SEGUNDA DERROTA DEL BARÇA

La peor defensa en años

El Barcelona no logra mantener su portería a cero. Sin Messi, firman su peor inicio en diez años.

Piqué durante una acción del partido. /Efe

Piqué durante una acción del partido. /Efe

Nueva derrota, mismos problemas. La actuación defensiva del Barcelona es ya su talón de Aquiles sufriendo en sus redes con excesiva dificultad las acciones ofensivas rivales. Algo preocupante para un equipo que con la baja de Leo Messi no es tan fiable en el área rival, y que debe responder mejor en el apartado defensivo. Ante el Sevilla los palos se tornaron en pesadilla, evitando los goles de un conjunto que además se mostró frágil atrás. Los hispalenses, con poco más que Gameiro y el balón parado, marcaron dos goles ante los que no hubo remontada posible.

La grave situación defensiva no depende sólo del guardameta. Claudio Bravo, que aparecía como la solución frente a los fallos de Ter Stegen, volvió a la titularidad frente al Sevilla y encajó dos goles sin demasiada oposición. La falta de un sistema que potencie el ámbito defensivo y el rendimiento de los zagueros, con constantes rotaciones y repitiendo sólo dos veces la línea defensiva, son las principales causas de los desajustes en defensa.

Los goles recibidos en las dos supercopas fueron los primeros síntomas de un problema que pasó su estado crítico en la derrota por 4-1 frente al Celta. Los ejemplos más extremos de las dificultades blaugranas, que diferencia al actual campeón de todos los títulos al equipo visto en otras temporadas, en el que la posesión de la pelota y el buen hacer de los hombres defensivos permitían estar al Barcelona entre los equipos menos goleados. Prueba de ello son los seis trofeos Zamora obtenidos por porteros del Barcelona en los últimos diez años, siendo el último el obtenido el curso pasado por Claudio Bravo.

Nueve goles encajados en siete partidos de Liga, siendo de los equipos que más goles han recibido en lo que va de campeonato. La cifra impresiona más incluso teniendo en cuenta que el año pasado encajaron 21 en 38 encuentros del campeonato. Sin duda fue esa fortaleza la que propulsó al equipo blaugrana para convertirse en el ganador del torneo, ya que aunque marcó 110 tantos, no fue el equipo más goleador de la competición doméstica.

El equipo de Luis Enrique tenía a Vermaelen como el gran fichaje del verano. La vuelta del belga tras la lesión de la temporada pasada parecía una solución para reforzar al equipo y fue titular en los primeros partidos de temporada, llegando a dar la victoria a los suyos con un gol en el partido frente al Málaga. Su lesión a mediados de septiembre trabó los planes de su técnico. No eran las únicas circunstancias adversas para el entrenador en la parcela defensiva, que tuvo que sobreponerse a la sanción de cuatro partidos a Piqué y las bajas de Jordi Alba y Dani Alves por lesión.

A ello hay que sumar las rotaciones de Luis Enrique, que ha dado entrada a hombres como Sergi Roberto. Precisamente el canterano ha sido el que más ha respondido sobre el campo y pugna por convertirse en el lateral derecho titular con el que fuera uno de los mejores del mundo en esa demarcación, Dani Alves. Se trata de una posición en la que también ha dado minutos a Adriano y Mathieu.

Dani Alves no ha sido el único que ha jugado menos minutos de los previstos. El brasileño partía como seguro en una teórica defensa fija que no ha llegado a ser tal cosa. Junto a Piqué, Mascherano y Jordi Alba, parecía una defensa para recitar de memoria al anunciar las alineaciones, pero todavía no han coincidido sobre el césped como titulares en doce partidos. Fruto de ello todos los hombres de la zaga han tenido oportunidades, con Bartra llegando a los 125 minutos jugados, misma cantidad que Vermaelen.

Muchas variaciones y probaturas para un equipo que no acaba de encontrar la clave ni un sistema que le aporte seguridad. Sólo en dos ocasiones de los doce partidos Luis Enrique repitió línea defensiva. No hay cuatro hombres en los que depositar su confianza para montar una base sobre la que construir el resto del equipo. Si a la falta de acierto a los hombres de arriba, se le añade la preocupación por los goles encajados, la mezcla produce un equipo al que le queda mucho trabajo por delante para volver a ser campeón.