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Tripea siempre ha sido un viaje: Perú como punto de partida, desvíos constantes hacia Asia, paradas técnicas en México y la sensación de que el menú funciona como un cuaderno de bitácora de Roberto Martínez Foronda.

En esa barra del Mercado de Vallehermoso donde los ceviches mutan, los dumplings se visten de ají y los platos cambian al ritmo del producto, tenía sentido que la carta de vinos también se moviera, se atreviera y se saliera del carril fácil.

Aquí no hay grandes alardes de solemnidad, lo importante es que el vino aguante el tipo frente a la acidez, el picante, el umami y ese punto canalla que lo impregna todo.

El ritmo de la cocina en Vallehermoso

El ritmo de la cocina en Vallehermoso Tripea

Al frente de la parte líquida está Isabel Ayala Badell, que esta temporada ha optado por una selección mucho más juguetona que la de invierno, pensada para que cualquiera encuentre su sitio, pero también para que nadie se limite a pedir lo de siempre.

Su carta es corta, directa, sin florituras, y privilegia los vinos ligeros, frescos y fluidos, esos que te permiten seguir picando sin pesarte en mitad de un tiradito o de un dim sum repleto de matices.

Isabel lo tiene claro: la consigna es dejarse aconsejar, atreverse con cosas nuevas y olvidarse, por un rato, de las etiquetas que todos pedimos en piloto automático.

Isabel Ayala seleccionando los vinos

Isabel Ayala seleccionando los vinos Tripea

La estructura acompaña esa filosofía. Pocas referencias, bien elegidas, con peso de proyectos pequeños y botellas que no te encuentras en cualquier barra de Madrid.

Hay margen para viajar por regiones, estilos y precios, pero la verdadera diversión llega cuando alguien se anima a preguntar por lo que no está escrito, por esa selección fuera de carta que cambia al ritmo de las inquietudes de Isabel y de lo que va descubriendo en ferias, viajes y encuentros con productores.

Es una carta que no pretende deslumbrar con número de referencias, sino con personalidad y con la sensación de estar bebiendo algo que alguien ha elegido pensando exactamente en esa cocina y en ese momento del año.

Uno de los coloridos platos de Roberto

Uno de los coloridos platos de Roberto Tripea

Un vino para viajar tanto como la cocina

Si hay una botella que resume la mirada de Isabel hacia el vino en esta nueva etapa de Tripea, ésa es Abeica Abaris 2023. Se trata de un blanco de pueblo elaborado en Ábalos, en plena Rioja, por una bodega de tradición cosechera que, con la llegada de la nueva generación, ha puesto el foco en los vinos de pueblo, de parcela y de pequeña producción.

Abaris nace de la viña Santa Ana, un viñedo viejo de viura situado en torno a los 600 metros de altitud, protegido por la Sonsierra, con conducción en vaso y suelos pobres con vetas calcáreas en superficie, algo que se nota luego en la tensión y la mineralidad del vino.

En copa, este vino no busca impresionar a base de músculo, sino de detalle: color amarillo pajizo limpio y brillante, aromas de manzana verde, pera y pomelo, flores blancas y un toque tostado muy sutil que delata la fermentación y la crianza en barricas de 500 litros, nuevas y de segundo uso.

Abaris 2023 (Precio: 20,87 €)

Abaris 2023 (Precio: 20,87 €) Abeica

En boca es fresco, amplio y muy lineal, con ese punto cremoso que aportan las lías, pero sostenido por una acidez alta y una salinidad casi cortante; la maloláctica no se hace y se agradece, porque mantiene el vino en modo cuchillo sin perder volumen.

Es de esos blancos que entran fácil, pero dejan un recuerdo largo, vibrante, ideal para ir bebiendo a sorbos cortos mientras la cocina sube de intensidad.

Todo esto cobra aún más sentido cuando se cruza con los platos de Tripea: la acidez y la mineralidad de Abaris se entienden a la perfección con los ceviches de temporada, limpian la boca después de un bocado de ají, acompañan el punto graso de algunos tiraditos y aguantan sin despeinarse las salsas más especiadas.

Maridaje de lujo

Maridaje de lujo Tripea

Es un blanco que pone orden donde podría haber ruido, que acompaña, pero no se deja pisar, y que se permite incluso un guiño de complejidad ahumada al final que marida estupendamente con preparaciones a la brasa o con fondos más oscuros.

No es un vino neutro pensado para no molestar: es un invitado incómodo en el mejor sentido, el que obliga a prestar atención a lo que hay en la copa mientras el menú va cambiando de acento.

La sumiller sirviendo el vino

La sumiller sirviendo el vino Tripea

“Quizá tenga sentido que recomiende este vino siendo riojana, ¿no?”, bromea la sumiller, pero lo cierto es que Abaris no fue un flechazo de patria, sino un descubrimiento reciente durante el VIR, el encuentro de Viticultores Independientes de Rioja que reúne a productores centrados en el pueblo, el terruño y la libertad a la hora de elaborar.

“Me sorprendió gratamente desde el primer momento y por eso hoy forma parte de la carta de Tripea”, cuenta. Para quien se siente en su barra con ganas de jugar un poco más, la propuesta está clara: dejarse llevar por la cocina viajera de Rober y por una viura de Ábalos que demuestra hasta dónde puede llegar Rioja cuando se mira la viña de cerca.