Homenaje

Javier Krahe, el filósofo que España no tuvo en cuenta

Hace más de un año que se fue el poeta ácrata. Sus amigos subrayan su figura a fuerza de libro y concierto, recuerdos y zozobras.

El cantautor Javier Krahe.

El cantautor Javier Krahe. EFE

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Javier Krahe podía dibujarse triste, verga en mano, intentando masturbarse pensando en Elena o en Irene -o saltando del recuerdo de una al de la otra-, pero, al final, la verdad emerge igual que la eyaculación: se daba cuenta de que lo harían mejor los dedos de ellas. Se rompía y se dejaba hacer puzzle con sus propios añicos -con saliva y besos, y olé que ole-; o se fumaba un cigarro que aún no era el de después -"es anterior, por eso mismo lo destaco"-; o paseaba una pancarta con el nombre de Marta por el desierto; o le pedía divorcio cívico a la democracia.

Tuvo una suerte por la que el resto nos pasamos la vida luchando: contó con el valor de hacer siempre lo que le dio la gana. Es el imaginario del anarquista, el savoir faire del intelecto salvaje, la tarita del inadaptado. Fue siempre un viejo interior lucidísimo, doloroso de tan sardónico, que contemplaba el chiringuito desde fuera, apoyado en la barra del mundo. Con una especie de ojo cósmico. Rítmico. Pagano. Agudo. Libre.

Tuvo una suerte por la que el resto nos pasamos la vida luchando: contó con el valor de hacer siempre lo que le dio la gana

Hace poco más de un año que murió el único de La Mandrágora al que el tiempo le ha conservado la pureza. Alberto Pérez desapareció del panorama, Sabina se hizo mayor y atiborró Las Ventas, parió las canciones más hermosas del mundo,se alineó a diferentes causas políticas. Joaquín con la ceja; Krahe con la ceja levantada, persistiendo en la acracia. En la sala pequeña. Cocinando el cristo que toque.

Por eso este domingo, 20 de noviembre, a las 20.00 h., sus amigos y su banda se reunirán en uno de esos templos discretos, la Galileo, para hacerle unos chinchines. Un montaje sencillo para un hombre en el que "la palabra era el único efecto especial". El Gran Wyoming, Eva Hache, Sabina, Pablo Carbonell, Quequé, Tomasito, Carmen Linares, Dani Flaco... y, cómo no, sus tres jinetes de las tablas, Javier López de Guereña, Fernando Anguita y Andreas Prittwitz.

Lo que se fue con Krahe

También se presentará el libro Zozobras completas, con todas las letras de su biografía, además de tres temas inéditos -que se quedaron sin publicar-, sonetos de Sabina, guiños de Wyoming y un prólogo de Tomás y Valiente. Será un rosario lento de las cosas que España perdió con Krahe. Un power point de su insobornable filosofía. Cuenta Fernando Anguita -contrabajo del cantautor y tótem más antiguo de su banda: 35 años de romance- que lo conoció en Zahara de los Atunes.

Lo llevó Alberto Pérez para que colaborase en Valle de lágrimas. "Íbamos hacia él en una furgoneta a 50 por hora, sin fumar y sin abrir la ventanilla, que si no, no andaba ni a 50... yo pensaba 'dónde me está metiendo el tío este, no fastidies, llevamos día y medio de viaje'...", evoca. "Entonces llegamos y vi a Javier, ahí en su patio, completamente en pelotas, regando un arbolillo cochambroso con la manguera. Fue flechazo a primera vista".

Llegamos a Zahara de los Atunes y vi a Javier, ahí en su patio, completamente en pelotas, regando un arbolillo cochambroso con la manguera. Fue flechazo a primera vista

Tenía miedo Anguita de lo metódico que era Pérez -"mira que este es muy trabajador, decía yo, nos quería poner a ensayar a las nueve de la mañana..."-, pero con Krahe le sobrevino un "me salvo": "Había un mes entero por delante para hacer el disco. Así que dejamos allí a Alberto y nos fuimos a tomar vinos y a conocernos". Otro espectáculo empezaba cuando acababan los conciertos. "Era para vivirlo. Era para escuchar sus conversaciones. Acababa derrotando a su interlocutor, por su capacidad y porque estaba hasta arriba de whisky", evoca.

Joaquín Sabina y Javier Krahe.

Joaquín Sabina y Javier Krahe.

También patentó algo bautizado por sus compadres como "terapia Krahe": "Era lo más cruel y efectivo del mundo. La utilizaba cuando alguien venía lloriqueando por algo: joder, estoy fatal, me ha dejado mi mujer... y Javier acababa rápido: tu mujer está ahora mismo follando con otro. Entonces el tío saltaba '¡qué hija de puta!', y Javier le decía '¿ves? No te merece'. Le daba la vuelta a la tortilla con mucha gracia. Siempre decía '¡Y qué hacemos! ¿Nos ponemos todos a llorar o pasamos página?".

Bendita antigüedad

El humorista Quequé, que también participa en el homenaje, conoció al cantautor en Mallorca, pero se reencontraron en Madrid, en un show de Riki López. "Yo no hablé nada, lo recuerdo. Escuché todo lo que decía Javier, muy atento, y porque me daba apuro tomar nota o grabarle", relata. "Él fue mi primera noción musical, la cinta de La Mandrágora sonando en el Renault 5 de mi padre". Recuerda lo divertido que era Krahe. Y lo generoso. "Invitó él a todo el whisky con la frase 'no, no, pago yo, que soy muy solvente'", ríe.

Javier Krahe y los miembros de su banda, organizadores de su homenaje.

Javier Krahe y los miembros de su banda, organizadores de su homenaje.

Además de Y todo es vanidad y Eros y civilización, tal vez su canción favorita del maestro sea señor Juez, que "no es de las más conocidas, pero tiene una letra muy brillante: se mete con algo que está muy de moda, que es el paternalismo: viene a decir que no sabe uno si es peor ser machista o paternalista". Dice Quequé que con Krahe se murió una forma de hacer canciones, un estilo. Que vivió una época en la que se hacían las cosas de forma diferente, y que, probablemente, ya no era un hombre de este tiempo, pero que "bendita antigüedad".

A mí me llama la atención que en la música actual, lo que más se acerca a Krahe es el rap. Por el nivel contestatario, aunque menos fino e irónico, y por el gusto por el castellano

"A mí me llama la atención que en la música actual, lo que más se acerca a Krahe es el rap. Por el nivel contestatario, aunque menos fino e irónico, y por el gusto por el castellano". El humorista señala que el ser tan ácrata, el ir tan a su bola y no venderse le costó a Krahe "seguramente un par de casas y un jaguar, pero eso lo ganó en respeto". 

Democracia ausente

Obviando el franquismo, su primer conflicto en democracia fue ese Cuervo ingenuo del PSOE. "Aquello no le hizo nada de gracia a Felipe González. Aquel PSOE era muy parecido a lo que es ahora Podemos. Es decir, hay casos no de corrupción, pero sí de cosas feas... y parece que si simpatizas con ellos hay que hacer como que está todo bien", reflexiona Quequé.

"Es como si Krahe en ese momento hubiese dicho '¿la OTAN?, pues tampoco pasa nada, lo importante es el socialismo'. Y sí pasa. Claro que pasa. Pero la libertad y el decir lo que te da la gana en cada momento cuestan caro". Le gustaba la democracia, claro, aunque estaba como ausente -con su disfraz parlamentario, con sus listas cerradas, con su Rey tan prominente, sus escaños marcados a ocultas de la gente a la luz del lingote y del rosario-. Como ahora.

Lo peor de Javier era antes de desayunar, porque se ponía de mal humor cuando tenía hambre. Lo mejor era todo lo de después

A Javier López de Guereña -guitarrista, productor y amigo- Krahe se le murió en los brazos. Lo tiene en la cabeza canturreando jotas y zarzuelas en el coche, mientras conducía. Kilómetros y kilómetros y palique y palique, apretados. "Lo peor de Javier era antes de desayunar, porque se ponía de mal humor cuando tenía hambre. Lo mejor era todo lo de después", sonríe. A partir del año 92, López de Guereña y su familia -numerosa- le invadían la casa a Javier en vacaciones. "Una cosa que el pobre hombre soportaba con paciencia y poco agrado era la irrupción de los móviles", dice, con guasa. "Se quejaba de que no paraban de hacerle fotos y de que nunca la hacían a la primera. '¡Antes, al menos, venía alguno con una cámara...!".

Qué alegría que la posteridad fuese, al final, un puñado de amigos que hablan de ti como del tipo flaco que se hizo leyenda aspirando tabaco y repartiendo verdades sencillas. Ya sabía Krahe que no irían las palomas a rociar una estatua suya en forma de excrementos. "Y es una pena, la verdad, porque sería muy bonito seguir de adorno en mi ciudad sobre un bloque de granito...".