Publicada

Si por lo que sea, o porque llega San Valentín, te acercas unos días a París, seguro que habrá beso mirando a la Torre Eiffel. Da igual el motivo o el momento. Es más, da igual que haya beso o no, que haya pareja o no… incluso en la compañía de uno mismo, el héroe de hierro de 330 metros de altura nos obliga a una visita, aunque sea por un viaje exprés de negocios.

Y siempre se recurre al mismo espacio, maravilloso, de la plaza de Trocadero.

Sin embargo, a menos de un kilómetro de este famoso lugar donde se encuentra el Musée de L’Homme, y recorriendo la avenida d’Eylau, está el emplazamiento sorpresa desde el que hacer un regalo visual a uno mismo y a quien le acompañe. Quienes lo han comprobado, así lo reconocen.

La Torre Eiffel, al fondo de la calle que sale de plaza de México.

La Torre Eiffel, al fondo de la calle que sale de plaza de México. Embajador México

Porque es llegar a la Place de Mexico y, como si de una aparición mágica se tratara, emerge el icono construido para la exposición universal de 1889, como celebración del centenario de la Revolución Francesa.

La torre, obra del ingeniero Gustave Eiffel, aparece con una cercanía increíble por obra y gracia de la perspectiva.

Es recomendable acudir de noche, porque la iluminación de la torre y el efecto nombrado hace la visión más famosa de París especialmente llamativa. Pero cualquier hora es buena; el efecto 'wow' está garantizado.

La estrella de seis calles que forma la plaza era un simple cruce de caminos, un lugar de huertas en el que se vendían básicamente flores. En 1825 su fisonomía comenzó a cambiar, pero todavía ni siquiera formaba parte de lo que hoy se conoce como París.

La integración no se produjo hasta 1860, si bien la plaza siguió manteniendo un marcado carácter rural. Su apariencia actual es de 1905. Y además, en aquel momento y hasta 1957, no se llamaba Place de Mexico, sino Rond-Point de Longchamp.

Esta historia urbanística puede servir de argumento para una conversación de desayuno, comida o cena. Y la pequeña plaza, que pertenece al exclusivo distrito 16 de la capital francesa, ofrece algunos lugares para ello, agradables, aunque francamente discretos.

Imagen de la place de Mexico desde otras perspectiva.

Imagen de la place de Mexico desde otras perspectiva. Wikipedia

Por supuesto, en el Café du Mexique, que dado que abre a las 7:30 de la mañana y cierra a la 1 de la madrugada, ofrece cualquier tipo de refrigerio a cualquier hora. Hay que aclarar que, a pesar de su nombre, no hay que esperar gastronomía mexicana. La oferta es típicamente francesa. De hecho, la sopa de cebolla es una de sus especialidades.

Otra opción, en la que, además, se puede disfrutar de terraza (tres mesas, no más) es Di Vino. Para tomar una copa de vino, por supuesto, pero también para degustar comida típicamente italiana. Aquí la opción es la comida o la cena.

Y antes de abandonar la plaza, es recomendable detenerse unos minutos en la contemplación de la escultura que la preside. Lógicamente es obra de una artista mexicana, Águeda Lozano. Su título: Tierra de México en tierra de Francia.

Fue una donación del país latinoamericano en 2006, cuya embajada, por cierto, se encuentra muy cerca, en el número 9 de la rue Longchamp.