Si alguien menciona Tailandia, seguramente lo primero que nos viene a la cabeza es la imagen de una enorme playa de arena dorada, palmeras y un increíble azul en el mar. Pero hay otra Tailandia increíble y que merece la pena visitar aunque sea por la historia de dolor, la intensidad de su naturaleza y el valor del silencio que se suman en sólo un instante.
Se trata de Kanchanaburi, una de las regiones más conocidas en el mundo por haber sido escenario de lo peor de la II Guerra Mundial, pero que sigue siendo un secreto para muchos. A la mayoría de los viajeros les vendrá enseguida una pegadiza melodía cuando sean conscientes de que, en esta región en la frontera con Birmania, está el superconocido puente sobre el río Kwai.
Fue la película de David Lean de 1963 la que puso de moda esta región, pero ahora, es la historia, la naturaleza y sus increíbles rincones los que hacen que el viajero vaya en dirección contraria a la playa y apuesta por este paraíso tailandés. Bueno, eso, y Jacob Elordi que también ha querido adentrarse en la historia con su serie El camino más estrecho, que recrea otro de los episodios que ocurrieron en Kanchanaburi.
El río Kwai en Tailandia.
Situado a unas dos horas en coche de Bangkok (128 kilómetros), el puente sobre el río Kwai es exactamente como uno se lo imagina. Una estructura de hierro que soporta un tren de madera que parece romperse en mil pedazos a cada traqueteo.
Estas vías parecen flotar enganchadas a la nada, sobre la masa de agua del río que, mientras la recorremos en barca, aparenta una tranquilidad relativa que se agita por momentos si somos conscientes de las lágrimas que se vertieron a su cauce.
Y es que en 1942, en plena II Guerra Mundial, este tranquilo río se convirtió en un obstáculo que había que salvar para que el tren pudiera llevar a los soldados del Ejército imperial japonés hasta Birmania, donde seguir con los combates; atravesando una Tailandia que permaneció neutral. En la construcción de este llamado Tren de la Muerte perdieron la vida 300.000 personas, 60.000 eran prisioneros extranjeros.
Antes de iniciar el camino hasta el puente, unas enclenques cabañas de ramas explican cómo era el infierno de estos prisioneros que lucharon contra la violencia, la enfermedad y el hambre para permitir que el tren hiciera su ruta. En las fotografías que se exponen se traspasa el horror que se vivió en ese subsuelo.
El tren de madera, de los de época, aún sigue funcionando entre tres estaciones y el viaje es obligado para entender lo profundo de esta barbarie ya que su construcción se hizo en tiempo récord y eso que, hay momentos, en que las vías se sujetan milagrosamente a la pared de la roca casi como el único recurso para no caer al río.
El Paso del Infierno que cavaron a pico y pala miles de prisioneros de guerra en Tailandia.
Ni el silbato famoso de la película de El puente sobre el río Kwai, rebajan la intensidad que estos episodios han dejado en el entorno. El silencio parece hacerse visible por momentos y la fuerza de la naturaleza es hasta consoladora. Es una experiencia que merece la pena y que te prepara para la segunda parada en la historia negra que han marcado Kanchanaburi: el Paso del Infierno.
Este memorial se levanta justo donde se construyó el paso excavado en la roca, pico y pala, por los prisioneros de guerra, la mayoría australianos. El camino conserva la extraña paz que alcanzan algunos de los sitios más violentos tras una guerra.
El origen del nombre viene de la atmósfera que se sufrió durante esos años ya que los japoneses obligaron a estos prisioneros a cortar la roca de noche, a la luz de las antorchas, lo que creaba un ambiente infernal. En las obras sólo se utilizaron herramientas rudimentarias y la fuerza humana para abrir el paso. De hecho, aún puede verse alguno de esos picos roto y atrapado en la roca, casi como una metáfora de lo que fue ese tiempo para los prisioneros.
Jacob Elordi, en la serie 'El camino estrecho', sobre el Paso del Infierno en Kanchanaburi.
De regreso del estrecho paso y una vez visitado el centro de interpretación para entender qué ocurrió en ese rincón del mundo, lo mejor es descansar flotando sobre las aguas que han ido rodeando toda la ruta del tren: el río Kwai.
Una de las opciones más espectaculares es el The Float House River Kwai Resort, a 60 kilómetros de Kanchanaburi, que ofrecen unas villas flotantes de lujo a las que se accede en un barco.
Cada una de las villas es totalmente privada, con muebles de teca hechos a medida y techos de paja que fusionan la tradición tailandesa con la selva tropical que rodea el lugar. Lo mejor es sentarse en una hamaca en la terraza para dejar de contar el tiempo y que sea sólo el vaivén del paso de las barcas las que acompasen los relojes.
The Float House River Kwai Resort, en Tailandia.
Y es que desde estas cabañas, es más fácil entender que la naturaleza puede estirar el tiempo lo que quiera y que el silencio es la mejor música para ver ponerse el sol. Desde estas cabañas, es fácil entender por qué esta otra Tailandia se ha convertido en objeto de deseo de quienes buscan conectarse a la naturaleza, reencontrarse consigo mismos y entender que la historia más negra puede dejar huellas de muchos colores.
La forma más fácil de llegar desde España a Kanchanaburi es con el vuelo directo de la semana de Iberojet entre Madrid y Bangkok, que se convierten en dos semanales cuando llega la temporada alta. Una vez en la capital tailandesa, encontrar el limbo donde perderse es cuestión de un par de horas más de camino en autobús o taxi.