Jacobo Betanzos, batería de Siloé.
Jacobo Betanzos: "El éxito de Siloé no llegó con una canción. Llegó después de diez años picando piedra"
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Hay grupos que parecen surgir de la nada. Y hay otros que se construyen con calma, concierto a concierto, carretera a carretera y ensayo tras ensayo. Siloé pertenece a este segundo grupo.
Detrás de la banda hay una historia de casi una década de trabajo silencioso, sacrificio y miles de kilómetros recorridos antes de llenar festivales y ver a miles de personas cantar sus canciones. Pocas personas conocen ese camino tan bien como Jacobo, batería de Siloé y natural de Caldas de Reis (Pontevedra), que ha vivido desde dentro la transformación de un proyecto que pasó de tocar en salas donde apenas cabían los instrumentos a convertirse en una de las bandas más importantes del panorama musical español.
En un viaje que bien podría resumirse entre La verdad, Sangre en las venas y Todos los besos, hablamos del valor de perseverar cuando todavía nadie te espera al otro lado, de la importancia del equipo, del precio de perseguir una vocación y de cómo se construye un proyecto de éxito cuando el talento va acompañado de paciencia, disciplina y la capacidad de seguir creyendo incluso en los momentos más difíciles.
Porque, al final, como ocurre en la música y en el emprendimiento, los grandes proyectos rara vez nacen de un golpe de suerte. Se construyen paso a paso.
¿En qué momento te das cuenta de que la música puede dejar de ser una afición y convertirse en tu vida?
Te diría que quizás te das cuenta cuando ves que puedes vivir de ello, que es lo más obvio. Pero hay una fase anterior, en la que empiezas a ver que mucha gente nueva comienza a escuchar tu proyecto y cada vez vendes más entradas. Quizás es en ese momento cuando piensas: «Creo que podría vivir de esto y hacerlo más grande». Pero esa fina línea es muy delicada, y es justo el momento en el que muchos proyectos se pueden quedar ahí por mil razones, como la propia gestión del proyecto, por ejemplo.
¿Qué pensaban tus padres cuando les dijiste que querías dedicarte a la música?
Seguramente que era el peor camino que podía escoger. No les culpo por ello. Siento que ese pensamiento tiene mucho que ver con cómo se transmite la cultura en nuestra sociedad desde pequeñitos. Le quitamos valor a algo que, en realidad, nos hace más cultos y que todos luego queremos consumir.
Debemos sobrepasar la línea en la que vemos un cuadro de un artista, lo queremos, pero no estamos dispuestos a pagar su precio porque nos creemos con derecho a poner nosotros un precio "justo". Eso está muy fuera de lugar. No me imagino a alguien en la caja de un súper regateando el precio de un pack de cervezas.
Siloé lleva alrededor de diez años de carrera. ¿Qué significa realmente "picar piedra" durante diez años en la música?
Pues significa muchas cosas, sobre todo sacrificio, tanto personal como familiar. Sacrificamos todo a cambio de nada y, una vez que empieza a funcionar, sigues sacrificando.
Ser artista y tener un grupo es algo vocacional, algo que tiene que estar dentro de ti y debes vibrar con ello. De lo contrario, creo que sería difícil afrontar el "picar piedra", como dices, porque esos años son un desierto que solo llena la ilusión.
Evidentemente hay muchas cosas buenas y muy bonitas también, y hay que disfrutarlas, pero sí creo que para esa fase de "picar piedra" debes llevarlo dentro o, quizás, no lo harías.
¿Cuántos conciertos tuvisteis que hacer prácticamente sin que nadie os conociera antes de empezar a notar que algo estaba cambiando?
He perdido la cuenta ya, jaja, pero evidentemente muchos. Incluso tocamos en salas donde no entraban ni los instrumentos.
¿Cuándo fue la primera vez que dijisteis: "Hostia, esto está empezando a funcionar de verdad"?
Creo que fue a los pocos meses de sacar nuestro álbum Santa Trinidad. Girando por salas de 150 o 200 personas, comenzábamos a llenar las de 400 o 500, y empezamos a notar que de verdad la gente venía a vernos y quería pagar por asistir a un concierto nuestro.
¿Qué fue más importante para el salto: una canción, un concierto, un festival, Spotify, las redes… o simplemente haber aguantado?
Todas son importantes y todas son necesarias para sumar, pero la más importante son las canciones. Si no hay canciones, no hay hilo conductor con el público ni con el posible fan. Por mucho "escaparate" que intentes construir, no servirá de nada. Al final, siempre ganan las canciones.
¿Recuerdas el primer concierto en el que viste a miles de personas cantando vuestras canciones? ¿Qué se siente en ese momento?
Sí, tengo varios recuerdos. Desde una sala en Zaragoza con 200 personas gritando cada frase hasta los primeros festivales donde empezaba a suceder.
Creo que es una de las sensaciones más mágicas que puedes vivir. Realmente te pone la piel de gallina, te sobrecoge. No te lo sabría explicar, pero es increíble.
¿Cuál ha sido el concierto o festival que para ti representa el "antes y después" de Siloé?
Puff... hay muchos, la verdad, porque ha sido un crecimiento muy progresivo. No hemos crecido de golpe, aunque lo parezca.
Por decir alguno, quizás el FIB de Benicàssim, hace dos años si no me equivoco. Tocábamos en el escenario pequeño, todavía no nos conocía demasiada gente y, aun así, se juntaron unas 30.000 personas a la una de la madrugada. Fue mágico.
¿Qué porcentaje del éxito de Siloé dirías que es talento, qué porcentaje es trabajo y qué porcentaje es haber aguantado más tiempo que los demás?
Todo por igual. Debes poner el 100 % en cada parcela, y cada una depende de la otra. Las tres son igual de importantes; de lo contrario, seguramente no estaríamos aquí.
¿Cómo se consigue mantener una relación entre tres personas después de diez años compartiendo carretera, decisiones, éxitos y fracasos?
Simple: respetándose siempre, manteniendo la comunicación y la confianza... y con un buen psicólogo. Son pilares fundamentales.
Si pudieras sentarte ahora mismo con aquel Jacobo de Caldas que estaba empezando, ¿qué le dirías?
Le diría que no dejase de creer en sí mismo y que siguiera soñando. Esas dos cosas son las que me han traído hasta aquí y, a día de hoy, siguen siendo uno de mis principales puntos de referencia.
Siempre he creído que soñar con algo y buscar el camino para hacerlo realidad es un pilar fundamental para el éxito y la plenitud personal. Pocas cosas pueden sustituir ese sentimiento de logro.
Y sí, te voy a decir que, si crees de verdad, con fuerza, y estás dispuesto a dar absolutamente todo, acabarás llegando a un lugar bonito.