Los secretos de la investidura de Aznar

Veinte años de la 'amarga victoria': a La Moncloa a través de la negociación

Jaime Mayor Oreja, Iñaki Anasagasti e Ignasi Guardans cuentan los secretos del acuerdo del PP con CiU y PNV.

José María Aznar junto con Jordi Pujol.

José María Aznar junto con Jordi Pujol.

Dos meses y un día fue el tiempo que el Partido Popular necesitó para convencer a Coalición Canaria, CiU y PNV de que había llegado la hora de José María Aznar. El 3 de marzo de 1996 el PP ganó las elecciones pero, como el 20D, se quedó lejos de la mayoría absoluta. Rápidamente, Aznar montó un equipo negociador encabezado por Rodrigo Rato, Jaime Mayor Oreja y Mariano Rajoy, que hoy ni siquiera ha sido capaz de elegir a sus 'hombres de confianza' para enviarlos en busca del apoyo que necesita para gobernar. Las cesiones se negociaban en reservados de hoteles, en la casa particular del propio Aznar y hasta en Burgos.

Twitter no existía, solo se filtraban las reuniones que convenía y había contactos de todos con todos. Una cena en el Majestic en Barcelona selló el acuerdo, pero en ese tiempo hubo días en los que Aznar creía que no podría ser presidente del Gobierno. EL ESPAÑOL rememora aquellos frenéticos sesenta días de negociaciones con Jaime Mayor Oreja (PP), Ignasi Guardans (CiU) e Iñaki Anasagasti (PNV), tres políticos que formaron parte activa de aquellas reuniones que culminaron con la llegada de José María Aznar al Palacio de la Moncloa, que consiguió agotar la primera legislatura y lograr una holgada mayoría absoluta en las elecciones del 2000.

La carta a los Reyes Magos

En el PP nadie puso entonces un pero a la letra pequeña de aquel pacto, que supuso un nuevo sistema de financiación que ahora ya nadie quiere, que las Comunidades participaran en la Agencia Tributaria y tuvieran capacidad normativa sobre impuestos cedidos y compartidos hasta conseguir la cesión del IRPF, suprimir el servicio militar obligatorio y sustituir los históricos gobernadores civiles por subdelegados provinciales.

“Nosotros escribimos la carta a los Reyes Magos. Carles Campuzano (CiU) propuso pedir que se eliminase el servicio militar obligatorio y algunos de los nuestros dijeron: ¡qué burrada! Pero al final no pasó nada, y ahora nos echamos las manos a la cabeza porque se quieran eliminar las Diputaciones”, recuerda hoy Guardans, que entonces era un jovencísimo diputado en el Congreso. “Pujol quiso implicarnos a todos, porque la negociación tenía que incluir temas de agenda de Madrid”.

Al equipo negociador de Aznar no le costó conseguir el apoyo de los cuatro diputados de Coalición Canaria. Todos sus esfuerzos se centraron en convencer a Jordi Pujol, que eligió a Joaquim Molins para que negociase si los 16 diputados de CiU respaldarían a los 156 de Aznar. La primera reunión entre Pujol y Aznar se produjo en un molino reformado propiedad de Rodrigo Rato. Pujol llegó en secreto y sin escolta. Aunque al principio no quería el acuerdo, fue más fácil convencerlo que romper el muro de los vascos, con Anasagasti y Juan José Ibarretxe al frente de los avances.

El respaldo del frente canario y el catalán fue suficiente para sacar a Felipe González de la Moncloa, “pero no nos conformábamos. Nosotros queríamos incluir al PNV, porque entendíamos que teníamos que pactar con el bloque nacionalista entero, si no sería una legislatura muy inestable”, recuerda ahora Mayor Oreja, la persona que consiguió el apoyo de los nacionalistas vascos en el último minuto del partido.

Rato, de Ibarretxe: "Sería un magnífico ministro"

Para conseguir la presidencia, el PP llegó a plantear la entrada de CiU en el Ejecutivo cediéndole un ministerio, pero declinaron la oferta y las negociaciones pivotaron sobre un gobierno del PP. “Se nos pidió que pusiéramos encima de la mesa temas importantes que afectaran sobre la acción del Gobierno. No se trató de poner el programa electoral de uno y otro y ver en qué coincidía, como hacen ahora Albert Rivera y Pedro Sánchez”, rememora Guardans.

Los conservadores también cotejaron las intenciones de los vascos. “Rodrigo Rato estaba encantado con Ibarretxe, me comentó que sería un magnífico ministro y me preguntó: '¿por qué no nos lo prestáis?'”, reconoce ahora Anasagasti. Fue a finales de abril de 1996, mientras Aznar blindaba su primera legislatura con la cena en el Majestic en Barcelona, cuando Juan José Ibarretxe cerró el acuerdo con Jaime Mayor Oreja. “Mientras Aznar y Rato viajaban a Barcelona, les dije que quería intentarlo por última vez con el PNV, creía que podíamos hacer un esfuerzo final sobre la ampliación de la capacidad normativa del concierto”, cuenta ahora Mayor Oreja.

Se vieron en el hotel Landa, en Burgos. El tiempo estaba limitado porque Ibarretxe tenía que volver para coger un tren desde Hendaya hasta París para desconectar con su familia. “Nunca me dio el sí, pero encontré la fórmula. Le dije: si no tengo ninguna llamada tuya cuando llegue a Madrid, doy por bueno el acuerdo”. Y no le llamó. Ibarretxe telefoneó a Anasagasti. “Me dijo: hemos llegado a un acuerdo, yo me voy con mi familia a París, ahí os apañéis”, rememora el vasco.

Arzalluz: "Le toca a Aznar formar gobierno"

El domingo 3 de marzo de 1996 fue el de la sonrisa congelada. Todo estaba preparado en el balcón de la calle Génova para que el nuevo presidente saludara a sus fieles. Los escándalos de los GAL, Roldán, Filesa, etcétera, vaticinaban una victoria segura a la derecha española, que ganó por los pelos a Felipe González. Fueron Federico Trillo y Rodrigo Rato quienes escucharon en el coche las primeras valoraciones de Arzalluz. “Parece que el PP ha ganado las elecciones. No tiene mayoría, pero le toca a Aznar formar gobierno”. Aquella afirmación en boca del presidente de un partido nacionalista tenía mucha enjundia, y así se lo dijeron a Aznar, que tardó menos de un día en descolgar el teléfono.

“A mí me llamó Rato, y cerramos una primera reunión para el jueves”, recuerda hoy Anasagasti. El primer contacto fue en el despacho del popular. “Me dijo que teníamos que mirar al futuro, no revolver el pasado, y buscar acuerdos”. También se insinuó la posibilidad de que un vasco entrara a formar parte del Gobierno de Aznar. “Nuestro no a la investidura lo tienes seguro. Trabájate la abstención”, contestó. Al mismo tiempo, los socialistas Joaquín Almunia y Alfredo Pérez Rubalcaba se interesaban por las cesiones que hacía el PP a cambio de conseguir la investidura.

La primera reunión entre PNV y PP se produjo el 14 de marzo. Por un lado, Ricardo Ansotegi, Juan María Ollora, Ibarretxe, Anasagasti y Joseba Egibar. Por el otro, Rato, Cristóbal Montoro, Mayor Oreja y Mariano Rajoy, siempre pegado a un inmenso puro. “Hablamos de todo sin concretar nada. Aquello parecía más una tertulia que un primer escarceo negociador”. El objetivo de los conservadores era cerrar el acuerdo primero con CiU y Coalición Canaria sin comprometerse previamente con el PNV.

La entrevista secreta de Aznar y Pujol

Aquel domingo, Jordi Pujol se entrevistó con Aznar durante cuatro horas, aunque previamente habían filtrado que no se iban a ver. El entonces president de la Generalitat le entregó un documento con sus pretensiones, mientras Felipe González calentaba el ambiente desde Linares (Jaén), donde predijo que volvería a ser presidente en dos años. “Vamos a ver un gobierno que no gobierna y que nos va a devolver la mayoría”. El lunes, Aznar quiso hacerle llegar a Arzalluz el documento que el PP entregó a Pujol, “muy genérico y tibio”. Quedaron en verse el jueves y hablarlo personalmente.

Nadie paró de trabajar, ni siquiera el festivo día de San José. Arzalluz llamó a Pujol y Rato a Anasagasti. El 20 de marzo, al final, los del PNV entregaron su documento al PP y Pujol confesó a Arzalluz que tenía serias resistencias internas para dar el apoyo al PP. Lo más importante del día fue la comida regada con un vino Vega Sicilia que mantuvo Arzalluz en la casa particular de Aznar. “Le dijo que todo era transferible salvo la Seguridad Social para no romper la dichosa caja única, pero del resto se podía todo”, cuenta Anasagasti.

Los socialistas se ponían nerviosos conforme conocían detalles de los avances en la negociación. José Bono, entonces presidente de Castilla-la Mancha, telefoneó a Anasagasti “para decirme que nos apreciaba mucho, que él estudió en Bilbao y que nunca había dicho nada contra los nacionalistas”. El sábado 23 de marzo, el negociador de CiU, Joaquim Molins, viajó desde Barcelona hasta Bilbao para verse con Arzalluz, que le dijo que la ocasión la pintaban calva mientras Molins detectaba una gran resistencia en su partido para pactar con el PP. “Arzalluz le dijo que había que ir poco a poco y que se iría de menos a más”.

Otra de las grandes preocupaciones de Aznar era que la apertura de las Cortes Generales se hiciera en un acto conjunto Congreso-Senado en presencia de los Reyes y con un gobierno socialista en funciones sentado en el banco azul. “Le parecía esperpéntico”, recuerda Anasagasti. El miércoles 27 se celebró la sesión constitutiva de las Cortes y, por la tarde, hubo sesión negociadora. “No querían abordar el asunto de los GAL. Nos dijeron que eso, al final de la legislatura”. Mientras el PSOE cedía senadores al PNV para que pudieran formar grupo parlamentario, Jordi Pujol y José María Aznar se reunían en secreto.

Las consultas con el Rey

El 1 de abril se reunió de nuevo la comisión negociadora de CiU y PP, “pero la negociación iba muy lenta y de momento seguían diciendo que no”, recuerda Mayor Oreja. Es la misma impresión que tenía Aznar, a quien Arzalluz recomendó hacer penitencia esos días, que coincidían con la Semana Santa. Tras el paréntesis vacacional, empezaron las consultas con el Rey Juan Carlos I. Iñaki Anasagasti recuerda la conversación con el monarca. “Sin mayoría absoluta, Pujol siempre tendrá al que gobierna en Madrid por el cuello aunque no lo ahogue. Vosotros tenéis un estilo distinto. Vais al grano y no se os saca del piñón fijo”.

Le tenía aprecio a González, de quien creía que era un andaluz muy saleroso, pero pensaba que venía bien el cambio de partido en el gobierno. Lo que más le sorprendió a Anasagasti de aquella reunión es que, al hablar de la negociación, el Rey le dijo que no era ningún disparate la transferencia de la Seguridad Social. “Si está en el Estatuto, ¿por qué no?”. UGT y Comisiones Obreras, que estaban a la expectativa, empezaron a presionar y a amenazar porque se oponían a que el PP cumpliera todo el Estatuto vasco, incluido el paquete social, como quería el PNV.

Pero la caja única seguía siendo intocable para Aznar, aunque los sindicatos amenazaron al PP con frenar el diálogo social si pactaba con el PNV. El presidente de Unió, Josp Antoni Duran, confirmó a Anasasgasti que Pujol quería que se produjera la investidura de Aznar cuanto antes. “No le comenté a Duran que ya teníamos cerrado un acuerdo sobre el segundo operador de telefonía Euskaltel porque el PP nos había pedido mantener ese asunto en secreto”, recuerda ahora Anasagasti.

La presión de los sindicatos hizo mella en la negociación posterior. Se acercaba la semana final para llegar a acuerdos y Mayor Oreja también mostraba su preocupación, porque en una reunión del PP sobre el acuerdo con el PNV solo se habló tres minutos. El lunes 22 de abril, los del PNV acordaron presentar un texto de mínimos circunscrito solo a la investidura, nada de pacto de legislatura. Desde allí se le envió el texto a Aznar, que habló dos veces con Arzalluz. Comenzaron las prisas.

La semana decisiva

El martes, Aznar le replicó a Arzalluz el contenido de la oferta y éste le prometió estudiarla. El miércoles 24 los diputados del grupo vasco dijeron que, si se celebraba en ese momento la votación de investidura, votarían no y que la pelota estaba en el tejado del PP. Aznar y Arzalluz se enzarzaron en un tira y afloja, aunque el PP reculó y anunció una nueva redacción. Ese mismo día, Aznar se veía con Pujol, que le dio el sí definitivo.

El jueves 25, hartos de aquella negociación, PNV convocó una rueda de prensa para anunciar el bloqueo de la situación. Aquello encendió las luces rojas del despacho de Mayor Oreja, que se dedicó a llamar a diversos dirigentes del PNV para buscar una solución. De ahí que propiciáramos una reunión en Madrid de Ibarretxe con Mayor Oreja, donde hablaron de una nueva redacción de la propuesta hasta las dos de la madrugada. A la vuelta, Ibarretxe preparó varias fórmulas de acuerdos.

El fin de semana se produjeron decenas de llamadas de tal forma que el camino estaba ya muy trillado cuando el lunes 29 se reunieron, en el restaurante Landa, el vicelehendakari Ibarretxe y Jaime Mayor Oreja. Entre los dos llegaron al acuerdo definitivo y por fin se anunció que el PNV apoyaría la investidura de José María Aznar como presidente del gobierno español. Actualización del concierto económico, apoyo a la formación continua y devolución del patrimonio incautado con motivo de la guerra eran el meollo del sí.

El martes 30 de abril se escenificó el acuerdo en la sede de Génova. Arzalluz quería que Aznar firmase el documento, pero el líder del PP tiró de gracia para decirle que los vascos como ellos (Aznar presumía de que su padre había nacido en el País Vasco) tenían palabra y dio firmado el documento poniendo su mano sobre la carpeta verde que recogía el acuerdo. Después de la rueda de prensa, Aznar y Arzalluz y parte de sus equipos negociadores cenaron en el restaurante Jockey. Brindaron por el acuerdo entre PP y PNV todos, Rato con la copa vacía.

“Hubo sentido de Estado, lealtad, responsabilidad. Lo importante era negociar. Ahora hay mucho teatro y mucho ruido”, cree Guardans. “La situación de entonces no se parece nada a la actual, porque en aquellos momentos todo empujaba a que los nacionalismos querían un acuerdo con el PP. Ahora quieren acuerdos con todos, menos con el PP”, considera Mayor Oreja. El debate de investidura se celebró los días 3 y 4 de mayo. Aznar hizo un discurso de centro reformista, tipo UCD. Allí anunció que se eliminaban los gobernadores civiles y la mili, que modificaría la ley de Costas y la de Puertos, que devolvería el patrimonio incautado por la guerra, que actualizaría el concierto económico y que plantearía el diálogo como método de trabajo, además de desarrollar el Estatuto de Gernika. “Nos restregamos los ojos, parecía que aquello iba en serio”. Y José María Aznar se convirtió en presidente del Gobierno, un cargo que ostentó hasta la irrupción de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004.