Son muchas las ciudades del mundo que viven bajo la sombra y el amparo de una gran montaña. Pero en Seattle, la presencia del Monte Rainier (4.392 metros) genera un magnetismo especial, silencioso pero potente, ya llegues por tierra, mar o aire, especialmente si es por aire.
Desde el cielo, este gigante dormido emerge nítidamente a varios kilómetros al sur de Seattle, mucho antes de que se pueda distinguir al resto de la ciudad. Es una mole nevada que aparece sin más al girar una esquina, sentados en un parque o paseando por la orilla del mar. Y que ha llegado incluso a tener su protagonismo en la gran pantalla en varias series y películas.
Pero sobre todo, el Monte Rainier es el volcán activo más peligroso de todo EEUU, según el USGS. Y por eso su presencia traspasa la parte más legendaria de la cumbre, donde se dice que viven los viejos espíritus y hasta del mítico Bigfoot, para convertirse en algo más físico, en un peligro real que se basa en los 26 glaciares que se alojan cerca de su cráter.
El Monte Rainier contiene 26 glaciares en su cumbre que lo hacen todavía más peligroso si entrara en erupción.
La imagen del Monte Rainier desde el arie es impresionante y también cuando bajas del avión.
Sin embargo, mientras siga siendo un monstruo dormido, el Parque Nacional del Monte Rainier es en realidad una atracción única para quienes visitan Seattle. Cerca de una ciudad con un skyline recortado entre rascacielos y la gran Space Needle, emerge un lugar donde hacer excursiones entre glaciares o rutas de senderismo que atraviesan densos bosques de abetos.
No es de extrañar que, a principios de 1980, sus ciudadanos votaran por apodar a Seattle como la Ciudad Esmeralda, por tratarse de una región llena de lagos donde se reflejan con una intensidad casi artificial los matices de color de los árboles de hoja perenne que la rodean tanto en el Monte Rainier como por el otro Parque Nacional que la cerca, el de las Montañas Olímpicas.
Pero Seattle no sólo juega al blanco y el verde. En esta ciudad donde nacieron Amazon y Microsoft, el olor más característico sigue siendo el del café: también aquí nació el primer Starbucks.
El skyline de Seattle marcado por el Monte Rainier al fondo como una presencia constante en la ciudad.
Y el sonido que se impone es el grunge, ya que entre sus calles surgieron grupos como Nirvana o Pearl Jam. Así que no podemos perdernos ni las pequeñas salas de conciertos donde se sigue alentando estos ritmos ni tiendas-museo como Emerald City Guitars, donde este instrumento es objeto de deseo y de subasta.
Si aspiramos a comernos Seattle de golpe, la mejor forma de hacer un reconocimiento total es subirse a la icónica torre Space Needle, un mirador de 184 metros de altura construido en el año 1962, y desde donde todo parece más doméstico, incluso el gigante Monte Rainier.
Terminada en una especie de platillo volante que no para de girar, lo mejor es apoyarse en uno de sus ventanales de cristal y dejar que la ciudad se muestre a nuestros pies (literalmente, porque hay zonas del suelo acristaladas) como si estuviera hecha de casitas de juguetes.
La obra de Dale Chihuly recrea la naturaleza más mágica con obras de vidrio soplado.
Podemos tomar una de las fotos más espectaculares desde el exterior, sentados en sus bancos acristalados o apoyados directamente en las paredes transparentes donde la sensación de caer al infinito se mezcla con una especie de superpoder que crea la sensación más parecida a volar que podemos experimentar en esta ciudad.
Ya con los pies en la tierra hay dos lugares transformadores cerca de la torre: el Museo del Pop, obra del arquitecto Frank Gehry y que recuerda a un Guggenheim pero musical, y la explosión de color del Chihuly Garden and Glass, el mundo creado a base de vidrio soplado con colores y formas que te dejarán sin palabras.
La obra de Dale Chihuly, el artista nacido en Tacoma, muy cerca de Seattle, es sobrecogedora por la creatividad imaginativa de sus formas pero sobre todo por la destreza técnica de un escultor que es capaz de expresar cualquier estado de ánimo a través del vidrio.
El Pike Place Market es el mercado más antiguo de productores que todavía sigue en activo en todo Estados Unidos.
Dicen que muchas de esas formas imaginarias, que podrían haber aparecido en cualquiera de las películas de Avatar, se inspiran en el jardín de su madre pero también en el océano y sus criaturas, una presencia tranquila en Seattle a diferencia del Rainier.
Precisamente hay un lugar muy vinculado con esas aguas que es, literalmente, el alma de la ciudad: el Pike Place Market. Se trata del mercado de productores más antiguo de todo Estados Unidos que aún sigue en funcionamiento desde 1907.
Aquí abrió el primer Starbucks de la historia y aquí también está una de las atracciones más divertidas de toda la ciudad: el puesto de pescados donde se lanzan los salmones por el aire y hay que cazarlos al vuelo si queremos llevarnos el aplauso del público.
La noria y una copia de la Estatua de la Libertad en pequeño son dos de las atracciones más peculiares de Seattle.
Entre los puestos de fruta, verduras y pescados, se cuelan algunos restaurantes de comida tradicional donde probar el famoso marisco de Seattle, sus ostras frescas o alguna pata de cangrejo real de Alaska, que es una delicia no al alcance de todos.
Seattle se ha convertido también en los últimos años en la entrada de Alaska para muchos cruceros como el de MSC. Cuando se abre la temporada, su puerto es un espectáculo con grandes barcos que traen y llevan a los turistas hacia un reino de glaciares, ballenas y osos único. También ahí, merece la pena buscar un buen sitio y verlos ir y venir aunque sea por un rato.