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Hay sitios en la costa que se descubren casi por casualidad y cambian por completo el ritmo de un viaje.

A pocos minutos de la ciudad, el asfalto deja paso a un bosque de pinos que baja hasta la orilla, a una pequeña playa de arena dorada y a un castillo de piedra sobre las rocas que parece puesto ahí para una foto.

Sin chiringuitos ni edificios alrededor, solo se escucha el sonido del mar rompiendo contra los acantilados.

Este lugar es Tamarit, un rincón al norte de Tarragona que conserva ese aire tranquilo de antaño. Un pequeño refugio en plena Costa Dorada donde la naturaleza y la historia se juntan sin artificios.

Historia, arquitectura y la cala a sus pies

El gran reclamo del lugar es el Castillo de Tamarit, una fortaleza del siglo XI encaramada a los acantilados que regala una de las mejores postales del lugar.

Fue construido para vigilar las incursiones piratas, acabó en ruinas hasta que a inicios del siglo XX un magnate estadounidense lo compró para darle su actual toque modernista.

Aunque hoy es una propiedad privada y no se puede visitar por dentro, ver sus murallas levantadas sobre el mar impresiona desde el primer momento.

A sus pies se esconde Cala Jovera, una playa pequeña de apenas 90 metros de arena fina y aguas transparentes que están protegidas por un frondoso pinar.

Su nombre rinde homenaje al escultor Josep Maria Jovera y su estampa se completa con una llamativa aguja rocosa que emerge frente a la orilla.

Se mantiene libre de aglomeraciones ya que no tiene chiringuitos ni paseo marítimo por estar en un entorno protegido, y conserva una atmósfera tranquila perfecta para desconectar a pie de agua.

Rutas entre acantilados y huella romana

Más allá de la playa, el entorno invita a moverse y explorar la costa a pie. Por un lado, la desembocadura del río Gaià forma una pequeña reserva natural perfecta para pasear entre vegetación protegida.

Por otro, el camino de ronda que conecta con Altafulla se adentra en el Bosc de la Marquesa, uno de los bosques vírgenes mejor conservados de Cataluña, recorriendo acantilados, antiguas torres de vigía del siglo XVI como la Torre de la Móra y calas intactas alejadas del ruido urbano.

Lo mejor es su ubicación, ya que se encuentra a tan solo 20 minutos en coche del centro de Tarragona y a una hora de Barcelona por autopista, contando también con acceso en transporte público.

Esta cercanía permite completar el día visitando las joyas romanas de la antigua Tarraco, como su anfiteatro frente al mar o la Cantera del Mèdol, para culminar la jornada saboreando un arroz marinero en los pueblos vecinos y convirtiendo la excursión en el plan perfecto para una escapada de un día.