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Andrés Dono, el joven gallego que vive su sueño de trabajar en la NASA

Desde el Ames Research Center, un centro de investigación situado en la ciudad de San Francisco, este físico vigués dirige el grupo de mecánica orbital desde el que participa en proyectos de enjambres de satélites o en misiones interplanetarias a Marte u otros planetas
Andrés Dono en San Francisco.
Andrés Dono en San Francisco.
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Andrés Dono no sabía lo que le depararía el futuro cuando era niño, pero asegura que ya desde pequeño soñaba con el espacio y con poder, algún día, aportar su grano de arena a la exploración de todo aquello que sucedía más allá de nuestro planeta. Hoy, un sueño cumplido.

Este joven vigués inició, sin aún saberlo, su camino hacia la NASA en Santiago de Compostela, donde estudió la carrera de Física. A la hora de especializarse, viajó a Suecia para cursar asignaturas dentro del ámbito de la astrodinámica y la cosmología y, una vez finalizada la carrera, se incorporó a un máster en la Universidad Internacional del Espacio, situada en Francia. Desde ese destino logró un período de prácticas en la agencia estadounidense de investigación aeronáutica y aeroespacial, y por fin puso un pie en la NASA.

«El proyecto en el que trabajé inicialmente fue bien y se extendió, así que finalmente al cabo de unos meses conseguí un trabajo fijo en el departamento», cuenta Dono. «De alguna manera mi camino se dejó guiar un poco por mi interés por el espacio y la ciencia, a pesar de que siempre me gustaron muchas otras disciplinas como el arte o la historia», añade.

Satélites y misiones interplanetarias

Han pasado ya ocho años desde que este joven gallego llegó a San Francisco donde hoy dirige el grupo de mecánica orbital de uno de los centros de la NASA en la ciudad. Así, desde el Ames Research Center, su grupo se encarga de todas las fases en el desarrollo de una misión espacial. «Dependiendo del caso, damos soporte desde el diseño conceptual hasta el control de misión durante el vuelo, una vez el satélite está en el espacio. Para ello nos valemos de varias herramientas que nos sirven para diseñar trayectorias, optimizar órbitas o por ejemplo calcular el combustible necesario en cada maniobra para que la nave llegue a su destino», sostiene Dono.

Según explica este joven gallego, desde su actual puesto trabaja con proyectos que varían desde órbitas terrestres bajas, utilizadas sobre todo para constelaciones o enjambres de satélites, a misiones interplanetarias a Marte u otros planetas.

«En los últimos años también hemos puesto mucho énfasis en misiones lunares, por ejemplo en el estudio de la estabilidad de las órbitas a baja altitud. De hecho, uno de nuestros proyectos principales ahora es un satélite que irá a bordo del vuelo inaugural del nuevo cohete de la NASA, el SLS, que a su vez inaugurará la serie de misiones Artemis, que pretende llevar de nuevo a personas a la Luna a bordo de la cápsula Orion», cuenta Andrés Dono.

«De alguna manera mi camino se dejó guiar un poco por mi interés por el espacio y la ciencia, a pesar de que siempre me gustaron muchas otras disciplinas como el arte o la historia»

Tras casi nueve años en San Francisco, Andrés Dono cree que, al menos de momento, su futuro continuará en la NASA. Este joven asegura que su grupo está creciendo, lo que le proporciona una oportunidad para seguir aprendiendo y avanzar en su carrera profesional y, con suerte, «contribuir a crear más misiones que nos ayuden a entender el universo y expandir nuestras opciones de exploración en el sistema solar».

El centro Ames de la NASA, situado en las proximidades de la bahía de San Francisco. Foto: Wikipedia

Aunque se encuentra a un océano de distancia, en la ciudad estadounidense con la que en ocasiones se ha comparado la urbe olívica, Andrés tiene presente su tierra todos los días. «Los parecidos más inmediatos son las cuestas, los puentes, los atardeceres, las bahías, y quizás incluso las islas que hay en medio de ambas como San Simón o Alcatraz/Treasure Island. Lástima también del tranvía de Vigo que no se mantuvo, ya que así todavía tendríamos una cosa más en común», subraya Dono.

Además, el carácter cercano de la gente, los alrededores llenos de naturaleza, y esa conexión especial con el océano (al estar las dos ciudades al oeste de todo un continente como América del Norte y Europa respectivamente), son otros de los aspectos que acercan a este joven gallego a su tierra natal, a la que vuelve siempre que tiene ocasión.

Conexión permanente

A pesar de los años que lleva fuera de Galicia, Andrés no ha perdido su conexión con esta tierra, que visita, si puede, un par de veces al año. El contacto con su familia y amigos es frecuente y asegura y agradece a los medios digitales, como Treintayseis, la oportunidad para aquellos que están lejos para estar informados y conectados a lo que sucede en «casa».

Además, este joven se define como un irremediable seguidor del Celta desde pequeño. «Allá donde he estado siempre he seguido la actualidad regularmente e intento no perderme ningún partido, pese al cambio de huso horario. Es curioso, a veces sé que tiempo hace en la ciudad gracias a ver el partido en Balaídos por la televisión y es como un vínculo más», explica.

Dono echa de menos numerosas cosas de su tierra y se considera un afortunado de haber nacido y crecido en Galicia. «Siempre intento hablar de ella y de nuestra cultura e idioma a mis amigos y conocidos». Aunque aún no sabe si la situación sanitaria le permitirá visitar España estas navidades, «me encantaría ver las luces de este año si fuese posible. Suelo regresar casi siempre por Navidad, y en los últimos años anteriores a la pandemia, la verdad que se agradecía el gran y mágico ambiente que se crea en la ciudad por esas fechas».

Sobre si volverá a vivir en Galicia, Dono asegura que no lo descarta. «Pienso que es algo que está siempre en la mente de casi todos los gallegos en la diáspora y como consecuencia a mí también me ocurre. Tenemos ese vínculo especial que nos hace recordarla siempre con ternura, aunque estemos bien en nuestro lugar de destino. Aquí me encuentro a gusto, hay grandes oportunidades, se vive bien también y es una buena experiencia en general, por lo que me gustaría quedarme más tiempo». No obstante, «la morriña se siente a veces como es natural, aprendes a convivir con ella y a valorarla, pero es bonito pensar que en algún momento ocurrirá ese retorno de alguna forma, aunque fuese algo pasajero o hubiese que esperar bastante. La vida siempre acaba por sorprender a uno y eso es también a veces lo bueno, no saber qué va a deparar», añade.

La revolución que viene

Según explica Andrés Dono sobre el futuro de la agencia espacial, cada vez hay más inversión por parte de los países a sus agencias y los programas que se están haciendo «son espectaculares», como el propio Artemis, el telescopio James Webb, o los planes de exploración de Júpiter. La iniciativa privada es ahora mucho más que una realidad, «tenemos compañías que envían ya personas al espacio y tienen grandes planes de incluso llegar algún día a Marte como SpaceX, y otras que también son capaces de producir un mapa casi a tiempo real de la Tierra cada día gracias a las constelaciones de satélites».

Sobre las aplicaciones de las constelaciones en órbitas terrestres, el físico gallego explica que son «muchísimas y la cantidad de datos útiles que generan pueden ayudar a generar soluciones mucho más óptimas, desde ayudar en la limpieza de los océanos o el seguimiento de rutas marítimas hasta el acceso a internet por satélite en cualquier parte del globo o el trasvase de energía desde el espacio, el cual ya está siendo estudiado por la agencia espacial europea como concepto».

«Esto son solo unos pocos ejemplos de ideas a corto o medio plazo. Otras, como una posible base lunar estable donde poder albergar astronautas, tampoco podrían estar tan lejos. Quizás algún día sea tan común ir al espacio, al menos en un vuelo suborbital, como lo es hoy en día comprarse un billete de avión».

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