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Vigo, la fallida moto eléctrica que no logró triunfar

Un revolucionario diseño británico tomó el nombre de la ciudad olívica en el año 2017, la falta de financiación impidió que Vigo llegase a ser una realidad
Vigo, la prometedora (y fallida) 'superbike' eléctrica
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Vigo, la prometedora (y fallida) 'superbike' eléctrica
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Autonomía de 640 kilómetros, máxima velocidad de 290 km/h y aceleración de 0 a 100 km/h en 3.2 segundos. Estas eran las promesas que hacía Timothy Sergeev, el desarrollador de una superbike llamada Vigo, la primera moto 100% eléctrica que aseguraba una autonomía tan alta.

A través de un crowdfunding, Sergeev trató de hacer viable su moto eléctrica, que se vendía a precio reducido para aquellos que decidiesen convertirse en socios y, por lo tanto, mecenas del proyecto. Vigo se vendía por menos de 7.000 euros, un precio espectacularmente competitivo para una eléctrica tan potente, según la prensa especializada.

Los problemas financieros y la falta de patrocinio de socios del sector truncaron el sueño de este joven, que tuvo que rendirse en 2018 sin poder desarrollar el producto. A pesar de que sí logró construir un prototipo, los fondos recaudados por Sergeev nunca fueron suficientes para lanzar la moto Vigo.

El modelo que revolucionaría el mercado

Lo más destacable del modelo Vigo, sin duda, era la potencia de su batería de alta densidad, de 21 kWh, con la que la moto podía rodar hasta 644 kilómetros sin necesidad de ser enchufada. En 2017, cuando se presentó el prototipo, no había vehículos de este tipo que lograsen recorrer distancias tan largas sin cargarse.

Además, la moto requería una carga completa de entre 7 y 12 horas para aprovechar su autonomía máxima, pero habría sido posible realizar una carga rápida de 20 o 30 minutos para circular con ella sin problemas, con la batería cargada al 100%. Su motor, de 120 CV, habría permitido que la moto alcanzase velocidades de hasta 290 km/h, algo poco habitual también en vehículos eléctricos a dos ruedas hace cuatro años.

Su aspecto era espectacular, con un diseño moderno e incluso futurista, en el que aseguraban que fabricarían en fibra de carbono el basculante monobrazo (la pieza que conecta el eje de la rueda trasera con el chasis, y que permite el libre movimiento de la misma).

El prototipo también presentaba una pantalla TFT, una variante de la tecnología LCD que mejora la calidad de la imagen. En ella, se podría ver el nivel de la batería de forma constante, además del velocímetro y el cuentarrevoluciones, y un pequeño espacio quedaría reservado para el GPS.

También estaba previsto que la moto se sincronizase con el teléfono móvil a través de una app, para conocer el estado de carga de la batería u otros aspectos, como el bloqueo a distancia del vehículo.

El ocaso de una marca recién nacida

A pesar de todas las buenas ideas del desarrollador Sergeev, la moto ni siquiera llegó a la fase de pruebas, por lo que no se puede saber si habría funcionado o si alguno de sus componentes habría dado problemas. La promesa era que a finales de 2017 habría un prototipo que podría probarse de forma pública y, en caso de que tuviera éxito, se empezaría a producir en masa en 2019.

La primera moto, con un coste de 300.000 dólares americanos, no se fabricó por la falta de financiación de la empresa, por lo que Vigo no fue nunca una realidad. Las imágenes del vehículo, de hecho, son renders, imágenes creadas por el programa digital de diseño.

A pesar de los muchos intentos que hizo Sergeev para obtener el dinero necesario a través de crowdfunding, micromecenazgos y la búsqueda de patrocinadores profesionales, nunca alcanzó el objetivo económico esperado. Sí llegó a contar con la ayuda profesional de la estadounidense Arrow Electronics, que a principios de 2017 ofreció donar componentes y poner a disposición de Vigo a sus desarrolladores, técnicos y mecánicos.

En 2018, Timothy Sergeev confirmaba que Vigo, la moto eléctrica que auguraba la revolución, se quedaría estancada en su fase de desarrollo.

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