Hofmann, el grupo gastronómico barcelonés fundado en 1983 por Mey Hofmann, llega a Madrid con su primer establecimiento fuera de Barcelona.
Sus icónicos croissants rellenos, chocolatería de autor, pastas de té y esculturas de chocolate aguardan ya desde el atrio central de Galería Canalejas. La propuesta se completa con una carta de salados y cócteles desarrollada junto al restaurante Hofmann, distinguido con una Estrella Michelin desde 2004.
A cargo del imperio culinario fundado por su madre desde 2016, Silvia Hofmann cuenta a Cocinillas El Español qué significa sostener el peso de una casa así y este primer paso a la expansión de la marca.
La pastelería de Hofmann ha llegado a Madrid y 'se enconde' en Galería Canalejas.
P.-¿Por qué Madrid y por qué ahora?
R.- Llevaba tiempo en nuestro radar. Nos lo hemos tomado como el paso natural. Durante los últimos años hemos estado reforzando el equipo, los procesos, la producción, y teníamos muchas ganas de dar el salto. Era una oportunidad a la que no podíamos decir que no.
P.- ¿Qué buscaban con la ubicación en Galería Canalejas, en pleno centro y en un espacio de lujo, que pasa página tras el fracaso del Food Hall y planea abrir un spa inmenso?
R.- Buscábamos un espacio que hablara el mismo idioma que Hofmann: cuidado, detalle, producto con carácter. Canalejas nos da visibilidad en el centro de Madrid y un entorno donde el cliente ya valora la artesanía y la calidad, que es exactamente nuestro terreno.
P.- El espacio tendrá una estética inspirada en los antiguos quioscos madrileños. ¿Habrá algún guiño a la ciudad o la oferta será como en Barcelona?
R.- Hemos traído una parte del producto que tenemos en Barcelona y, además, hemos adaptado la oferta al lugar, que no es solo una pastelería sino un espacio gastronómico donde además se puede tomar un cocktail, un bocado salado, y otros productos que están disponibles solo en este punto de venta, enfocado en el cliente exigente que visita la galería.
P.- Con repostería como la torrija, el bartolillo, las rosquillas o las napolitanas. ¿Hay algún dulce madrileño que os interese especialmente reinterpretar?
R.- Seguro que en el futuro es algo que nos encantaría hacer. De momento queremos enfocarnos en nuestros productos más icónicos y reconocibles y en dar a conocer la marca en Madrid.
El momento Hofmann
El universo dulce de Hofmann.
P.- ¿Hasta qué punto era necesario el nuevo centro de producción para afrontar la nueva etapa de Hofmann?
R.- Sin duda era totalmente necesario. Sin esos 1.200 metros cuadrados, abrir en Madrid o cualquier otro punto de venta habría significado elegir entre crecer y mantener el nivel. Badalona nos da la capacidad de producción y el espacio de I+D para hacer las dos cosas a la vez.
P.- ¿Cómo se consigue crecer sin que la artesanía y el trabajo manual dejen de ser una parte fundamental de la marca?
R.- Se crece en capacidad. Ahora tenemos más espacio de trabajo y de almacenamiento y podemos mantener unos procesos artesanales y de máxima calidad, con mayor capacidad de producción.
P.- En los restaurantes los postres tienen casi tanto protagonismo como el plato principal. ¿Cómo se ha vivido esa transformación desde Hofmann?
R.- Para Hofmann no es una novedad, es una confirmación. El postre siempre ha tenido el mismo peso que el plato principal en nuestra propuesta, así que ver que el sector se mueve en esa dirección nos da la razón en algo que llevamos defendiendo desde el principio. Tanto en la escuela como en nuestro restaurante, que mantiene una Estrella Michelin desde hace más de 20 años, los postres y la pastelería son muy importantes.
P.- ¿Qué cree que reconocería inmediatamente su madre si entrara hoy en una pastelería Hofmann?
R.- El nivel de exigencia con el producto, la calidad, las materias primas... Puede cambiar el escaparate, la ciudad, el formato de la tienda, pero la idea de que cada pieza tiene que estar bien hecha, es la misma que ella instauró y la que sigue mandando hoy.
P.- ¿Cuánto pesa el apellido Hofmann a la hora de tomar decisiones?
R.- Como empresa familiar, pesa. Estoy muy orgullosa de lo que hemos construido y con muchas ganas de ver lo que esta marca llegará a ser en el futuro. Es una responsabilidad y un orgullo poder seguir el legado de mi madre.
P.- ¿Qué hace que un producto aparentemente tan sencillo como el croissant llegue a convertirse en un producto de culto?
R.- La consistencia y la calidad. Cualquiera puede hacer un buen croissant una vez; el culto se construye cuando ese nivel es exactamente igual la primera vez y la número mil. Ahí es donde entra la técnica: laminado, fermentación, horneado, todo tiene que estar resuelto sin margen de error.
P.- ¿Qué importancia tienen hoy los ingredientes frente a la técnica?
R.- El ingrediente marca el punto de partida y ahí no hay negociación: si la materia prima no es buena, ninguna técnica la salva. La técnica es lo que permite llevarlo más lejos. No podría elegir una, se necesitan ambas.
P.- ¿Dónde le gustaría que estuviera Hofmann dentro de diez años?
R.-Me gustaría que siguiera siendo un referente internacional en la gastronomía, tanto con la escuela como con las pastelerías, o las líneas nuevas de negocio que puedan surgir en el futuro. Vernos consolidados en Madrid, con Seúl, Dubái y otros mercados internacionales funcionando como referentes de marca fuera de España, y con la Escuela Hofmann formando a la próxima generación que sostenga todo esto. Crecer en ciudades, pero manteniendo el mismo criterio que nos ha traído hasta aquí.