Andrea Espiña, de la agencia creativa Lachary
Ay Maricarmen
Una reflexión de Andrea Espiña sobre la polémica de los decretos de la vivienda tras el caso Maricarmen
A veces la gente se queja de mí por ver los toros desde la barrera. Pero es que en tiempos donde el sentimiento va por encima de la ideología y la razón ha quedado relegada cual viejo libro desgastado cogiendo polvo en una estantería, yo no puedo más que acomodarme en mi butaca, sostener mi paquete de palomitas y ver el panorama.
“La realidad siempre supera la ficción”. Cuánta verdad.
Dígamelo a mí que llevo dos semanas tratando de escribir este texto, pero los sobresaltos de la política diaria me dejan con las temáticas amontonándose y el cerebro frito de tanta novedad.
Hemos tenido que ver a Maricarmen saliendo de su casa en camilla y escoltada, para que el gobierno se diera cuenta que el principal problema de los españoles era la vivienda. Tal vez pensarán que lo que mantiene en vilo a la población eran las conclusiones del CIS o el temporal que entra por el noroeste. ¡Sorpresa! La vivienda.
Si bien la secuencia de una anciana asediada en su desahucio impacta e indigna sobremanera, lo que vino después tampoco es para menos.
Ahí tienen a Sánchez con rostro pensativo. Allá a la ministra de Vivienda diciendo que no tenían conocimiento de la situación. Ahora Yolanda enardecida pide una protesta contra el gobierno (o sea su gobierno). ¡Esperen! que vienen los ministros a la puerta del hospital con la foto de Maricarmen entre las manos. A lo lejos el fondo buitre que no es buitre ni fondo y aún más lejos, la instantánea del presi con los de Blackrock. No se muevan de sus asientos, en breve empieza la disputa del PSOE, Sumar y Podemos por capitalizar la acampada en Sol.
¡Listo! No se preocupen, su problema tiene solución. Este Consejo de Ministros sin un sólo experto en urbanismo o construcción, ha encontrado la respuesta. Eureka. Decreto uno por aquí, decreto dos por allá. Alguien pregunta si realmente sirven para algo, otro le increpa diciendo que es lo que hay.
Y en un giro espectacular de los acontecimientos, dos ruedas de prensa, una por decreto, claro. Por si ustedes no tenían suficiente.
Ah, ¿pero pensaban que les íbamos a explicar algo? No hombre no, si es que aún no hay texto final, menudo cacao.
Con todo esto, ¿cómo pretenden que me tome en serio algo?.
Tal vez cuando exista un pacto de estado real. Cuando gobierno, comunidades y ayuntamientos tengan planes que no impliquen infinita burocracia y se ponga suelo en el mercado. Tal vez cuando existan presupuestos para vivienda pública y se construyan infraestructuras que favorezcan el desplazamiento al centro de las ciudades donde todos queremos vivir, pero no todos entramos. Tal vez cuando bajen los impuestos a ese “derecho” que es la vivienda.
Tal vez, y sólo tal vez.
De momento, me quedo en la butaca y abro mi cuarta bolsa de palomitas. Parece que esta película va para largo.