Vista aérea de Andorra la Vella entre montañas.

Vista aérea de Andorra la Vella entre montañas. iStock

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36 horas en la 'discreta' Andorra: miradores entre montañas, balnearios y obras de Dalí y Jaume Plensa

Una breve escapada a uno de los países más pequeños de Europa. Qué ver, qué hacer y dónde comer para llevarse el mejor de los recuerdos posibles.

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Ponemos rumbo a Andorra, ese microestado escarpado, discreto y enigmático. Tan cerca y tan lejos a la vez. ¿O acaso sabíais que está representado por Emmauel Macron y el obispo de la Seu D'Urgell (Lleida), Josep-Lluís Serrano i Pentinat?

Rarezas históricas aparte, este pequeño país entre montañas es conocido sobre todo por sus estaciones de esquí, sus compras duty free y sus bajos impuestos, los cuales han atraído a bancos, empresas, inversores y, más recientemente, youtubers e influencers.

Nos detenemos en la capital, Andorra la Vella, con un coqueto casco antiguo de casas de piedra pirenaica y una población que ronda los 23.000-25.000 habitantes, según los datos más recientes.

Allí vamos a pasar 36 horas lo que viene siendo un fin de semana no muy holgado—, tiempo suficiente para, al menos, saborear el aroma de la ciudad y tocar la nieve, si es que coincide que viajamos en temporada de esquí.

Un paseo por la historia

Empecemos por lo fundamental: el centro histórico. Merece la pena reservar en un hotel bien ubicado, como el recién inaugurado Casa Serras, y desde allí darse un paseo por la iglesia de Sant Esteve d'Andorra, la Plaça del Poble (un excelente mirador ubicado en la azotea del edificio administrativo del Gobierno), el Carrer de la Vall (con varios bares animados donde tomarse unas cañas y el Atelier by Aitor Estela, coctelería de autor en un ambiente cuidado) y la Casa de la Vall, sede del parlamento más antiguo de Europa.

La Casa de la Vall de Andorra.

La Casa de la Vall de Andorra. iStock

Aquí está el Armario de las Siete llaves, un mueble histórico que guarda documentos clave y que sólo puede abrirse con siete llaves (¡sorpresa!) una por cada parroquia de Andorra.

No os perdáis tampoco la plaza Lídia Armegol, desde donde observar una de las obras artísticas más importantes del Principado: 7 poetas, del artista barcelonés Jaume Plensa.

Se trata de siete figuras humanoides dispuestas sobre plataformas de acero inoxidable y colocadas encima de unos mástiles. Lo mejor es verlas al anochecer, momento en el que se iluminan de múltiples colores distintos.

Los 'Set poetes' de Jaume Plensa.

Los 'Set poetes' de Jaume Plensa. Jaume Plensa

Y de una obra de arte a otra: bajando por la Avenida Meritxell —el principal eje comercial—, y atravesando el río Valira, llegarás al monumento Nobleza de los tiempos del gran Salvador Dalí, ubicado en la Plaza de la Rotonda.

Balnearios y miradores que quitan el hipo

No puedes ir a Andorra la Vella y no visitar Caldea (en Escaldes-Engordany, a unos 20 minutos andando y 10 minutos en coche o bus), el icónico centro termal con vistas a la montaña desde su laguna panorámica.

Y si buscas algo más tranquilo y exclusivo, ve a Inúu, el espacio wellness anexo a Caldea sólo apto para mayores de 16 años. Te recomendamos que reserves con antelación.

El mirador Roc del Quer.

El mirador Roc del Quer. iStock

Un poco más alejado (a unos 20-30 minutos en coche), pero igualmente imprescindible está el mirador del Roc del Quer, una pasarela colgante de unos 20 metros de largo (12 de ellos suspendidos en el vacío) con unas vistas espectaculares del valle, ideal si quieres una panorámica rápida de los Pirineos andorranos.

Si te apetece caminar un poco más, acude a Vall d'Inclés, una zona protegida ideal para dar paseos fáciles, ver ríos y prados, y hacer excursiones cortas hasta lagos de montaña.

Y otro mirador precioso es el de Solar de Tristania, una gran pasarela circular metálica en forma de anillo colgada en altura sobre la montaña en la zona de Ordino-Arcalís. Se llega normalmente combinando telecabina o telesilla (en temporada) y un tramo corto a pie.

La estación de esquí de Grandvalira.

La estación de esquí de Grandvalira. iStock

¿Y para esquiar? La estación más grande es Grandvalira, ideal si quieres variedad y servicios (familias, snowpark, après-ski); luego están Pal Arinsal (Vallnord), más familiar y tranquila, perfecta para principiantes y familias; Ordino Arcalís, más pequeña, pensada para esquiadores intermedios y avanzados; y Naturland, para esquí de fondo y actividades de nieve con niños (trineos, toboganes, etc.).

Dónde comer en Andorra

Si te alojas en Casa Serras, tienes que ir sí o sí al restaurante del hotel: Fismuler, del reconocido chef Nino Redruello. Ofrecen cocina de producto, con platos aparentemente sencillos pero muy trabajados, como su famoso escalope San Román.

A mí personalmente me enamoraron las navajas gallegas con mayonesa de kimchi y kale, uno de esos platos que recomiendas a todo el mundo y que pediré obsesivamente cada vez que visite el restaurante. También aconsejo probar la dorada semicurada con almendra y uva tinta, otro de sus clásicos.

Por otra parte, si quieres algo más típico de la zona prueba a conocer Can Manel y Celler d'en Toni, este último combina tradición con creatividad y destaca por sus Canelones del Celler.

Para una experiencia más 'elevada' tienes Les Pardines 1819, ubicado dentro del hotel boutique con el mismo nombre, a 1600 metros de altitud, perfecto para quienes vayan a Grandvalira porque está a sólo cinco minutos de allí.

Para comer al lado de Caldea, a dos minutos andando, está Beç, que sirve una cocina tradicional actualizada. Destacan platos como el steak tartar de lomo de vaca madurada, los pies de cerdo rellenos de langostinos de Sant Carles o diversas especialidades de temporada, como sus guisantes del Maresme, setas y gamba blanca.

Y si quieres tirar la casa por la ventana, no lo dudes y ve a Ibaya, el único restaurante con estrella Michelin de toda Andorra, tutelado por el chef Francis Paniego. Disponen de dos menús degustación en los que sobresalen recetas como el trinxat y algún guiño a las gastronomías de Francia y Portugal.