Jesús y Ramón Casanova.
El supermercado de Vigo que lleva más de 110 años resistiendo ante las grades superficies: "Seguimos peleando"
Ramón es la tercera generación al frente de Supermercados Casanova, resguardado en una paralela de la Avenida de Madrid, que regentaron primero sus abuelos desde 1914 y después Jesús, su padre, que con 98 años se convierte en memoria viva de otros tiempos
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El Camiño do Raviso es una calle estrecha, paralela a la Avenida de Madrid, una vía desconocida para los que no son de esta zona de la ciudad. Frente a la parte trasera de un gran Burger King, aparece una vivienda unifamiliar blanca, con tres pequeños balcones a la calle y que se extiende hasta el cruce con la Estrada Miraflores-Sárdoma.
En esta segunda edificación se puede leer, en letras azules, Supermercado Casanova y un añadido que da más valor al nombre: "Desde 1914". Esta tienda, de las de toda la vida, está regentada hoy por Ramón Casanova, tercera generación que se remonta hasta sus abuelos, que primero alquilaron el local para luego adquirirlo en propiedad.
Allí, primero en el bajo de la vivienda, se vendía "de todo". El padre de Ramón, Jesús, se crió en el negocio en el que empezó a trabajar con 7 años. Así lo cuenta Ramón a Treintayseis, acodado sobre el mostrador, e interrumpiendo la charla de vez en cuando para atender a algún cliente que no tiene ni que pedir, porque allí ya se conoce qué viene a comprar.
Igual que Jesús, el propio Ramón también se crió en la tienda, que más bien era "una casa familiar". "Yo me crié en el colo de la gente, tengo clientes que me llevaban en brazos para delante y para atrás, que jugaban conmigo. Algunos son más familia que mi propia familia", explica.
Más que un supermercado
Supermercado Casanova
Y es que Supermercado Casanova fue lo más parecido a un centro social para los vecinos. Sobrevivió a los años de Guerra Civil, época de racionamiento, y Jesús, que "siempre fue muy innovador", organizaba en el actual local un baile, el California, que reunía a los vecinos y a mucha gente que no sólo se conocía allí, sino que también terminaban casándose.
El baile, una pasión para Jesús, que todavía recuerda las pocas vacaciones que ha podido tener en su vida y cómo bailaba hasta la madrugada con su mujer, Dolores, Lolita para él. Su nombre flota a lo largo de toda la conversación; falleció hace más de 10 años, pero para el que fue su marido pervive en el recuerdo y entre palabras de amor mientras se toca el pecho, en el lado del corazón, cuando se refiere a ella.
Es memoria y recuerdo lo que se respira allí, pero también el trabajo y las "vacas gordas y flacas", que decía Lolita, como recuerda Ramón, de un negocio que ha tenido que ir sobreviviendo a las grandes superficies que fueron llegando con el paso de los años. Ese hilo temporal lo enumera a la perfección el actual propietario, como representante de una suerte de aldea gala que resiste las acometidas de los romanos.
Algo que ya comenzó en época de sus padres, que "en esos momentos estaban nerviosos porque se les iba la clientela al local nuevo, que las cosas nuevas siempre llaman la atención", además de que "tiraban los precios". Hoy, Mercadona y Froiz son los molinos con los que se bate en duelo, desde la distancia y con menos armas, este supermercado.
"Seguimos peleando", sentencia Ramón, que reconoce que las grandes compras ya se realizan en las grandes superficies, mientras las tiendas de barrio quedan para urgencias o productos más locales que pueden ofrecer a una clientela que va desapareciendo. En el caso de Casanova, aún tienen una libreta antigua donde apuntan los "debes" que se pagan a final de mes.
Contacto con el cliente
Supermercado Casanova
Estos negocios, eso sí, pueden ofertar algo de lo que carecen los grandes competidores: el trato personal y directo. "Aquí llegan y te cuentan sus problemas, incluso sus secretos, y también te preguntan qué tal y les cuentas tú los tuyos", incide Ramón, que destaca la figura de su madre como esa perfecta "oyente", siempre con buena cara a pesar del cansancio que generaban las horas de trabajo.
Sus padres abrían todos los días, pero él ha ido reduciendo horarios porque considera que pasar tiempo con sus hijas es una "riqueza" más importante. Una cuarta generación que no parece dispuesta a heredar el negocio familiar.
Ellos se mantienen, mientras otros similares han ido cerrando. Les pasa también a los proveedores, los de toda la vida, que se van jubilando sin relevo.
Tras la jubilación de Jesús, él no perdió el contacto con el día a día hasta que llegó el COVID, que obligó a su hijo a cerrar la puerta que conecta el local con la casa familiar. "Pensé que no iba a sobrevivir sin la tienda tantos meses", reconoce, pero lo logró "potenciándolo" desde dentro del hogar.
Supermercado Casanova
Así, se encargaba de las cuentas, a mano, del negocio, para no perder el vínculo al que llevaba atado tantos años. Hoy, de vez en cuando se pasea por el local, rememorando las charlas con los clientes que tanto dieron de sí y explicando pasajes de la historia del supermercado, su propia historia.
El vino que iba a probar en bicicleta, cuando el automóvil era un lujo para muchos, y luego lo llevaba en un camión para vender garrafones de 8 o 16 litros. "Aquí venía un camión de Skol y descargaba todo detrás, imagínate lo que se vendía aquí", añade Ramón.
Jesús, memoria viva
Jesús nos invita a pasar a su casa; en una cómoda se acumulan marcos con fotografías familiares que desgrana para el invitado, así como los recortes de periódico, también enmarcados, en los que aparece cuando cumplió 90 años. En el exterior ha oscurecido y llueve con abundancia, pero en el interior siguen llegando clientes y mercancía.
Supermercado Casablanca, desde 1914, permanecerá abierto el tiempo que sea y que pueda, pero nunca cerrará para aquellos para los que significó algo más que una exposición de productos a la venta.