Biomedicina

El músico que tenía alergia a su guitarra (y a mil cosas más)

Patacho Recio, fundador del mítico grupo Glutamato Ye-Yé, lleva meses sin poder tocar. Cuerdas de oro de 24 quilates y trastes de un material desconocido pueden revertir por fin la situación. 

Patacho Recio, durante la entrevista en Madrid.

Patacho Recio, durante la entrevista en Madrid.

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"Todos los negritos tiene hambre y frío", cantaba en 1984 Iñaki Fernández en el tema del mismo título del grupo de La Movida Glutamato Ye-Yé. Lo que jamás hubiera podido imaginar su co-compositor y co-fundador de la banda, Patacho Recio, era que, entre las múltiples cosas que pueden tener negritos y blanquitos se encontraban, además del hambre y el frío, la alergia a los metales. Mucho menos, que él mismo la sufriría "porque le tocó la china" casi 30 años después.

Es una situación que ha tardado casi nueve años en descubrir y que le ha impedido ejercer en los últimos seis meses la profesión que lleva 35 años, "con más o menos fortuna", dándole de comer. La razón: entre las múltiples localizaciones de los metales a los que por fin ha descubierto que es intolerante se encuentra su instrumento, la guitarra. 

Ha sido tras un rastreo por tiendas especializadas, decenas de correos electrónicos y llamadas a fabricantes, lutieres y otros músicos, que Patacho ("mi verdadero nombre no lo sé ni yo", bromea) ha empezado a vislumbrar una solución, que justo probaría horas después de recibir a EL ESPAÑOL en un espacio que la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) cede a la Junta de Autores de Música (JAM), asociación que fundó en 2012. 

Esa misma tarde, el músico iba a experimentar por primera vez en una actuación pública su guitarra tuneada con un complemento de lujo: cuerdas de oro de 24 quilates, similares a las que utilizaba Frank Zappa, aunque por distintos motivos. Lo hizo en la SGAE, en la capilla ardiente de Manolo Tena, que falleció este lunes. "La familia nos ha pedido que toquemos una canción suya que les hace ilusión, Llévame hasta el mar, y voy a tocar con Pablo Galiano, que canta", comenta. En conversación posterior confiesa que tuvo sólo "una leve reacción", pero que todo salió bien y fue "muy emocionante". 

Hasta llegar hasta aquí, el guitarrista, que a lo largo de su carrera ha tocado con "más de 1.000 músicos", ha pasado por una situación "muy jodida" que comenzó hace nueve años, en una excursión en el campo. "Me salieron en el empeine unos puntos que picaban muchísimo y pensé que me había picado una araña; me mandaron una pomada, pero aquello fue a más; se extendió y se infectó", relata Recio. 

A partir de ahí, empezó un periplo con tintes surrealistas que el guitarrista relata con humor, como cuando atribuyeron su dermatitis a una alergia al sol "casi en invierno" o cuando se la achacaron al estrés, en plena preparación de un homenaje al periodista musical Jesús Ordovás. "Yo intenté explicarles que a mí el estrés me da cuando no tengo trabajo, que cuando toco nunca me ha dado estrés", señala. 

Durante este tiempo, Patacho seguía tocando y sufriendo las dermatitis "muy molestas" en distintas partes del cuerpo. Él sabía que cuando ejercía su profesión su piel reaccionaba, pero jamás se le ocurrió relacionarlo.

Patacho, en un local de la SGAE.

Patacho, en un local de la SGAE.

El siguiente culpable que dictó la medicina fue el calzado deportivo y la ropa plástica, que no transpira bien. "Yo usaba mucha ropa de cuero, pero me aconsejaron que utilizara aún más, incluyendo el calzado, y hace un par de años me dijeron que en verano me pusiera sandalias de ese material; no sólo no mejoré, sino que se me infectaron las plantas de los pies y no pude andar. Ahí decidí cambiar de médico", recuerda. 

Hace apenas 12 meses se empezó a desvelar el misterio. "Me preguntaron si me había hecho la prueba de los parches y no sabía lo que era, así que la respuesta fue que no, claro".  Dicho test consistía en aplicar seis parches con una serie de elementos para ver si la piel reaccionaba, y vaya si reaccionó. 

Por fin llegó el diagnóstico: alergia al níquel y a algunos metales más. "La dermatóloga me habló del cromo y del cobalto, me dio unas instrucciones y me dijo poco menos que me buscara la vida", recuerda. Las reglas impresas que menciona el guitarrista desgranan cada metal y dónde se encuentra, así como cómo evitarlo. 

Metales hasta en la sopa

Podría parecer que la historia había acabado y lo había hecho con un final feliz pero, por el contrario, no había hecho más que empezar. Porque lo que Patacho, como la mayoría de nosotros, desconocía hasta entonces era hasta qué punto los metales están presentes en nuestra vida cotidiana. Por citar sólo algunos ejemplos: monedas, cremalleras, pinturas, prótesis, tomates y hortalizas (el níquel está en la tierra), cereales, conservas... La lista es prácticamente infinita. 

Algunas cosas llaman más que otras la atención. Por ejemplo, Patacho no puede tomar cerveza de barril -"la espuma se estabiliza con cobalto"- pero sí de botella. "Me sienta de maravilla", bromea. También tiene alergia a la pintura. "Sobre todo a la azul cobalto. Adivina de qué color tenía yo pintada la puerta". Durante meses, él y su familia comieron con la cubertería de plata de una herencia como si fueran "ricos o pijos", hasta que nuevas pruebas añadieron la plata a los metales a los que tenía alergia. 

El músico, haciéndose la prueba e los parches.

El músico, haciéndose la prueba e los parches.

El músico tuvo que cambiar su vida casi de arriba abajo. Dejó de usar toda la ropa que se ponía. "Las chaquetas y los zapatos de cuero se curten con sales de plomo y en los tintes se utiliza mucho cobalto. Los botones de los vaqueros tienen metal, como los hilos amarillos que tienen la mayoría de estas prendas", destaca el que se ha convertido en un experto en el tema. 

Patacho va siempre con guantes en el bolsillo que, de hecho, se pone durante la entrevista al entrar en el ascensor para salir a hacer las fotografías. Los botones son metálicos en parte. En su abrigo, además de antihistamínicos por si le da una crisis, lleva cubiertos de madera. "A veces hay que comer fuera", reflexiona. 

Impacto laboral

Tras el shock inicial y empezar con los cambios, el músico se dio cuenta de que el problema impactaba directamente en su carrera. Tocar la guitarra estaba a partir de ese momento fuera de su alcance. Sin comerlo ni beberlo, Patacho estaba en el paro.

"Muchos músicos y autores, debido a que contamos con unos ingresos irregulares e imprevisibles, se encuentran en una situación parecida a la mía. Muchos (desde los violinistas a los bateristas) padecen lesiones físicas a causa de su trabajo y la ley no lo reconoce como motivo de baja laboral. La situación de precariedad de una gran parte de los músicos al llegar la edad de jubilación es alarmante", reclama. 

Pero a grandes problemas, mayores soluciones. Recio empezó a investigar; además de pedir que le derivaran a un alergólogo, que se ha tomado mucho interés en su caso, el músico empezó a buscar alternativas. "Me puse en contacto con fabricantes de guitarras como Gibson o Rickenbacker, y me respondieron que no podían hacer nada", pero seguí buscando.

Porque para volver a tocar la guitarra, Patacho tiene que cambiar las suyas. Y no sólo las cuerdas. También los trastes, los puentes, las clavijas, las pastillas, las conexiones... De momento, ha empezado con una acústica, que es la que utilizó en el velatorio de Manolo Tena.  

Patacho, con su guitarra de cuerdas de oro.

Patacho, con su guitarra de cuerdas de oro.

Las cuerdas las encontró en una tienda de Alemania, donde la alergia al níquel es más común o, al menos, los comercios especializados están más preparados. ¿Por qué optó por el oro de 24 quilates? "Por eliminación, era de los pocos metales a los que no era alérgico", resume. 

Lo de los trastes fue más complicado. Tras una investigación exhaustiva encontró dos opciones. Unos, de un material que desconoce pero al que, con ayuda de su médico, ha descubierto que no es alérgico. "Los fabrican en Bielorrusia, pero no los servían a particulares, así que contacté con una tienda de Cerceda para que me los pidieran; ya los tengo aquí, pero aún hay que pulirlos, cortarlos y ponerlos en la guitarra", explica.

Tiene una segunda opción, que es el cristal de cuarzo. "Los hacen en Colorado, pero hay que mandar la guitarra allí; evidentemente sonará muy bien, pero no me quiero ni imaginar el presupuesto, que aún no me han dado", añade. 

¿Y cómo va a pagar todo esto? Patacho aún no lo sabe, pero sí que va a necesitar ayuda. De hecho, ya ha tirado de amigos y de ahorros para vivir estos meses en los que no ha podido tocar. "Para mantener un nivel profesional tendría que cambiar todos los componentes en, como mínimo, cuatro guitarras eléctricas y dos acústicas; no es sólo el coste de todo ello, también la instalación", reflexiona el músico, que subraya que tiene dos auténticas joyas en forma de Gibson Les Paul Standard y SG (ésta última de 1961) que no piensa "confiar a cualquiera". "Uno de los dos lutieres de los que más me fiaba se ha jubilado; el otro se ha ido a Chile", ríe. 

Aún así, el guitarrista está animado. No sabe si recurrirá al crowfunding o qué, pero espera estar tocando para verano. Proyectos no le faltan. Spoiler: vuelve Glutamato y hay un disco de Germán Coppini y Recio inédito. Nostálgicos de La Movida, ayuden a Patacho a vencer su alergia al metal.