Reloj solar en la fachada de la Colegiata.

Reloj solar en la fachada de la Colegiata. Treintayseis

Vigo Secreto

Vigo Secreto: el reloj de casi 190 años que todavía puede decir la hora, pero no la misma que tu móvil

En la fachada sur de la Colegiata se puede ver un reloj solar que data de 1837 y que fue denostado por los vecinos de la época por las dificultades que presenta, aunque algunas de sus peculiaridades lo convierten en único

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Mucho antes de que existiesen los relojes de pulsera o los de cadena, esos que sobresalían del bolsillo del pantalón enganchados en la hebilla, y por supuesto muchísimo antes de que la hora la diese el teléfono móvil, compañero fiel para casi todo, el momento del día lo marcaba un reloj de la plaza central.

Las campanadas decían las horas y las medias horas desde la torre de la iglesia, con el objetivo de guiar el paso del tiempo y de advertir de una cita, por ejemplo, la misa. Pero incluso antes de eso, era el sol el que guiaba al hombre, el que le marcaba el ritmo de vida, de actividad y de siembra.

Así, los relojes de sol tienen su origen en el antiguo Egipto y han sido una guía habitual desde aquella época. En Vigo, para encontrar uno de los más antiguos, hay que viajar al centro histórico de la ciudad, el Casco Vello, concretamente a la Praza da Igrexa, donde está la Concatedral de Santa María, conocida como la Colegiata.

Un reloj de 1837 en la fachada de la Colegiata

La de ahora es una edificación del siglo XIX que sustituyó a la antigua colegiata, dañada tras la explosión de un polvorín en 1809. Se trata de un proyecto de Melchor de Prado y Mariño y la primera misa se celebró en 1836. Un año después, se grabó en la fachada sur un reloj solar que casi 190 años después sigue allí.

Su autor fue Juan Agustín Domínguez, el relojero de la ciudad, y así aparece registrado en el grabado de la pared: "Por Ju.n Ag.n Dom.ez Reloxero en esta ciudad AÑO DE 1837".

Es curioso que, a pesar de cumplir en 2026 nada menos que 189 años, el reloj solar no convenció a los vigueses, que reclamaron un sistema más moderno para poder visualizar las horas. Así, en 1860, el Concello destinó 23.520 reales a comprar un reloj mecánico que daba las horas y los cuartos desde uno de los campanarios y que fue sustituido en 1973 por un reloj eléctrico, financiado por la entonces caja de ahorros, tal y como explica el periodista Eduardo Rolland.

Reloj actual de la torre de la Colegiata.

Reloj actual de la torre de la Colegiata. Treintayseis

Una pared que complicó su construcción

Y es que el reloj ofrecía varias complejidades, fruto de la elección de su ubicación. Resulta que la pared elegida de la Concatedral no está orientada exactamente al sur, una de las condiciones que necesitan los relojes solares verticales, como este, para funcionar de manera sencilla.

Por esto, Domínguez tuvo que diseñar un "reloj solar vertical declinante" y adaptar mediante cálculos trigonométricos todo el cuadrante a la orientación real del edificio, lo que le confiere una importante peculiaridad a la pieza.

Una condición que también anuncia la propia inscripción: "RELOX DECLIN.TE 5 G.S AL OCID.TE".

Es decir, un reloj declinante cinco grados al oeste. El gnomon, como se conoce a la pieza metálica cuya sombra marca las horas, tampoco puede salir perpendicularmente de la pared: está ligeramente desplazado para mantenerse en el plano norte-sur.

Esto explica algo que se ve perfectamente cuando uno se acerca: las líneas horarias no están repartidas de manera simétrica. Realmente, se puede hablar casi de una pequeña calculadora astronómica grabada en el granito de la Concatedral.

Mucho más que unas líneas para marcar las horas

Reloj solar en la fachada de la Colegiata.

Reloj solar en la fachada de la Colegiata. Treintayseis

Como se puede observar al acercarse al reloj, marca las horas desde las VI de la mañana hasta las V de la tarde, con números romanos. También se observan líneas más cortas, que marcan las medias horas y los cuartos de hora. El gnomon metálico tiene forma de Y y está apoyado sobre la línea de las doce.

Otra de las inscripciones que aparece es "AP. P. 42 G. 15 M.". Es la altura del polo; se trata de una forma antigua de expresar aproximadamente la latitud para la que fue calculado. Es decir, 42 grados y 15 minutos.

Pero en la piedra también se lee "CURVA DE LA EQUACION DEL SOL", y aparecen unas tablas con correcciones según la época del año.

La utilidad de esto nace porque la duración de un día solar verdadero no es exactamente la misma todos los días del año. La órbita de la Tierra es elíptica y su eje está inclinado, de modo que la hora que indica el Sol puede separarse varios minutos de la hora solar media. El cuadrante incorpora la denominada ecuación del tiempo para poder corregir esa diferencia.

Según el estudio realizado por César M. González Crespán, que se puede consultar en la web Astrovigo, de la Asociación Astronómica de Vigo, la diferencia puede superar los 16 minutos a comienzos de noviembre y los 14 minutos a mediados de febrero.

¿Por qué marca las doce cuando el móvil dice que son las dos y media?

Todo esto provoca una curiosa situación. Si alguien se sitúa delante del reloj solar de la Concatedral en verano cuando este marca las doce, en la marca XII, el reloj del móvil señalará aproximadamente las dos y media. En ambos casos, la hora que señalan —que es la que cada uno mide— es correcta.

Cuando el reloj solar marca las doce significa que el Sol está atravesando el meridiano de Vigo, por lo que es el mediodía solar local.

Vigo está casi nueve grados al oeste de Greenwich y España utiliza el huso horario de Europa Central. Por eso, incluso sin entrar en la pequeña corrección de la ecuación del tiempo, el mediodía solar en Vigo llega aproximadamente a las 13:35 en horario de invierno y a las 14:35 en horario de verano. El estudio del cuadrante calcula precisamente unos 34 minutos y 54 segundos de diferencia por la longitud de Vigo respecto a Greenwich.

La portada de Álvarez Blázquez

Portada de la obra de Alvarez Blázquez y el reloj solar en la fachada de la Colegiata.

Portada de la obra de Alvarez Blázquez y el reloj solar en la fachada de la Colegiata. Librouro / Treintayseis

La imagen de este reloj, como también indica Rolland, fue elegida por Xosé María Álvarez Blázquez para la portada de La ciudad y los días, su célebre recopilación de historias sobre la vida cotidiana de Vigo.

La elección encaja especialmente bien con una obra dedicada precisamente al transcurso de la vida de la ciudad: un reloj que lleva desde el siglo XIX observando cómo pasan las horas y los días sobre el Casco Vello.

No es el reloj de sol más antiguo de Vigo

A pesar de su antigüedad, el de la Concatedral no puede presumir de ser el reloj de sol más antiguo de Vigo. A pocos metros, en la Praza da Constitución, se encuentra otro situado en la Casa Pereira de Castro, con la inscripción "AÑO 1780".

Este último sería, por tanto, anterior en más de medio siglo al de la Colegiata y se llevaría el título de "más antiguo de Vigo".