Castro de punta do Muíño de Vento

Castro de punta do Muíño de Vento Concello de Vigo

Vigo Secreto

Vigo secreto: el castro del siglo VIII a.C que esconde el Museo del Mar

Constituye un ejemplo excepcional para conocer la evolución de los contactos comerciales por vía marítima desde los primeros siglos de la Edad del Hierro

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La ciudad de Vigo tiene una rica historia que se remonta a siglos antes de Cristo. Prueba de ello, son los poblados castrexos que se conservan en distintos puntos de la urbe: en el monte de O Castro, en la playa de O Vao o en el Museo del Mar de Galicia.

Este último, conocido como el castro de Punta do Muíño do Vento, es considerado el asentamiento con más años de ocupación de la ciudad. Además, según constatan los historiadores constituye un ejemplo excepcional para conocer la evolución de los contactos comerciales por vía marítima desde los primeros siglos de la Edad del Hierro. El castro fue descubierto durante las obras del Museo del Mar de Galicia inaugurado en el año 2002. En la actualidad, se pueden ver partes del mismo en este recinto.

Situado en una punta costera entre las playas de A Mourisca y O Cocho, el portal del Concello de Vigo recoge que estuvo habitado desde el siglo VIII aC hasta el siglo II aC, momento en el cual comenzó a despoblarse probablemente debido al desarrollo del Castro de Vigo, que tomaría el control del comercio marítimo en la ría, perdiendo este poblado una de sus principales razones de ser. Otros castros costeros del litoral vigués como el castro de Toralla y castro Castriño siguieron un destino similar.

Sin embargo, su abandono no fue definitivo y fue reocupado como centro destinado a los intercambios comerciales con los comerciantes romanos, pero bajo el control del Castro de Vigo, hasta su completo despoblamiento, momento en el cual el lugar se utilizó como necrópolis.

Ocupado durante siglos

Según explican desde el Museo do Mar, la primera ocupación del asentamiento se remonta al siglo VIII a.C., en plena Edad del Bronce. De esta etapa proceden las hachas de talón halladas en el yacimiento, piezas vinculadas a los intercambios comerciales con poblados de la fachada atlántica europea. Las viviendas de aquella época, construidas con madera y paja, apenas dejaron huella en el registro arqueológico.

"En la parte este del castro hay un cubo que permite observar el registro arqueológico del siglo IV a.C. En él se aprecian tres piedras verticales que podrían pertenecer a un altar de origen iberopúnico. De hecho, se encontraron restos de cerámica procedente del sur de España asociados a este altar, especialmente recipientes vinculados al transporte de pescado salado. Esto confirma la estrecha relación entre las culturas del Mediterráneo y el Atlántico", señalan desde la institución.

La ubicación del castro, muy próxima al mar, favorecía precisamente esos intercambios marítimos. Los expertos consideran que el asentamiento tuvo un papel estratégico dentro de las rutas comerciales atlánticas de la época.

Ya en el siglo I a.C., el poblado fue abandonado como espacio habitacional y el entorno comenzó a transformarse en una zona dedicada a la salazón de pescado. En las inmediaciones se levantaron factorías romanas y salinas, mientras que el antiguo castro pasó a utilizarse como necrópolis. De esa etapa se conserva incluso el esqueleto de un varón hallado durante las excavaciones y custodiado actualmente por el museo.

El yacimiento permaneció abandonado a partir del siglo III d.C., una circunstancia que, paradójicamente, favoreció su extraordinario estado de conservación. La acumulación de tierra y sedimentos creó una capa anaeróbica que protegió los restos arqueológicos del paso del tiempo. Siglos más tarde, la construcción sobre la zona de una fábrica de conservas y posteriormente del antiguo matadero terminó de sellar el enclave.

Parte del castro puede visitarse al aire libre, mientras otra zona permanece integrada en el interior del museo. El espacio fue restaurado en los años 2000 y continúa siendo uno de los grandes tesoros arqueológicos de Vigo, junto a otros enclaves históricos como el Castro de Toralla.