Elena Fligueira, de Vigo de Papel.
Vigo de Papel, la librería de barrio que atrae lectores de toda España y presentaciones de grandes autores
Elena Filgueira, conocida en redes como Elena Blumen, abrió en 2022 entre fotocopiadoras y maquinaria de imprenta un negocio que hoy suma miles de seguidores y se ha convertido en escenario habitual de presentaciones de escritores
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Dice Joaquín Sabina que "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver", una máxima que no se puede aplicar a Elena Filgueira, que tras estudiar marketing y publicidad en Canadá, vivir en Sevilla y trabajar durante años en empresas del sector comercial en las que no le iba "nada mal", se hizo la pregunta de si aquello era lo que quería, precisamente, si era feliz.
"Me planteé con 30 años si lo que quería en la vida era trabajar muchas horas, estar bien económicamente, pero no ser feliz nunca más que estando de vacaciones. Me parecía surrealista que la vida fuese eso", explica a Treintayseis.
Así, pasó a montar con su pareja un estudio de tatuajes, aunque asegura que no le gusta la sangre, hasta que la pandemia le volvió a obligar a hacer una parada para pensar. Casualmente, frente al local donde trabajaba, había un cartel de "se alquila" en un escaparate.
Era el de Copialte, una de las imprentas más antiguas de Vigo que llevaba abierta desde 1997, así que se lanzó. Habló con la dueña para cumplir un sueño que le rondaba de siempre. "Creo que es bastante evidente que me gustan mucho los libros y siempre fue algo que tuve lo de montar una librería", añade.
Nace Vigo de Papel
Vigo de Papel.
Así nació hace cuatro años Vigo de Papel. Lo hizo de manera veloz: la misma tarde que el antiguo negocio cerraba la persiana, Elena ya se puso tras el mostrador. Empezó con un pequeño muestrario de libros que fueron progresivamente robándole espacio a toda la maquinaria destinada a la imprenta y las fotocopias.
Hoy es una librería y papelería situada en el número 5 de la rúa Aguia, en el barrio del Calvario, donde su abuela tenía una pequeña jamonería desde los años 50 llamada El Paraíso. "Yo me crié en la tienda de mi abuela, creo que la vena comercial me vino de ella", asume la viguesa.
Volvía a donde había sido feliz para reencontrarse con la felicidad en forma de literatura.
El reclamo de las redes sociales
Igual de veloz ha sido todo; por ejemplo, su presencia en redes sociales, algo que empezó "sin más", con Elena hablando de libros, de lo que le gusta. Bajo el nombre de Elena Blumen, un apellido que eligió para preservar su intimidad y haciendo referencia a su gusto por tatuar flores — blumen en alemán significa flores —, fue creciendo hasta alcanzar cerca de 115.000 seguidores entre todas las redes sociales.
Las publicaciones comenzaron a alcanzar cientos de miles de visualizaciones, aunque ella fue consciente de lo que eso significaba el verano de 2025: "Vino un señor que tenía un amigo en Londres y le había dicho que viniera a comprarnos un libro aquí porque nos veía en redes. Me voy a acordar siempre de que ese señor entró por aquí".
Fue el primero de muchos instantes acumulados de seguidores que se acercaban por Vigo de Papel, hasta convertirse en costumbre. "Es raro que en una semana no venga gente", confiesa, y añade que el día anterior a la entrevista habían pasado siete grupos procedentes de Madrid.
Es decir, visitantes de otras ciudades que no llegan por casualidad, sino que se desplazan a propósito hasta el Calvario para visitar una librería alejada del circuito de los locales del centro de la ciudad.
Refugio de escritores
Vigo de Papel.
De alguna manera, este fenómeno tiene su reflejo en lo que Elena ha conseguido con los escritores. Hoy en día, raro es el libro que no se presenta en Vigo de Papel cuando un autor visita la ciudad. El germen es Pedro Feijóo, con el que contactó gracias a Manuel Esteban, autor y cliente de Vigo de Papel.
El escritor vigués pasó por la librería para dejar varios libros firmados y, cuando estaba a punto de publicar Onde nacen as bestas, Elena decidió probar suerte. "Le dije: 'Pues a mí me encantaría hacer una presentación contigo'. Y me dijo: 'Pues lo hacemos'. Y yo: '¿En serio?'".
Tan en serio fue que comenzó una cuenta atrás para transformar el local y poder dar cabida al acto. La zona trasera seguía llena de máquinas; su marido y su hermano fueron incluso a Ikea en Portugal a buscar las estanterías que necesitaban y pasaron el fin de semana desmontando y reorganizando el espacio.
A la presentación acudieron, según recuerda Elena, unas 70 personas.
Vigo de Papel.
Después escribió a Óscar Reboiras. "Me dijo que había presentado en una librería y que habían ido dos personas. Aquí fueron 42". Más tarde apareció Robert Cagiao y Elena volvió a aplicar el mismo método: "Le dije: 'Oye, ya que me has mandado el libro, querrás presentar aquí'".
El escritor aceptó y ella lanzó una onda expansiva que llegaba hasta el futuro: "Entonces yo ya me pedí los próximos diez años de libros. Ahora te pida quien te pida, ya te he pedido yo para Vigo".
A partir de ahí comenzaron a cruzarse nombres, autores y contactos. Pedro Feijóo le presentó a Arantza Portabales y Ulises Bértolo, escritores empezaron a contactar directamente con la librería y Elena comenzó a tocar la puerta de grandes editoriales. "Se hizo como una comunidad muy chula de escritores", celebra.
Perder el miedo a pedir
Vigo de Papel.
De alguna manera, Elena perdió el miedo a pedir. "Yo empecé a escupir para arriba a ver qué pasaba y me empezaron a caer", sentencia. Si contactar con una gran editorial para que tuviesen en cuenta a una pequeña librería del Calvario parecía complicado, lo contrarrestó siendo ella misma la que se dirigiese a los escritores.
Uno de los mejores ejemplos fue Santiago Díaz. Lo conoció en un encuentro literario, consiguió el contacto de su equipo y después volvió a coincidir casualmente con él en Radio Vigo. Finalmente cerraron una presentación.
La convocatoria fue tan grande que Vigo de Papel se quedó pequeña: "A él me lo llevé a Multicines Norte porque era imposible que aquí fueran las ciento y pico personas que vinieron".
Feria del Libro
Las presentaciones se convirtieron así en una de las señas de identidad del negocio. También trasladó esa filosofía a su primera participación en la Feria del Libro de Vigo, donde reunió una amplia programación de firmas con autores consolidados y otros vinculados a pequeñas editoriales o a la autopublicación.
"Donde todo el mundo me dijo que estaba loca, yo creo que fue muy bonito. Al final hicimos una comunidad que venía, conocían al escritor". Fueron un total de 27 los que pasaron por su caseta, aunque Elena hizo extensivo este pequeño hito, convidando al resto de librerías presentes en la fecha a que exhibiesen los libros de los autores citados. "La gente pasa por delante de la tuya, no me tiene por qué comprar a mí", razona.
Vigo de Papel.
La misma filosofía aplica cuando un cliente pide un título que no tiene: antes de enviarlo a una cadena, trata de localizarlo en otro pequeño comercio. "Los principios intento no cambiarlos. Prefiero que coma mi vecino".
Principios que también le llevan a tratar de guiar a sus compradores cuando quieren un libro. Por ejemplo, literatura indicada para jóvenes, pero que ella considera que es "demasiado excesiva" para esas edades. No censura, pero explica, recomienda y trata de convencer con argumentos. Tampoco lo expone, sino que trabaja bajo pedido.
A la hora de pedir libros, solo tiene una norma: "No pido lo que no me gusta".
Recomendaciones
Desde Treintayseis, le pedimos a Elena aprovechando la conversación sobre libros que recomiende tres obras para luchar contra la vuelta a la rutina; tarea complicada, por no decir casi imposible, para una amante de la literatura y los libros como lo es la dueña de Vigo de Papel.
Para los más pequeños, Elena apuesta por Brujas y dragones, de Ledicia Costas y Luismi Pérez, un libro-juego en el que los niños pueden elegir cómo avanza la historia y llegar a decenas de finales diferentes. "A mí me parece guay porque no lo toman como un 'tienes que leer este libro'".
Entre sus recomendaciones para adultos está El país invisible, de Arturo Lezcano, una crónica periodística construida a partir de testimonios de emigrantes recogidos durante años. "Empiezas a leer y parece que es tu abuelo contándote cosas. Para mí esto es un sí rotundo".
También señala Casa, de Alejandro Palomas, una historia de abuelos, niños y hogares que, a su juicio, "recuerda mucho a cómo vivimos nuestra infancia antaño".
Y deja además dos avisos para octubre: los próximos trabajos de Ledicia Costas y Pedro Feijóo. Su veredicto tampoco necesita demasiadas vueltas: "Van a ser maravillosos".