Obesidad

La amarga lección del 'reality' para adelgazar

El análisis de 14 exconcursantes de 'The Biggest Loser,' un concurso que premia a quien más adelgaza, revela que la mayoría recuperó el peso perdido.

Uno de los concursantes junto al monitor.

Uno de los concursantes junto al monitor. Getty Images

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Los reality llegan a la ciencia y lo hacen para dar una mala noticia que muchos ya sospechaban: perder peso puede ser más o menos fácil, pero mantenerse delgado pasados los años es casi imposible. Lo ha demostrado un pequeño estudio publicado esta semana en la revista Obesity y que recoge en profundidad un artículo de The New York Times.

Su autor principal, Kevin D. Hall, es un investigador de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) que reconoce como "debilidad" ser fiel seguidor del programa The Biggest Loser, un reality estadounidense que lleva casi 20 temporadas emitiéndose con gran éxito en EEUU, hasta el punto de haberse convertido en toda una franquicia, que organiza desde seminarios para empresas que quieren ayudar a perder peso a sus empleados hasta campamentos de verano para particulares.

La mecánica del concurso, del que en España se hizo una versión llamada Cuestión de peso que no triunfó, es extremadamente sencilla: ocho parejas de concursantes, obesos y con una historia "atractiva" desde el punto de vista mediático, tratarán de adelgazar lo máximo posible durante un curso. Lo harán con el único sistema con eficacia demostrada hasta la fecha: una dieta baja en calorías y un incremento de la actividad física. Quien lo consiga ganará un importante premio en metálico (250.000 dólares, 217.000 euros) y la salud que lleva aparejada el dejar atrás la obesidad, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular.

¿Y después del concurso?

Todos los participantes, no sólo el ganador, concluyen su paso por el programa más sanos de lo que empezaron, pero los telespectadores dejan de saber de ellos en el momento en que el más afortunado recoge su cheque. Hall, sin embargo, quiso saber más y se preguntó qué habría sido de los 16 concursantes de la octava temporada del show seis años después de su emisión.

Para ello, les invitó a pasar tres días en las instalaciones de los NIH para estudiar a fondo su metabolismo y saber cuánta de esa pérdida inicial de peso les había acompañado a lo largo de los años. Anticipándose al posible deseo de los voluntarios -aceptaron 14 de los 16- de perder peso rápidamente en los días previos al chequeo, la invitación iba con trampa: unos sensores medirían su actividad física en los días previos al viaje.

Los participantes en el estudio habían perdido entre 24 y 58 kilos tras su paso por el concurso. Seis años después, habían recuperado entre 31 y 41 de esos kilos. A efectos prácticos: todos habían engordado y algunos, incluso, estaban más obesos que cuando se apuntaron al reality.

Razones de un fracaso

La posterior ganancia de peso no se atribuye a que los concursantes decidieran forrarse a hamburguesas y no volver a levantarse del sillón tras dejar la tele. Como demuestra la investigación, un concepto científico está dentro de esa tendencia. Es la tasa metabólica en reposo, las calorías que se pierden cuando no se está haciendo deporte. 

Lo que los científicos han observado es que este parámetro se ralentizó drásticamente tras la pérdida masiva de peso, causada en gran parte por la práctica intensiva de ejercicio. Esto era esperado, pero no que esa disminución continuara a lo largo de los años, hasta más de un lustro después de la pérdida de peso.

Así, mantener el peso cuesta mucho más a estos "delgados forzosos" que a las personas que no lo han hecho tan drásticamente. Es, explica el principal autor, como si el cuerpo se empeñara en llevarle la contraria a los esfuerzos de los participantes.

"Es impresionante y asusta", declaró Hall a The New York Times. El estudio, advierte, hace que haya que plantearse el tratamiento de la obesidad de forma crónica. Como un alcohólico, un exobeso nunca dejaría de serlo.