MASTERS DE SINGAPUR

Muguruza y la urgencia de la regularidad

A los 23 años, la española cierra 2016 tras ganar su primer grande en Roland Garros, pero con la necesidad de ser más constante para aspirar a cosas importantes en el futuro.

Muguruza, ante Kuznetsova en Singapur.

Muguruza, ante Kuznetsova en Singapur. EFE

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“Prefiero ganar un Grand Slam todos los años y no ganar ni un partido más, solamente un grande. Seguro. Como si dejo la raqueta en mi casa, pero yo ya he ganado un Grand Slam. Es algo muy especial y creo que muchas jugadoras también dirían eso, pero si encuentro un poco el balance sería lo ideal”. Antes de marcharse de Singapur, celebrando con el puño en alto el final de su año al acabar de atender a los periodistas españoles, Garbiñe Muguruza destapó una confesión previsible: aunque para ser la mejor necesita constancia, hilar varias actuaciones buenas y no perderse en la inmensidad del calendario, sellaría un pacto de sangre para repetir lo que ha hecho en 2016.

La española, que remontó este viernes 3-6, 6-0 y 6-1 a Svetlana Kuznetsova en la Copa de Maestras un partido en el que no se jugaba nada (saltó a pista sin opciones de llegar a las semifinales después de perder los dos primeros encuentros, con un botín de puntos y dinero como única recompensa), puso fin a la temporada más importante de su carrera sin bajarse de la montaña rusa a la que se subió en enero.

“Está claro que la regularidad es importante”, reflexionó Muguruza, que esta misma noche se montará en un avión y volverá a España para iniciar sus vacaciones. “Hay gente que lo es cada semana y gente que lo es menos, pero consigue hacerlo en torneos más importantes”, continuó. “Forma parte de ello. Para estar arriba del todo tienes que tener una serie de victorias y puntos que llegan tras ganar muchos torneos importantes o siendo regular cada semana”.

Muguruza cierra 2016 con 35 victorias y 20 derrotas, cinco de ellas a la primera (Brisbane, Dubái, Indian Wells, Mallorca y Wuhan). Salvo el título de Roland Garros, la española no ha pasado de la segunda semana en los otros tres grandes (tercera ronda en el Abierto de Australia, segunda en Wimbledon y en el Abierto de los Estados Unidos) y tampoco ha llegado a ninguna otra final (semifinales en Roma y Cincinnati). El efecto de su primer Grand Slam, además, ha provocado el peor escenario posible: desde París, Garbiñe ha ganado 13 partidos y ha perdido 11, un balance pírrico para alguien destinada a dominar el circuito.

Esa constancia que no encuentra Muguruza es la base sobre la que Angelique Kerber ha construido su asalto al trono de Serena Williams, a la que apartó del número uno del mundo tras 186 semanas consecutivas de tiranía. La alemana, campeona del Abierto de Australia en enero, necesitó un tiempo para asimilar lo que había conseguido y cuando lo hizo se volvió inabordable: celebró el título en Stuttgart, llegó a la final en Wimbledon, se colgó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, alcanzó la final en Cincinnati, ganó su segundo grande en el Abierto de los Estados Unidos y ahora pelea en Singapur por el último trofeo del año después de superar invicta la fase de grupos.

A diferencia de la alemana, despierta para aprovechar la crisis de Serena, Muguruza empezó la temporada al tran trán y cuando ganó Roland Garros se encontró de frente con un mundo nuevo, el que tanto deseaba y el que examinó una a una todas las emociones que le rondaron por la cabeza hasta volverlas en su contra, provocando un colapso tras otro en cada partido.

“Sinceramente, ha sido un año muy loco, pero en el buen sentido. No lo cambiaría”, confesó la número seis del mundo. “Emocionalmente me ha quitado mucha energía porque me ha costado un poco saberlo llevar. Ha habido momentos buenos y momentos malos, pero me servirá para el próximo curso”, avisó la española, que ahora se someterá a un tratamiento en su maltrecho tobillo izquierdo y estará sin jugar entre tres y cuatro semanas. “Cada año que pasa las cosas te afectan menos porque tienes una base más sólida. Al principio es más complicado, pero poco a poco eso va cambiando”.

Así, y sin pensar todavía en 2017, Muguruza se despidió de Singapur para irse de vacaciones corriendo, un período que comenzó al salir por la puerta de la sala de prensa y que debería servirle para poner un orden que necesitará cuando llegue enero. La próxima temporada, bien lo sabe Garbiñe, es clave para empezar a construir el futuro que por potencial le pertenece desde hace tiempo.