Nutrición

Son sanos, pero no superalimentos

Semillas de chía, kale, quinoa... El lenguaje en torno a la comida incluye ahora términos jamás mencionados en España, que parecen prevenir todos los males. ¿Son para tanto?

Ilustración: Ana Yael

Ilustración: Ana Yael

Quinoa, kale y chía son tres términos que a mucha gente le suenan, literalmente, a chino. Para otros, sin embargo, son parte de un culto no establecido como tal: el de la adoración a los llamados superalimentos. Se trata de una palabra de la que no existe definición oficial, según el Consejo Europeo de Información Alimentaria (EUFIC), pero que lleva algunos años protagonizando numerosos titulares en los medios de comunicación. La versión inglesa de la Wikipedia habla de ella como un "concepto de marketing", pero para muchos se trata de la clave para adelgazar, vivir más y, sobre todo, mejor. 

EL ESPAÑOL ha hablado con una defensora a ultranza de este tipo de alimentación y un dietista crítico con la corriente de su repentina fama en países occidentales. Pero ambos coinciden en algo: los llamados superalimentos no son una bala mágica para la prevencion de enfermedades, ni mucho menos para su cura. Se trata de comidas muy sanas y beneficiosas, pero siempre en un contexto general de hábitos saludables. 

La mexicana Beatriz Larrea se define a sí misma como Health Coach y nutricionista holística y apoya su formación como tal en un certificado de estudios en Nutrición basada en plantas en la Universidad de Cornell. En su página web, califica a los superalimentos como "los superhéroes del mundo de la nutrición y la salud, ya que tienen más valor nutricional que el resto". En conversación con este diario aclara: "Van a ayudar a potenciar la salud, pero no son una pastilla mágica". 

El dietista-nutricionista y biólogo por la Universidad de Navarra Juan Revenga resumen así su opinión sobre estos alimentos:"No son malos, todo lo contrario: pueden tener propiedades nutricionales francamente interesantes, sobre todo si los comparamos con otras opciones más procesadas e industriales". Sin embargo, no está de acuerdo con su repentina canonización. "Si se pone en valor las semillas de chía, no sé por qué no se puede hacer lo mismo con las lentejas", resume y afirma que su utilización supone "un menoscabo para la economía individual". "Se podría lograr el mismo objetivo de forma más sencilla sin recurrir a tanta pijotería", destaca. 

Larrea, por su parte, coincide en que se trata de productos caros, aunque destaca que algunos "duran meses". La razón de este elevado precio es sencilla, según la coach, y no es otra que que no se producen en España, "algo que está empezando a cambiar"."Sé que se comienza a cultivar quinoa y espirulina", aclara. 

Eso sí, a pesar de que coinciden en que no se trata de la panacea, ambos difieren en una idea importante: si se trata o no de una moda. Revenga es radical: "desde el punto de vista de la salud pública, no existen los superalimentos, sólo hay gente superinfluenciable por supermodas". 

Larrea apela a su formación original como historiadora para replicar: "Eso es una falta de perspectiva histórica; se trata de comidas que en sus países originales llevan siglos tomándolas. El té matcha era habitual en los samurais y el cacao en los aztecas. La diferencia es que ahora, de la mano de la globalización, podemos tener acceso a estos productos". 

Para Revenga, el afán por consumir quinoa, kale o semillas de chía cambiará pronto para recomendar otros productos. "¿Quién se acuerda ahora de las bayas de Goji?", concluye. 

Semillas de chía

Estas semillas de origen mexicano son uno de los superalimentos más en boga. "Son como cualquier otra semilla y, para usarlas, basta con apelar al sentido común", destaca Larrea, que comenta que se pueden echar en ensaladas, batidos o incluso para fabricar puding. "Todas las semillas son muy saludables porque tiene todo lo que necesita la planta para crecer. Éstas, en concreto, son una fuente importante de omega 3, cuyos efectos antiinflamatorios están más que demostrados", apunta. Una revisión de la literatura científica ofrece la demostración de que reducen la intolerancia a la glucosa y los triglicéridos en personas con síndrome metabólico, pero también que hace falta más investigación para afirmar con seguridad que es un alimento funcional. 

Semillas de chía

Semillas de chía

Quinoa

Al contrario que otros de los denominados superalimentos, la quinoa se encuentra ya en la carta de muchos restaurantes, algo que da una idea de lo introducido que está en la sociedad española. Larrea destaca que se trata de una comida necesaria porque es una fuente importante de proteínas y, a su juicio, éstas no se pueden extraer sólo de la ganadería que es, además, perjudicial para el cambio climático. 

De hecho, la Organización para las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), declaró a 2013 Año internacional de la quinoa. "Tiene todos los aminoácidos que el cuerpo necesita para construir el músculo y crear colágeno y más proteína que la carne", destaca Larrea. 

Una ensalada de quinoa.

Una ensalada de quinoa. Getty Images

Té matcha

Es una pasta verde que, a ojos de un neófito, podría asimilarse a base de cocaína teñida de verde, pero es otro de los superalimentos de los que más se habla. No se puede decir lo mismo de su estudio científico. Un vistazo a la base de datos más conocida de estudios clínicos, Pubmed, arroja un resultado pobre de trabajos sobre este compuesto, sólo diez, de los que la mayoría evalúan su efecto -positivo, eso sí- en la salud de los ratones. 

Sin embargo, para Larrea hay algo que demuestra sus beneficios más allá de lo que diga la literatura científica. "En Japón no hay sobrepeso, son los más longevos y, sobre todo, la gente vive más con más salud", resume. 

Esta pasta es muy cara, lo que la coach atribuye a que se tenga que importar de Japón. Para Larrea, es destacable que, además de teína, contenga L-teanina,"que ayuda a contrarrestar los efectos estimulantes del té, da energía y ayuda a la claridad mental, además de aportar de 10 a 20 veces más antioxidantes que el té verde". Sobre este compuesto sí hay más investigaciones en Pubmed, aunque tampoco parece tratarse del asunto que más interesa a los científicos. 

Te matcha.

Te matcha. Flickr

Leches vegetales

Parece un contrasentido, pero las estanterías de las tiendas de productos ecológicas están llenas de leches que son todo menos productos lácteos: de avena, de almendras, de coco... La lista es numerosa. Larrea aclara que no se trata de superalimentos, sino que sustituyen "a algo que hace mucho daño como son los lácteos".  La guerra contra la leche de verdad pisa fuerte en la nueva nutrición y, según Larrea, está avalada incluso por organismos tan serios como la Universidad de Harvard. "La ha quitado de su plato [la antigua pirámide nutricional que elabora el organismo para decirnos qué y en cuantas cantidades debemos comer]", destaca. Cuando le hacemos ver que un vaso de leche todavía acompaña a la representación gráfica de las recomendaciones nutricionales, responde: "Están siendo políticos". 

Larrea quiere incidir en algo que mucha gente, apunta, no sabe. El problema de la leche no es la grasa -en ese caso, la desnatada sería una alternativa perfectamente válida para sus detractores-, sino la caseína, una proteína específica de este tipo de alimentos que es "lo que trae problemas".

La realidad es que Harvard y otras entidades han pasado de recomendar una o dos raciones diarias de productos lácteos en la dieta a aceptar su consumo siempre que éste se limite a una o dos raciones al día como mucho. Lo explica Revenga en una entrada de su blog: "Pero, al final, ¿hay que tomar leche? Ni es obligatorio, ni indispensable, ni en sentido estricto tampoco diría que lo es el aconsejar una determinada ingesta de leche al día". 

Eso sí, el nutricionista no es, ni mucho menos, tan beligerante como Larrea que afirma que los lácteos contribuyen al "acné, al cáncer de ovario y al colon irritable", entre otras cosas. La ciencia no parece tenerlo tan claro, pero es obvio que tampoco lo considera un alimento imprescindible. Las llamadas leches vegetales, que tampoco lo son, podrían engañar a alguien que no pueda vivir sin ellos. 

Leche de almendras.

Leche de almendras.

Cacao

Si el estudio científico de los llamados superalimentos brilla por su ausencia, el cacao sería la excepción que confirma la regla. Numerosos estudios han evaluado las propiedades nutricionales de este alimento y ninguno lo ha denostado. "Era el oro de los aztecas", toma ahora la palabra la Beatriz más historiadora, que recuerda como los aztecas guardaban en sus arcas semillas de cacao en lugar de oro, lo que llamó la atención de Hernán Cortes y sus acompañantes. 

El hecho es que este producto es el que puntúa más alto en la Capacidad de Absorbencia de Radicales del Oxígeno (ORAC), un índice que mide el valor antioxidante de los productos. 

Eso sí, aclara, todo esto se pierde cuando se calienta. El chocolate tiene poco de cacao y menos aún de superalimento, concluye. 

Granos de cacao

Granos de cacao Getty Images