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Londres marca el final de la era dorada del tenis

Por primera vez en 14 años, la Copa de Maestros echa a andar sin Roger Federer ni Rafael Nadal, confirmando la extinción de la histórica rivalidad que deslumbró al mundo del deporte.

Rafa Nadal y Roger Federer en la presentación de la academia del primero.

Rafa Nadal y Roger Federer en la presentación de la academia del primero. Reuters

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Una aficionada suiza se detiene delante de un enorme cartel de Stan Wawrinka y duda si hacerse una foto, algo que finalmente no sucede. “RF”, puede leerse en el centro de la sudadera que lleva puesta, completamente ocupada por las famosas siglas del campeón de 17 grandes, reconocibles en el mundo entero. “Planifiqué el viaje hace mucho”, explica con marcado acento francés. “Vengo de Friburgo, tenía las entradas compradas para varios días desde antes del verano y esperaba ver a Federer aquí”, añade con una media sonrisa. “¿Cuántos años llevaba jugando consecutivamente? ¿10? ¿11? ¿12?”, se pregunta. “Otra vez será, espero”.

Ocurre una fría tarde de noviembre a las puertas del coloso O2 Arena de Londres, donde este domingo arrancó la Copa de Maestros con la victoria de Novak Djokovic (6-7, 6-0 y 6-2 al austríaco Thiem) y con la de Milos Raonic (6-3 y 6-4 a Gael Monfils) para completar el Grupo Ivan Lendl en el día inaugural de la competición, a falta de que el lunes debuten Andy Murray (contra el croata Cilic) y Stan Wawrinka (ante Kei Nishikori).

El torneo, que reúne a los ocho mejores jugadores del año, nació con la atractiva pelea por mantener el número uno al cierre de la temporada (en manos de Andy Murray y Djokovic), pero con una inevitable sensación de vacío: por primera vez en 14 años (desde 2001) no juega Roger Federer ni tampoco Rafael Nadal.

La ausencia de la histórica pareja de contrarios es un mazazo que se suma a todas las marcas negativas acumuladas durante un curso que el suizo terminó tras Wimbledon (decidió parar y recuperarse de sus lesiones en la rodilla y en la espalda) y que el español también cerró después de la gira asiática, obligado nuevamente por los problemas en la muñeca izquierda que le forzaron a retirarse en Roland Garros, estando casi tres meses apartado del circuito.

En consecuencia, Federer y Nadal acabarán 2016 fuera de los cinco mejores de la clasificación (incluso lejos de los ocho, en función de los resultados de la Copa de Maestros) y no se enfrentarán entre ellos tras más de una década (12 años seguidos) jugando al menos una vez cada campaña (con las seis de 2006 como récord). Metidos en la treintena (35 Federer, 30 Nadal), el tiempo juega en contra de ambos y confirma la tendencia iniciada años atrás: el final de una era legendaria es una realidad y que haya vuelta atrás es casi un milagro.

“Es algo que viene pasando hace tiempo, aunque quizás se ha confirmado este año”, cuenta Carlos Moyà, exnúmero uno mundial y ahora entrenador de Milos Raonic. “Mayoritariamente es por culpa de las lesiones. Obviamente, es parte del juego, una consecuencia del paso del tiempo”, prosigue el mallorquín, que perdió la final de la Copa de Maestros de 1998 contra Àlex Corretja. “Estando sanos sería distinto. De hecho, Nadal estaría clasificado. O Federer, que ha jugado siete torneos este año y es el número 16 del mundo”, sigue.

“Cuando hablamos de grandes jugadores de la historia como ellos… es que no puedes descontarlos de nada. Tengo el ejemplo de Sampras. El último torneo que jugó ganó el Abierto de los Estados Unidos, y eso que venía de hacer tres meses malísimos. El resumen es que no puedes descartar a los grandes de la historia”, repite el mallorquín.

“Eso se acabó hace tres o cuatro años, desde que Djokovic empezó a dominar el circuito”, coincide Feliciano López, que este lunes abrirá su participación en dobles junto a Marc López. “Los partidos han sido entre el serbio y Murray casi siempre, al menos el 80% de ellos. La rivalidad Federer-Nadal se cortó bastante desde que Novak empezó a dominar y Andy a mejorar”, insiste el toledano. “Al final, el tenis tiene momentos y épocas diferentes, pero confío en que Roger y Rafa tengan algo que decir. Evidentemente, Djokovic y Murray van por delante, pero será interesante ver cómo se encuentran Federer y Nadal y si logran recuperarse”.

Federer y Nadal en la presentación de la academia del segundo.

Federer y Nadal en la presentación de la academia del segundo.

No ganan, pero nadie les descarta

La reflexión compartida por Moyà y López es un aviso bien claro. Federer no gana un Grand Slam desde 2012 (Wimbledon) y Nadal desde 2014 (Roland Garros), pero eso no les cierra la puerta a conseguirlo en el futuro. Nadie en el vestuario apostaría un céntimo en contra de que eso ocurra, aunque tras cada torneo que pasa la dificultad de la gesta se multiplica por dos, y ahí están las estadísticas para confirmarlo.

Algo, en cualquier caso, está fuera de todo debate y subraya la trascendencia de los ausentes en Londres. Pese a jugar sólo siete torneos en 2016, Federer volvió a ser elegido el jugador preferido de los aficionados, y van 14 años seguidos (¡14!). Un disparate sin comparación alguna.

“No sorprende”, asegura Moyà. “Es un icono, y no sólo del tenis, también del deporte, de la elegancia. Son jugadores que sobrepasan un poco el deporte en sí”, dice el campeón de un grande. “Es como si pones a Michael Jordan a jugar dos partidos en la NBA y se hace una votación. Pues posiblemente ganaría el premio al más querido de la competición. Nadal es algo parecido también. Son jugadores que van a permanecer en el tiempo y en la memoria, da igual que jueguen o no”.

“Si eso pasase”, le sigue Feliciano, “Jordan sería el más votado seguro. Nunca habrá otro jugador como Federer, yo siempre se lo digo a todo el mundo. Aunque aparezca alguien que gane más, Federer ha marcado una época con su forma de jugar y con su estilo, al margen de todos los títulos que tiene. Nunca habrá nadie que juegue al tenis como Federer”.

En Londres, mientras Murray y Djokovic discuten por el trono de la clasificación, el mundo se acuerda inevitablemente de Federer y Nadal, los dos que han librado una rivalidad brillante, irrepetible y prácticamente sepultada tras muchas tardes mágicas.