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Existe un extraño placer en eso de dejarse llevar, pedaleando con tranquilidad, por los estrechos senderos de Ninh Binh. A pesar del calor; sin importar la humedad. Es lo que nos pide el cuerpo en cuanto alcanzamos este remoto territorio vietnamita donde se concentran todas esas estampas que se buscan al aterrizar en el país asiático.

La vida rural en todo su esplendor se desarrolla aquí, donde el caos y el tráfico brillan por su ausencia —exceptuando alguna que otra motocicleta con la que nos cruzamos— y lo que abundan son las pequeñas aldeas, los infinitos campos de té y aquellos donde brota la flor de loto.

Nos hallamos a 90 kilómetros al sur de Hanói, en esta provincia del norte de Vietnam donde el ritmo pausado marca las jornadas. Avanzamos por los caminos fijándonos en cada detalle, en cada nueva estampa.

Un paseo en barca obligatorio por el río Ngo Dong nos permite descubrir una naturaleza única.

Un paseo en barca obligatorio por el río Ngo Dong nos permite descubrir una naturaleza única. Jacob Pretorius Unsplash

Quedando embobados, también, por los trabajadores del cereal, que salpican el paisaje con sus coloridos atuendos y sus sombreros cónicos de bambú. Del verde de los cultivos emergen las enormes montañas de piedra caliza como gigantes que son seña de identidad de este territorio. Colosos entre los que discurre el río Ngo Dong.

Decidimos dejar a un lado la bici y nos animamos con el típico paseo en barca por sus aguas. Son muchos los locales que se dedican a la labor de transportar en ellas a los turistas que desean explorar la zona de esta manera tan original.

En Ninh Binh se pueden descubrir tonalidades de verde y azul imposibles de ver en otro lugar.

En Ninh Binh se pueden descubrir tonalidades de verde y azul imposibles de ver en otro lugar. Michael DeMarco Unsplash

Con una maestría extraordinaria, son populares por impulsar las pequeñas embarcaciones manejando los remos con los pies mientras avanzan entre paredes de roca cubiertas de vegetación, atraviesan cuevas y exploran rincones donde el único sonido parece ser el del agua.

Algunos, incluso, se animan a acompañar la escena con alguna que otra canción popular. Es curioso ver cómo, como hormiguitas que siguen el mismo curso, las coloridas barcas avanzan hasta acabar, tras unas dos horas de ruta, en el pueblito de Tam Coc, donde abundan los puestos de comida callejera y algún que otro negocio enfocado al turismo.

Ascender a las puertas del cielo

Tras recorrer Ninh Binh a ras de agua, toca subir. Habrá que demostrar el buen estado físico antes de afrontar los casi 500 escalones de piedra que ascienden por la montaña de Hang Mua hasta uno de los miradores más espectaculares de la región.

En la mochila, una botella bien grande de agua para cuando la situación lo pida. Es este, sin duda, otro de los reclamos por los que cientos de visitantes llegan hasta Ninh Binh cada año.

Los arrozales son una seña de identidad de esta provincia de Vientam.

Los arrozales son una seña de identidad de esta provincia de Vientam. Take Time Unsplash

Un esfuerzo que, como siempre, obtiene finalmente su recompensa: tendremos que parar cada cierto tiempo para tomar aliento, pero una vez arriba disfrutaremos contemplando cómo el río Ngo Dong, ese que acabamos de surcar, dibuja sus curvas entre los arrozales mientras las montañas kársticas se extienden hasta donde alcanza la vista.

En la cima, un sinuoso dragón de piedra custodia la cresta.

Aprovechamos mientras admiramos la panorámica para aprender que Hang Múa significa "cueva de la danza", según nos comenta un guía local. El nombre proviene de una antigua leyenda vinculada a la dinastía Trần: cuentan que el rey acudía hasta este punto para escuchar cantar y bailar a sus concubinas.

Sea o no cierta la historia, la realidad es que quedó ligada por siempre a la montaña, y añade cierto aire de misticismo a la experiencia.

Una vez de vuelta a ras de suelo, recuperamos el ritmo dando un tranquilo paseo por los alrededores. La cueva que da nombre a la zona es posiblemente lo menos espectacular del lugar, pero no hay mejor forma de completar la visita que caminar sin rumbo por las pasarelas de madera que se adentran en el inmenso estanque colmado de flores de loto.

La Pagoda de Bich Dong es el símbolo de la constante presencia de la religión en la vida de los vietnamitas.

La Pagoda de Bich Dong es el símbolo de la constante presencia de la religión en la vida de los vietnamitas. Markus Winkler Pexels

Espacio para la religión

La cotidianeidad vietnamita cuenta siempre con un elemento más, absolutamente integrado en su cultura: la religión. Por eso, incluso en las zonas más rurales, la presencia de templos y pagodas de belleza impecable resulta abrumadora.

Ninh Binh no iba a ser menos, así que nos acercamos hasta la que es su joya arquitectónica: Bích Động es una antigua pagoda encajada en la montaña rodeada, para variar, de frondosa vegetación, extraordinarias cuevas y estanques de loto.

Para acceder a ella cruzamos previamente un pequeño puente de piedra que es una de las estampas más reconocidas del lugar. Una vez en la entrada, avanzamos por la sucesión de escaleras que asciende por la ladera hasta descubrir sus tres pagodas —Hạ, Trung y Thượng—, construidas a distintas alturas. Un lugar realmente excepcional.

Tam Coc es otro de los tesoros escondidos en esta región de Vietnam.

Tam Coc es otro de los tesoros escondidos en esta región de Vietnam. Raissa Lara Lütolf Unsplash

Algo más allá, sin alejarnos de los arrozales y las montañas que rodean Tam Coc, se halla también el templo de Thai Vi, un lugar estrechamente ligado a la historia de la dinastía Trần. Cuentan que fue levantado en el siglo XIII sobre el antiguo emplazamiento del palacio de Vu Lam, y está dedicado a varios emperadores y generales de esta dinastía que utilizaron el paisaje kárstico como refugio durante las guerras contra los mongoles.

Con intención de profundizar un poco más en el patrimonio espiritual de la zona, nos alejamos hasta alcanzar Bái Đính, a unos 20 kilómetros de carretera desde Tam Coc. Una excursión que realmente merece la pena: hablamos de uno de los mayores complejos budistas de Vietnam.

Nada más atravesar su entrada, quedamos abrumados: ante nosotros, un conjunto que combina una antigua pagoda excavada en la montaña con un espectacular recinto moderno, levantado a partir de 2003, donde se suceden enormes templos, estatuas de Buda y un larguísimo corredor flanqueado por cientos de figuras de arhats —palabra utilizada para nombrar a aquellas personas que han alcanzado la iluminación espiritual total o nirvana—.

Un enclave que nos permite comprender la dimensión que ha alcanzado la espiritualidad en esta región.

Siempre hay lugar para el lujo

El hotel Jiva Hoa Lu Retreat es una de las mejores opciones para unir espiritualidad y lujo.

El hotel Jiva Hoa Lu Retreat es una de las mejores opciones para unir espiritualidad y lujo. E. E.

La piscina del hotel Jiva Hoa Lu Retreat es una imagen única en sí misma.

La piscina del hotel Jiva Hoa Lu Retreat es una imagen única en sí misma. E. E.

Incluso en el más remoto de los destinos, hay espacio para el deleite en lo que respecta al mundo del hospitality. En este caso lo abrazamos haciendo check-in en Jiva Hoa Lu Retreat, un hotel boutique ubicado en el valle de Thai Bi, a escasos minutos de Tam Coc.

Un pequeño carrito de golf nos traslada hasta la suite que será nuestro hogar durante unos días. Mientras avanza por los senderos que se reparten por el terreno, comprobamos cómo el resort recrea la estructura de una pequeña aldea tradicional vietnamita, con villas y habitaciones repartidas entre estanques, jardines y distintos valles.

Una vez en la intimidad de nuestra suite, de inspiración local y materiales naturales, entendemos esa búsqueda constante por mantener una conexión con el paisaje: grandes cristaleras, terraza privada y espacios amplios y diáfanos nos dejan ver el exterior, abrazado por vegetación y por las impresionantes formaciones calizas que casi podemos rozar con la mano.

Para redondear la experiencia, catamos —quién lo dudaba— su restaurante, donde un festín a base de platillos locales con un punto de refinamiento nos seduce al instante, antes de pasar a Chi Quán, el spa del hotel, un espacio inspirado en la sabiduría vietnamita y las prácticas de mindfulness en el que, agasajados por sus talentosas terapeutas, terminamos de relajarnos.