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Hay que alcanzar la Sierra de Cabra, en el sur de la provincia de Córdoba, para toparse con este pueblito de esencia andaluza abrazado por un inmenso mar de olivos. Cabra se halla, además, en el corazón geográfico de Andalucía, un enclave único arropado por los deslumbrantes paisajes del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, catalogadas como Geoparque por la Unesco desde 2015.

Sin embargo, antes de ahondar en la campiña que la rodea —que lo haremos—, lo ideal es entender qué es aquello que le aporta a Cabra una esencia tan especial.

Desbordante de carácter sureño en cada esquina, caminar por las calles de su centro urbano, dividido principalmente en dos barrios, el del Cerro —el antiguo arrabal cristiano— y el de la Villa —el medieval—, es fundamental para tomarle el pulso.

Casas típicas del barrio del Cerro en Cabra.

Casas típicas del barrio del Cerro en Cabra. Turismo de Cabra

Impolutas casas encaladas nos dan la bienvenida al atravesar el Arco del Sol, una de las puertas de entrada al primero de ellos. En él sorprenden la iglesia de San Juan Bautista —cuyas entrañas atesoran el Ara de Bacauda, una de las piezas más importantes del arte paleocristiano— y los engalanados patios y balcones que los vecinos se afanan en decorar con flores.

Son ellos los que dan forma a esa estampa cordobesa que todos tenemos en el imaginario. Creado en la época califal, aquí convivían perfectamente musulmanes, judíos y cristianos.

Caminamos después hasta la parte más alta del pueblo, al barrio de la Villa, donde se alza el Castillo de los Condes de Cabra, levantado en el siglo XV sobre una antigua fortaleza romana.

Con los años, la fortaleza pasó a ser convento de los capuchinos, aunque en la actualidad funciona como colegio. Junto a él, se alza la Parroquia de la Asunción y Ángeles, conocida como "la Mezquita del Barroco" al ser construida sobre los cimientos del antiguo templo musulmán.

Su fachada combina elementos góticos, renacentistas y barrocos, mientras que su interior sorprende por su amplitud y riqueza decorativa, con retablos y capillas que reflejan la prosperidad que vivió Cabra entre los siglos XVI y XVIII. Un verdadero referente de la localidad.

La muralla de Cabra.

La muralla de Cabra. Turismo de Cabra

La Cabra más señorial

Recorrer la localidad es dar un paseo por su historia, pero también una buena manera de conocer sus mayores costumbres. Una de ellas tiene que ver con uno de los lugares de reunión preferidos por los egabrenses —este es, por cierto, el gentilicio de la localidad—. Por eso hacemos un alto en el camino en el Círculo de la Amistad, un antiguo convento-hospital del siglo XVI transformado en templo a la cultura y un verdadero emblema de la localidad.

Tras la desamortización de Mendizábal, el edificio pasó a manos privadas y pertenece desde entonces a sus socios, que promueven que sus salones y patio continúen siendo testigos de tertulias, recitales y exposiciones desde su fundación en 1853.

En su interior, además, se venera también la gastronomía: desde los fogones de su restaurante procuran ofrecer un tipo de cocina variada e internacional, dándole el lugar que se merece a la huerta de la zona.

La Villa de Cabra.

La Villa de Cabra. Turismo de Cabra

Huerta que podemos visitar en un paseo por la llamada Senda del Agua, que transcurre, en parte, por las antiguas acequias de la localidad. Separando los barrios de la Virgen de la Sierra y el casco histórico, estos sembrados reivindican el pasado hortelano de la comarca y sus antiguos sistemas de cultivo integrándose completamente en el paisaje urbano.

El final de esta popular caminata —o el inicio, según se mire—, lo encontramos en la famosa Fuente del Río: gracias al terreno cárstico que domina el paisaje que rodea Cabra, la Subbética cordobesa es rica en manantiales.

Algunas de las aguas que se filtran y acumulan en el subsuelo vuelven a ver la luz precisamente aquí. Un lugar querido por los egabrenses, pues aquí nace el río Cabra.

Explorando el lado más natural

Disfrutar de las opciones de ocio ligadas a la naturaleza que ofrece el pueblo cordobés nos lleva a atarnos bien fuerte las botas de senderismo y lanzarnos a explorar sus alrededores.

La primera parada es en el Centro de Visitantes de Santa Rita que, ubicado en el antiguo cortijo restaurado que le dio nombre, se trata del espacio idóneo para entender los fenómenos geológicos que millones de años atrás convirtieron las Sierras Subbéticas en un lugar único.

El Picacho en Cabra.

El Picacho en Cabra. Turismo de Cabra

La zona de La Nava.

La zona de La Nava. Turismo de Cabra

Del propio centro parten dos rutas que nos permiten adentrarnos en el espacio protegido y conocer su enorme diversidad medioambiental. El sendero más corto, bautizado como Enrique Triano, egabrense amante de la botánica que aportó grandes descubrimientos sobre la flora y fauna de la zona.

Es una ruta circular donde abunda el sotobosque mediterráneo, rico en espino negro, rosácea, majuelos, encinas, chaparros y cornicabras. Un ecosistema perfecto para los mamíferos pequeños que habitan en el entorno.

La segunda de las rutas es la del Mirador de la Cabrera, más agreste y complicada, pero con el aliciente de sus vistas al Lapiaz de los Lanchares, una formación kárstica de 8 kilómetros cuadrados, de las mayores de España.

En la distancia, los caprichosos perfiles de las montañas calizas hablan de tiempos pasados al mostrar una estampa que en el periodo Jurásico estuvo cubierta por el mar de Tethys y cuyos paisajes, moldeados por el viento y la lluvia, se transformaron en un auténtico paraíso geológico.

El mejor colofón al viaje lo hallamos en la Ermita de la Virgen de la Sierra, situada en la cima del Picacho, a 1.217 metros de altura. Conocido popularmente como El Balcón de Andalucía, se trata del punto más alto de la Sierra de Cabra y desde él se divisan cinco de las provincias andaluzas.