Música y leyenda

El último baile de Michael Jackson

Se cumplen 15 años del último concierto del Rey, el hombre que lo aunaba todo: la moda, el baile, la música y hasta el debate racial y político. Su herencia no ha dejado de latir en todo el pop actual. 

Michael Jackson en su último concierto

Michael Jackson en su último concierto

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Camiseta blanca, holgada. Pantalones negros. Un hombre en la sombra, bajo una tenue iluminación azulada. De una maleta saca una chaqueta, también negra, con un brazalete blanco. Calcetines claros, zapatos oscuros. Siempre, el blanco y el negro, los colores que rodearon de polémica la figura de Michael Jackson. Así se presentaba el Rey del Pop en el Madison Square Garden el 10 de septiembre de 2001, en la que sería su última actuación.

Sus pasos sonaban por el escenario, rotundos y elegantes, alejados de la comodidad silenciosa de la suela de goma. El artista se calzaba un inconfundible sombrero. La música aun no había comenzado a sonar, y el público ya se mostraba alborotado. “Los guantes, el sombrero... Jackson se convirtió en una silueta”, dice el fotógrafo de moda Ramiro E., en referencia a una forma de moverse, de vestirse. En el Madison Square Garden, la música aun no sonaba. El público gritaba. Y Jackson se movía, giraba, daba unos pases de baile, precisos, sensuales.

Moonwalk y revolución

Michael Jackson revolucionó la puesta en escena de los conciertos, convertidos en un espectáculo para la multitud gracias, sobre todo, a artistas como él y como Madonna. Lo hizo, entre otras cosas, a través del baile, a través por ejemplo de un paso tan emblemático como el “moonwalk”, cuando Jackson se deslizaba hacia atrás, paso a paso, con suavidad, como si patinara por una pista de mármol. Luis Cerveró, director de publicidad y vídeoclips, recuerda aquel paso: “Fue una bomba atómica. La primera vez que lo hizo en televisión, la gente enloqueció. Era algo completamente nuevo e incomprensible. Y la innovación en el baile siempre tiene un efecto viral”. También resalta la singularidad del baile de Michael Jackson: “Bailaba de una manera única, irrepetible, hipnótica. Y, por encima de todo, era algo natural en él”. Algo que comparte Ramiro E., cuando recuerda que Uri Geller contaba que Jackson se puso a bailar en plena proyección de una película.

Fue una bomba atómica. La primera vez que lo hizo en televisión, la gente enloqueció. Era algo completamente nuevo e incomprensible. Y la innovación en el baile siempre tiene un efecto viral

La coreógrafa Tuixén Benet ofrece un posible (y gracioso) origen para la forma de moverse del Rey del Pop: “Creo que su manera de bailar está influenciado por este baile de Bob Fosse, mi director y coreógrafo favorito”. En él, Fosse, que encarna a Snake, viste de negro, sombrero, guantes, y sus piernas son largas, su figura larguirucha. La forma, sinuosa, elegante, alargada, da la razón a Benet: Fosse parece una silueta, la prefiguración del Jackson más animal. La escena pertenece a El pequeño príncipe, una versión del cuento de Saint-Exupéry dirigida por Stanley Donen y coreografiada por el propio Fosse. Era 1974, y Michael Jackson debía tener unos dieciséis años.

Del pasado de Bob Fosse, al presente de artistas como Justin Bieber o Britney Spears. Cerveró señala una diferencia entre la manera de entender el baile y de incorporarlo en el espectáculo de Jackson y la de las nuevas generaciones: “Tengo la sensación de que algunos artistas actuales se esfuerzan por bailar. Ves las horas de gimnasio, de clases, de ensayo en sus bailes, mientras que él lo hacía sin esfuerzo aparente. Era una forma de expresión pura. Por esto mismo, su integración del baile en la puesta en escena de sus directos era algo lógico y honesto”. Cerveró dirigió el vídeoclip de Marilyn Monroe, de Pharrell Williams y apunta, precisamente, al cantante de la exitosa Happy como el que “más aproxima a su concepción melódica y a sus composiciones pegadizas”. En cambio, en cuanto al baile, en cuanto a esta integración orgánica de la danza en el espectáculo, señala a Justin Timberlake.

Influjo en Beyoncé

La influencia de Michael Jackson en el pop actual es rotunda e interminable. Hace apenas unos meses, Beyoncé se presentaba en el intermedio de la Superbowl ataviada con una chaqueta de cuero negra con dos cintas doradas en forma de X, que cruzaban su torso. Cerveró resta importancia al guiño de Beyoncé a Jackson, y apunta que “para llegar a entender por qué Beyoncé vistió una doble cinta de balas doradas en la Superbowl primero deberíamos llegar a entender por qué lo hizo Jackson en su gira de Dangerous en 1993, y no creo que nadie haya llegado tan lejos en un esfuerzo de reflexión ni en el mundo de la moda, ni en el de la música pop”.

El crítico musical Jaime Casas cree que el recuerdo por parte de Beyoncé fue más allá de lo anecdótico: “fue un homenaje justo. Beyoncé y su marido, Jay Z, son dos de las estrellas más poderosas de la industria del entretenimiento masivos. Siendo negros, no hubieran podido llegar nunca donde han llegado si no hubiera existido Jackson, que rompió las barreras de la raza en la industria musical. De hecho, diría que hasta en la idea misma del capitalismo. O del liberalismo, teniendo en cuenta que su momento de mayor prestigio fueron los años ochenta, cuando Reagan gobernaba un país al que todavía le costaba entender la cultura negra”.

Michael Jackson lo aunaba todo: la moda, el baile, la música, incluso el debate racial, y por ende político

Michael Jackson lo aunaba todo: la moda, el baile, la música, incluso el debate racial, y por ende político. En este 2016, incluso el cineasta Spike Lee, luchador infatigable en favor de la causa negra, ha tramado un documental que resalta los primeros años de carrera de Michael Jackson.

A camino entre el concierto y el espectáculo para televisión (la CBS estaba implicada en el asunto), a aquella actuación del Madison asistieron un sinfín de personalidades, dispuestos a ver al Rey del Pop. Después, vino el desfile de fechas. Aquellos conciertos en Nueva York en septiembre de 2001 recibieron el nombre de “The Michael Jackson: 30 Anniversary Special”, pues conmemoraban la fecha en que se separó profesionalmente de sus hermanos. Un día después del segundo show del 10 de septiembre, aquel que pasaría a la historia como el último concierto de Jackson, se producía el atentado contra las Torres Gemelas, también en la ciudad de Nueva York. Y, unos años después, en 2009, el artista moría, antes de poder llevar a cabo ninguna de las actuaciones que tenía programadas, en una gira llamada, proféticamente, "This Is It”.