién dice que Oslo sea un verdadero proceso de paz? Se planteó con la perspectiva del revés”, opina indignado.

Tender la mano al enemigo

Cuando Isaac Rabin formalizó el acuerdo de paz con Yasir Arafat apadrinados por Bill Clinton en Washington, no solo le estrechó la mano a su “enemigo acérrimo, aunque no le cayera bien personalmente”, comenta Sznajder. También estaba junto al rey Hussein de Jordania, que había sido un enemigo bélico con quien acabó trabando una estrecha amistad. Pero además, lo hizo aliado con su ministro de Exteriores y contrincante político dentro del Partido Laborista, Shimon Peres.

“Oslo es la cúspide de esta lucha por la paz. Para él fue muy difícil, a pesar de que él entendía que era histórico. A nivel muy profundo era general y hizo un esfuerzo sobrenatural”, opina Margalit.

Clinton destacó en un acto conmemorativo reciente los valores que según él, Rabin defendió además de la paz: la libertad, la democracia y la aceptación de quienes son diferentes. "Siempre rechazó tomar el camino fácil, que era negar los hechos evidentes", dijo el expresidente de EEUU según recoge EFE. Recordó que "cuando firmó los acuerdos de paz en septiembre de 1993 dijo a los palestinos: 'Estamos destinados a vivir juntos en el mismo suelo, en la misma tierra'".

El chaleco antibalas no está de más

“Lamentablemente, su último error fue no tener una cabeza blindada. Él no pensaba que un judío podría dispararle”, señala Margalit. Sznajder recuerda lo describe como un hombre valiente al que su carácter honesto le traicionó el 4 de noviembre de 1995.

Solo habían pasado dos años desde los Acuerdos de Oslo, un mes desde la firma de los Acuerdos de Oriente Medio sobre el Control de Cisjordania y un año después de obtener el Nobel de la Paz junto a los demás firmantes. Perdió la vida a manos de un radical judío, Yigal Amir. Dicen que el chaleco antibalas lo habría salvado y la historia habría sido muy distinta.

Musa Amer Odeh culpa a Netanyahu y los suyos de haber alimentado el odio por parte del sector más radical judío en Israel que desembocó en el asesinato. “Fue responsable de la campaña en las calles incitando [un sentimiento] contra él”, opina.

Sznajder no está de acuerdo. Cuenta que durante una manifestación presidida por Netanyahu y otros líderes del Likud desde un balcón, aparecieron pancartas con Rabin vestido de los SS alemanes, como traidor de Israel. “Pero eso no era responsabilidad de los que estaban en el balcón, sino responsabilidad de todo el Estado. En Israel hay más allá de la derecha de Netanyahu, una derecha mucho más extrema, que es violenta, asesina, religiosa, nacionalista, mesiánica (que creen que hay que asentar toda la tierra bíblica). Eso no se tomó en cuenta. Espero que se haya aprendido”.

Actuar antes de que la realidad lo impida

Margalit comenta que “tal vez el error de Rabin hubiese sido no haber acelerado un poco más el proceso de paz; podría haberse dado el lujo de devolver más territorios, ir un poco más rápido”. Y es que su asesinato desembocó con la subida al poder de Benjamin Netanyahu en mayo de 1996, defensor del empleo de la fuerza militar y la expansión de los asentamientos.

Si hoy estuviera vivo, no habría estallado la intifada, toda la historia habría sido distinta, coinciden ambos analistas israelíes. También el representante de la delegación oficial palestina en España: “Hoy tendríamos paz”. Su compatriota, Shakkura, no lo ve así: “El Partido Laborista (al que pertenecía Rabin) nunca fue un defensor de la paz, fue quien empezó con los asentamientos”. Sí concede que éstos se intensificaron tras la desaparición de Rabin.

“Nos falta una persona así”, subraya Sznajder. “Pero aunque surja una persona con las mismas cualidades, el proyecto como existía a principios de los años noventa está muy maltratado por todo lo que sucedió desde entonces”.