TENIS

16 cosas que aprendimos del circuito WTA en 2016

La victoria de Dominika Cibulkova en la Copa de Maestras bajó el telón de una temporada marcada por el liderazgo de Kerber, el histórico Roland Garros de Muguruza, con una española en lo más alto del tenis otra vez, o el dopaje de Sharapova.

Muguruza celebra su victoria en Roland Garros en este 2016.

Muguruza celebra su victoria en Roland Garros en este 2016. EFE

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El llanto incontrolable de Dominika Cibulkova fue el fin de fiesta perfecto. En Singapur, la eslovaca celebró en el suelo su victoria en la final de la Copa de Maestras (6-3 y 6-4 a Angelique Kerber en un partido de una sola dirección) y echó el cierre a la temporada, pese a que la próxima semana se jugará otra cita Zhuhai con la presencia de las 12 mejores que no se clasificaron para Singapur.

Con el año consumiéndose mientras el vestuario piensa en las vacaciones y también en la pretemporada, estas son las 16 cosas que aprendimos del circuito WTA en 2016.

NUEVA LÍDER

Angelique Kerber puso fin a las 186 semanas que Serena Williams llevaba como número uno del mundo y se convirtió en la segunda alemana tras Steffi Graf en alcanzar la cima del circuito. Sus dos primeros grandes (Abierto de Australia y Abierto de los Estados Unidos), la final en Wimbledon o la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro le fabricaron la escalera que recorrió para llegar a lo más alto. Aunque no pudo cerrar la temporada ganando la Copa de Maestras de Singapur, el broche soñado, su 2016 es para enmarcar.

LA TERCERA ESPAÑOLA GRANDE

A los 22 años, Garbiñe Muguruza se convirtió en Roland Garros en la primera campeona española de un Grand Slam desde Arantxa Sánchez Vicario (1998, precisamente en ese mismo escenario), la tercera de siempre. Muguruza acabó en la final con Serena, la rival con la que cayó una temporada atrás en la pelea por el trofeo de Wimbledon, y se disparó hacia el número dos de la clasificación, su techo hasta ahora. Luego pagaría el peaje, acumulando un balance de 13 victorias y 11 derrotas el resto del año, pero con la condición de campeona de Grand Slam grabada para siempre.

AL FIN, AL MISMO NIVEL QUE GRAF

Serena Williams dejó escapar sus dos primeras oportunidades para igualar el histórico récord de 21 grandes de Steffi Graf, una marca que llevaba tiempo olfateando. La estadounidense perdió las finales del Abierto de Australia (contra Kerber) y de Roland Garros (ante Muguruza), en parte empujada por la enorme presión con la que tuvo que lidiar. En Wimbledon, a la tercera oportunidad, la estadounidense consiguió algo inevitable en lo que gastó mucho tiempo y energías: sumar 21 coronas de la máxima categoría, ponerse a la altura de la legendaria alemana y despejar aún más su camino hacia el infinito.

LA CAÍDA DEL IMPERIO

Con el rostro blanco como una pared, Maria Sharapova anunció el pasado 7 de marzo en Los Ángeles que no había superado un control antidopaje realizado tras caer en los cuartos de final del Abierto de Australia meses atrás. Así, la rusa dio positivo por meldonium y se enfrentó a una sanción inicial de dos años, rebajada luego a 15 meses (podrá volver a jugar el próximo 26 de abril de 2017). Sharapova se defendió argumentando que no había leído los avisos de la WADA (Agencia Mundial Antidopaje), pero el daño ya era difícilmente evitable: el imperio que había construido durante tantos años en la élite se desmoronó en un parpadeo. Nike, TAG Heuer, Porsche y algunas de sus otras marcas le dieron la espalda nada más enterarse de la noticia.

UNA CHICA DE ORO

Mónica Puig se colgó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y automáticamente entró en la historia de su país: ningún atleta de Puerto Rico había ganado antes el máximo metal en una cita olímpica. Para lograrlo, Puig escribió la mejor semana de su vida, eliminando a rivales superiores con facilidad (Anastasia Pavlyuchenkova, Muguruza o Petra Kvitova) y dando un golpe encima de la mesa en al gran final, inclinando a Kerber en un cruce donde las emociones pesaron por encima de la raqueta.

A VECES, EL TAMAÑO NO IMPORTA

Con 1,61m. de altura, una rareza en un circuito lleno de jugadoras altísimas y con grandes palancas (así es como los entrenadores se refieren a las tenistas con brazos largos y piernas similares), Dominika Cibulkova se proclamó campeona de la Copa de Maestras llevándose por delante a Angelique Kerber. La eslovaca, con el ritmo de un tren de alta velocidad, desarboló en la final del torneo a la número uno, que está entre las tres mejores defensoras del circuito sin ninguna duda. En consecuencia, Cibulkova demostró que ser pequeña no se puede solucionar, pero sí puede suplirse con intensidad, garra y agresividad, lo que ocurrió durante toda la semana en Singapur.

TRAS LA ESTELA DE SERENA

La clasificación de Madison Keys para la Copa de Maestras de Singapur, donde cayó en la fase de grupos, significó algo más que la recompensa a la mejor temporada de su carrera. Con 21 años, la estadounidense lleva varias campañas fabricándose un hueco entre las mejores del circuito, siempre a la inevitable sombra de Serena. Si la lógica se cumple, Keys seguirá compitiendo y todavía tendrá mucho camino por delante cuando Williams (35 años) diga adiós. En ese momento, cuando la campeona de 21 grandes ya no esté, le tocará dar un paso al frente para el que lleva mucho preparándose: será la estadounidense que fijará toda la atención.

LA HIERBA FLORECE EN MALLORCA

Al levantar el título de campeona, Caroline Garcia confirmó lo que parecía imposible hace unos años: que España albergase un torneo WTA sobre hierba con éxito. En Mallorca, y en pleno verano, se celebró la primera edición de una cita que contó con Muguruza, Ana Ivanovic o Eugenie Bouchard. Con el respaldo de Toni Nadal, y bajo la dirección de los dueños de Stuttgart y Viena, el torneo se instaló en Santa Ponsa para obrar el milagro de jugar sobre hierba en un país con cultura cerrada por la tierra batida.

EL FINAL DE SANTINA

Después de año y medio jugando juntas, Martina Hingis y Sania Mirza pusieron fin a su aventura como pareja de dobles, asombrando al mundo entero con la decisión. Desde el punto de vista de los resultados, la ruptura fue incomprensible: Hingis y Mirza protagonizaron una tiranía de 94 victorias (41 consecutivas) y 16 derrotas, con 14 títulos en 17 finales, incluyendo tres coronas del Grand Slam (Wimbledon y Abierto de los Estados Unidos en 2015, Abierto de Australia en 2016). El adiós de Santina, nombre con el que los aficionados bautizaron a la pareja, jugando con los nombres de Sania y Martina, llegó en la Copa de Maestras de Singapur: pese a que se separaron en agosto, las dos volvieron a unir fuerzas en el último torneo del año para intentar defender el título de 2015, meta incumplida tras caer en semifinales frente a Ekaterina Makarova y Elena Vesnina y escribir el último capítulo de un dobles asombroso.

LA VERDADERA ESPERANZA BRITÁNICA

Ni la prometedora Laura Robson, ni tampoco la decidida Heather Watson. La irrupción de Johanna Konta cambió de dirección las miradas de los aficionados británicos. Nacida Sídney y entrenada por Esteban Carril (técnico español), Konta se plantó en las semifinales del Abierto de Australia a principios de temporada y empezó a avisar de lo que vendría después. El título en Stanford o la final en Pekín terminaron abriéndole las puertas del top-10, donde no había una compatriota suya desde 1984 (Jo Durie). Ahora, y con 25 años, tiene tiempo por delante para soñar con el desafío de ganar un Grand Slam y relevar a Virginia Wade, última británica en hacerlo (1977 en Wimbledon).

LAS GANAS PUEDEN CON TODO

Ni tener 31 años, ni tampoco haber disputado cinco veces la Copa de Maestras en su mejor época (campeona en el Abierto de los Estados Unidos de 2004 y en Roland Garros 2009), frenó a Kuznetsova en su idea de hacer un esfuerzo titánico. La rusa estaba obligada a ganar en Moscú para conseguir la última plaza de Singapur. Soportando esa enorme responsabilidad, Kuznetsova lo consiguió y se marchó corriendo al aeropuerto a subirse en un avión privado para ir directamente a Singapur (la noche del sábado). Sin tiempo para nada, apareció en la pista el lunes y se exprimió durante los tres partidos de la fase de grupos, que superó con holgura (como primera de grupo) pese al cansancio y todo lo que llevaba encima. Cayó en semifinales, pero dio una lección evidente: con ganas todo es posible.

DULCE FRENAZO

Victoria Azarenka consiguió poner al vestuario de acuerdo: después de iniciar el año como un tiro, con el título en Brisbane y ganando luego Indian Wells y Miami consecutivamente, todas sus rivales coincidieron en que la bielorrusa acabaría siendo número uno del mundo tras dejar atrás sus lesiones y ponerse a tono pensando en 2016. Sin embargo, y después de una discreta gira de tierra batida, Azarenka anunció que estaba embarazada, provocando un dulce frenazo a su meteórica ascensión y aplazando su regreso a las pistas hasta 2017, cuando compita tras haber sido mamá.

RECOMPENSA AL TRABAJO SILENCIOSO

Finalmente, y tras mucho tiempo de sacrificio silencioso, Carla Suárez consiguió en Doha el título más importante de su vida y accedió también a su mejor posición en la clasificación (número seis). A los 27 años, la española se repuso de un mal inicio ante la joven Jelena Ostapenko y levantó el primer Premier 5 del año, la corona más valiosa de todas las que tiene. La canaria, que por segundo año se quedó muy cerca de clasificarse para la Copa de Maestras, consiguió afianzarse en los grandes escenarios, a falta de conseguir un gran resultado que termine de disparar su meritoria carrera.

EL DESPLOME DE UNA NÚMERO UNO

A principios de septiembre, tras caer a la primera en el Abierto de los Estados Unidos contra Denisa Allertova, Ana Ivanovic cerró su temporada abruptamente, asegurando que no competiría más para recuperarse de los problemas físicos que había sufrido durante el año. La serbia, que llegó a ser número uno mundial y ganó Roland Garros en 2008), está hoy muy lejos de aquellos días. Ubicada en el puesto número 64, y pese a que todavía es joven (28 años), Ivanovic ha perdido el aura de campeona que se ganó a pulso.

LA INCÓGNITA DE WOZNIACKI

Fuera de las 50 mejores. Así llegó Caroline Wozniacki al Abierto de los Estados Unidos, en una situación parecida a la de Ivanovic. Envuelta en una crisis de resultados, la danesa cambió la dinámica en Nueva York, donde alcanzó las semifinales (perdió con Kerber), dejando el torneo con otra cara bien distinta. En mitad de esa recuperación, su padre deslizó la posibilidad de una posible retirada a final de año, algo que hasta este momento no se ha producido. Wozniacki, que sigue en línea ascendente desde entonces, ganó el título en Tokio y también en Hong Kong, demostrando que todavía (26 años) puede pelear con las mejores.

DOS MUNDOS, LA MISMA JUGADORA

El relampagueante inicio de año de Belinda Bencic levantó una catarata de piropos en el circuito. La suiza, tenísticamente criada bajo el mano de la madre de Hingis, arrancó de dulce y llegó a Dubái estrenando condición de top-10, algo increíble a su edad (19 años). El efecto que tuvo ese nuevo estatus fue devastador para Bencic: con las lesiones a cuestas, lidiando buena parte de la temporada contra ellas, la suiza perdió 10 veces a la primera (incluyendo Dubái) y se desplomó en la tabla hasta el 43 del mundo, con mucho trabajo por hacer en 2017 para recuperar el nivel de sus mejores días.