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En estos días donde la espiritualidad y la religiosidad saltan del debate interno al externo, dormir en un convento parece haberse puesto de moda. Dentro de estos históricos aposentos de toda España, la suite del Obispo, la mejor habitación del Hotel Santa Paula de Granada, sería casi un éxtasis.

Ubicada en la sala capitular del monasterio jerónimo del mismo nombre, la mejor habitación del primer cinco estrellas que abrió en la ciudad es un espacio con vistas a la capilla, que da a la calle y al claustro y con unos techos de madera enormes que te obligan a sentirte muy pequeño ante los designios del arte.

Cuenta con una mullida cama, rodeada de un dosel, donde, curiosamente, nunca durmió un obispo, porque el convento fundado en el siglo XVI, y que aguantó activo hasta los años 70, era sólo de monjas. Así que en esta suite, era la madre abadesa la que vigilaba el funcionamiento de la comunidad desde su mesa.

La suite del Obispo.

La suite del Obispo. E. E.

Eso sí, dicen que entre estos muros durmió el boss Bruce Springsteen cuando fue a Granada a dar su concierto. E incluso cuentan los empleados entre susurros que comió en El Claustro y que estaba tan a gusto que sacó su guitarra y se puso a cantar.

Este Autograph Collection lleva funcionando desde 2001, sin embargo, sus 72 habitaciones y todos los espacios públicos del hotel han sido reformados en su totalidad hace sólo dos años con dos objetivos claros: mantener el espíritu histórico y místico de esos muros y ofrecer todavía más comodidad a sus clientes.

Fachada del hotel Santa Paula a la Gran Vía de Colón.

Fachada del hotel Santa Paula a la Gran Vía de Colón. E. E.

La historia de este convento es fascinante puesto que antes de que las monjas crearan su microespacio ahí, fue una casa morisca organizada alrededor del patio. Las hermanas de Santa Paula estuvieron trabajando por Granada hasta los años 70 y, de hecho, todavía hay algún trabajador del hotel que recuerda haber jugado en el patio del monasterio con pantalones cortos.

Gran Vía de Colón

Nada más atravesar la enorme puerta que da la Gran Vía de Colón, una fachada que no era la original del convento puesto que con la reforma de esta avenida en el siglo XIX se perdió su huerto, el visitante puede sentir la paz que se respira en este hotel.

El lujo está precisamente en el misticismo que no sólo emana de los dos cuadros de Santa Paula que flanquean el lobby, sino que surge del juego entre la luz y el silencio que se vive en el claustro.

Es el patio interior, con su sol tamizado y los secretos que se esconden bajo las piedras, uno de los mayores atractivos para quienes llegan a Granada por primera vez, para quienes viven allí y no lo conocen o para quien ya la ha recorrido varias veces.

La barra del restaurante El Claustro en la antigua biblioteca.

La barra del restaurante El Claustro en la antigua biblioteca. E. E.

Además, por ubicación, el Santa Paula resulta perfecto para descubrir la ciudad nazarí ya que la Catedral y la Capilla Real se encuentran a sólo cinco minutos caminando por la avenida más importante de Granada: la Gran Vía de Colón.

También tienen fácil acceso el Albaicín y la Alhambra y encontramos a un paso barrios populares como Los Realejos que son un mundo por descubrir para muchos de los que aterrizan allí.

Tampoco es una mala idea quedarse tranquilamente en este Autograph Collection y recorrer el antiguo convento deteniéndose en los pequeños detalles que siguen anclados al paso de las monjas desde el siglo XVI.

De hecho, en nuestro paseo por el claustro, mejor nos detenemos a leer las lápidas de las hermanas que fueron enterradas en el patio. Los cuerpos se trasladaron durante la primera reforma al monasterio de los Jerónimos pero los epitafios han quedado como huellas de un pasado que sigue envolviéndolo.

La Capilla del convento que ahora sirve para hacer eventos.

La Capilla del convento que ahora sirve para hacer eventos. E. E.

Algunos de los mensajes son muy explícitos sobre la muerte de las monjas y sobre sus últimos deseos así que hay que detenerse unos segundos y leer.

La cultura que se come

A pesar de que el 80% de los clientes del hotel es internacional, este convento granaíno no quiere perder la esencia que lo ató a la ciudad desde su fundación. Por eso, ha apostado por una política de puertas abiertas de la mano del arte, la música y la gastronomía.

En El Claustro, situado en el antiguo refectorio y con vistas al patio, se puede disfrutar de un menú muy viajero puesto que recorre la provincia de Granada en función de sus alimentos más ricos. Por eso no falta ni la quisquilla ni el cordero, pero tampoco la remolacha o el chocolate.

Además, por las noches, la barra en la antigua biblioteca del convento se llena de conciertos y música en directo de los que se puede disfrutar simplemente con una consumición mínima. Una cultura para comérsela que hubiera estado en perfecta sintonía con la mística de las hermanas de Santa Paula.