Calle Pablo Iglesias cortada por las obras en la grada de Gol

Calle Pablo Iglesias cortada por las obras en la grada de Gol SP

Comercio

Los comercios de la calle Pablo Iglesias, afectados por las obras en Balaídos: "Facturamos un 30% menos"

Insisten en la necesidad de la actuación pero reclaman mayor claridad por parte del Concello

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El barrio de Balaídos vive años de intensa transformación. La ampliación del estadio de fútbol y las actuaciones previstas en sus inmediaciones mantienen a los vecinos en un escenario de obras que se prolongará durante años. Una situación que afecta a todo el vecindario, pero que está pasando especialmente factura a los negocios de la zona.

Es el caso de los establecimientos de la calle Pablo Iglesias, cuya actividad se ha visto reducida debido al cierre de uno de los accesos por las obras de la grada de Gol. La vía permanece cortada en el extremo que conecta con el estadio, lo que dificulta el acceso y reduce el volumen de clientes de los dos negocios situados en ella: la panadería El Trigal y la farmacia Lestón.

Actualmente, no es posible acceder a la calle desde Manuel de Castro. Los conductores tienen que continuar hasta el final de Florida y, posteriormente, entrar por la zona del Mercadona de Coia para poder llegar a Pablo Iglesias. Un rodeo que, según explican los responsables de ambos establecimientos, ha reducido especialmente las llamadas "paradas rápidas" de clientes que acudían en coche.

"En verano mucha gente viene a comprar bocadillos o empanadillas para llevar a la playa, pero al no poder llegar con el coche van a otros sitios", explica Aldara Durán, responsable de Calidad de El Trigal. Una situación similar se da en la farmacia, donde muchas personas aprovechaban para detenerse unos minutos y hacer una compra rápida, según explica su propietario, Pablo Lestón.

Ambos comerciantes insisten en que entienden la necesidad de las obras y que son actuaciones "imperativas" para la ciudad. Sin embargo, reclaman mayor claridad por parte del Concello sobre los plazos y las previsiones de apertura de la calle.

"Nos habían dicho que el 20 de agosto la calle volvería a abrir, pero estamos en octubre y no sabemos nada. Es una sensación de desidia por falta de empatía por parte de la Administración", lamenta Lestón. En este sentido, ambos coinciden en que la incertidumbre dificulta la planificación de sus negocios. "Entendemos que las obras son obras y siempre surgen imprevistos, pero como negocio nos gustaría poder planificar", señala Aldara.

La falta de previsión, aseguran, también ha tenido consecuencias a la hora de organizar el personal y el aprovisionamiento. "Contratamos personal para el verano teniendo en cuenta que íbamos a tener el mismo volumen de negocio, pero con las obras tuvimos mucho menos trabajo y los contratos ya estaban hechos", explica Aldara.

En el caso de la farmacia, el problema se trasladó especialmente al stock. Lestón explica que los productos solares son algunos de los artículos con mayor demanda durante el verano y que debe encargarlos con varios meses de antelación. La caída de clientes provocada por las dificultades de acceso hizo que parte de ese aprovisionamiento no pudiera venderse.

"Las empresas organizamos las vacaciones y el periodo de verano, que es crítico para casi todas. Ellos tienen una punta de trabajo relacionada con los bocatas, pero nosotros tenemos los solares, que tengo que encargar con seis meses de antelación. Evidentemente, eso me lo como con patatas", lamenta el farmacéutico, que reclama que las actuaciones se comuniquen con suficiente antelación para poder reorganizar tanto el personal como los pedidos.

Una situación que ya ha dejado huella en la facturación de estos negocios locales. Aldara explica que El Trigal ha facturado este verano entre un 20% y un 30% menos debido a las dificultades de acceso provocadas por las obras.