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Pepe Rodríguez lleva más de tres décadas demostrando que el éxito no siempre obliga a cambiar de lugar. Aunque buena parte de su vida profesional transcurre entre los platós de televisión y los proyectos gastronómicos que le mantienen viajando constantemente, el chef nunca ha querido alejarse de la tierra donde todo empezó.

Su refugio sigue estando en Illescas, el municipio toledano donde nació, aprendió el oficio entre los fogones del restaurante familiar y terminó convirtiendo un sencillo mesón en uno de los grandes referentes de la cocina española.

Allí se encuentra El Bohío, el restaurante fundado por su familia en 1934 y que hoy luce una estrella Michelin, además de haber situado el nombre de Illescas en el mapa gastronómico nacional.

Pero el vínculo del cocinero con este municipio va mucho más allá del restaurante. También es el lugar donde tiene fijada su residencia, una amplia vivienda con jardín en la que desconecta del ritmo frenético que acompaña a su trabajo y donde disfruta de la tranquilidad junto a su familia.

Situado a poco más de media hora tanto de Madrid como de Toledo, Illescas se ha convertido en uno de los principales municipios de la provincia gracias a su ubicación estratégica y a un patrimonio histórico que sorprende a quienes lo visitan por primera vez.

Un pueblo con siglos de historia

Aunque hoy supera los 33.000 habitantes, su casco antiguo conserva buena parte del trazado medieval que marcó el desarrollo de la villa durante siglos. Pasear por sus calles es descubrir antiguas casonas señoriales, edificios históricos y pequeños rincones que recuerdan la importancia que tuvo esta localidad como lugar de paso entre Madrid y Toledo.

Uno de los vestigios más antiguos que todavía permanecen en pie es la Puerta de Ugena. Se trata del único acceso conservado de la antigua muralla levantada tras la reconquista cristiana y constituye uno de los grandes símbolos del patrimonio local.

Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, en Illescas.

Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, en Illescas. Wikipedia.

Su arquitectura mudéjar y los restos defensivos permiten imaginar cómo era la villa hace casi un milenio.

Si existe un monumento imprescindible en Illescas, ese es el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad. Este conjunto histórico, declarado Bien de Interés Cultural, reúne la antigua iglesia y el hospital que durante siglos acogió a peregrinos y viajeros que atravesaban la comarca.

Sin embargo, su verdadero tesoro se encuentra en el interior. El retablo diseñado por El Greco y las cinco pinturas realizadas expresamente para este santuario convierten al templo en una de las visitas culturales más importantes de Castilla-La Mancha.

Obras como La Caridad, La Coronación de la Virgen, La Natividad, La Anunciación o San Ildefonso permanecen todavía en el lugar para el que fueron concebidas hace más de cuatro siglos.

Cocina castellano-manchega como protagonista

Hablar de Illescas también es hablar de buena cocina. El Bohío ha convertido al municipio en un destino habitual para amantes de la gastronomía que llegan desde distintos puntos de España para descubrir la propuesta culinaria de Pepe Rodríguez.

Sin embargo, la oferta gastronómica va mucho más allá. Tabernas tradicionales, restaurantes familiares y establecimientos donde la cocina castellano-manchega continúa ocupando un lugar protagonista permiten completar una visita que combina patrimonio y buena mesa.

Migas y embutidos.

Migas y embutidos. iStock

Toledo se encuentra a poco más de treinta kilómetros y ofrece una de las ciudades históricas mejor conservadas de Europa. Hacia el norte, Aranjuez constituye otra excelente opción para completar una escapada entre palacios, jardines históricos y lugares declarados Patrimonio Mundial.

Quizá por eso Pepe Rodríguez nunca ha sentido la necesidad de marcharse definitivamente. Porque Illescas reúne todo aquello que marcó sus comienzos: la familia, la cocina y un municipio que ha sabido conservar su historia mientras se convertía en uno de los grandes referentes gastronómicos de Castilla-La Mancha.